El Prat de LlobregatEl delta del Llobregat le debe mucho a alguien como José García. Conoce todos los pájaros que lo habitan y, sobre todo, los que lo habitaban antes de que el aeropuerto de El Prat les complicara la vida. Pero no solo por eso, sino también por todos los años de lucha que acumula como vicepresidente de la asociación ecologista Depana para proteger un hábitat natural encajonado entre infraestructuras, sin importar que tuviera que marchar hasta Europa para buscar amparo. Lo empieza a conseguir ahora con un primer paso, la renaturalización de Can Sabadell, un espacio protegido que se vio afectado por la última ampliación del aeropuerto.
¿Cómo era Can Sabadell?
— Eran 50 hectáreas de zonas húmedas, íntimamente ligadas al Espacio Natural del Remolar-Filipinas. Todo formaba parte de un conjunto, a banda y banda de la autovía de Castelldefels, que lo partía. En el año 2002, Aena empezó a actuar allí para ubicar servicios en el marco de la primera ampliación del aeropuerto. Se comprometió a proteger una mitad de Can Sabadell y la otra se la cargaron. Ellos lo llaman compensación medioambiental, pero no lo es: es una disminución del impacto que provocan. A pesar de que se comprometieron a proteger una parte, acabaron ocupándola para construir los aparcamientos que ahora se deben desmantelar. Uno de ellos con capacidad para 800 taxis.
¿De qué sirve recuperar este espacio?
— Una renaturalización permite reforzar todo el conjunto de espacios del entorno, como lo es el Remolar. Pasarán a tener un colchón en lugar de zonas ocupadas, lo que permite mejorar las condiciones para las poblaciones de aves y los hábitats. Dará vida y biodiversidad porque habrá más zona de alimentación y menos presión humana.
¿Se han perdido muchos pájaros?
— En el conjunto del delta del Llobregat, hay especies que han visto desaparecer hasta un 80% de las aves. Por ejemplo, del ánade real había unos 3.000 y ahora no llegan al medio millar.
Aena dice que este espacio estaba previamente edificado.
— Una parte sí que lo estaba, había como mucho unas cuatro o cinco hectáreas. Aquí había una gasolinera y aparcamientos de caravanas. Esto ya estaba, pero se comieron otra parte y, como mínimo, lo han de compensar.
¿Y qué pasa después de la última ampliación?
— Aena había prometido que haría muchas actuaciones en el delta del Llobregat, que forma parte de la Red Natura 2000. Pero lo destrozaron. Fuimos recopilando información y la llevábamos a la Comisión Europea. Al principio no conseguimos la respuesta deseada, pero fuimos haciendo trabajo de hormiguita. Siempre digo que ganando se aprende, pero todavía más perdiendo. En 2012 presentamos una queja en Bruselas. Aquí también influyó mucho la victoria de Eurovegas, que unió la oposición que había quedado desmovilizada hacía años. Finalmente, en 2021 la Comisión Europea abrió un procedimiento de infracción por la insuficiente protección del Delta del Llobregat, que, entre otras cosas, les obligó a restaurar el espacio dañado. Ahora se ha empezado la renaturalización, pero van muy poco a poco y les queda la parte más gorda.
¿Cómo se sienten después de haber tardado tanto tiempo en conseguirlo?
— Han sido más de veinte años de lucha. Se podría pensar: "Qué mal para haber tardado tanto". Pero torcerle el brazo a Aena da cierta satisfacción. Sabemos que no es fácil ganar a un gigante como Aena. Creo que es comparable a cuando se han ganado batallas contra empresas químicas o tabaqueras. Es un proceso que ha costado mucho tiempo; pero hemos ganado.
Can Sabadell era una pieza pendiente de la última ampliación y ahora hay una nueva sobre la mesa. ¿Se está acelerando su renaturalización para conseguir de nuevo el visto bueno de Europa?
— Lo habrían hecho de todas formas, pero, si están acelerando y lo están intentando hacer bien, es porque el interés de Aena, del Estado y de la Generalitat es cerrar la queja de la Comisión Europea y este es uno de los puntos fundamentales para poder hacerlo. Ahora bien, otra cosa muy diferente es la nueva ampliación. Esta batalla sigue ahí. Bruselas les ha dicho que, si no consiguen cerrar la queja, no hay permiso para la ampliación. Además, en la anterior ampliación, se invocó el interés público para poder afectar zonas de especial protección para las aves (ZEPA) y lo que la Comisión no acepta es que, habiendo incumplido las compensaciones anteriores, lo vuelvas a invocar.
¿Creen que se cerrará el expediente comunitario?
— Nosotros estamos aquí para que esto no pase. La diferencia respecto a 2002 es que, entonces, Depana prácticamente no pintaba nada. Ahora, tenemos contacto directo con Bruselas. Tenemos una influencia que antes no teníamos. Además, Aena ya tiene antecedentes de haberlo hecho mal. Incluso, solucionando la queja tendrán muchos problemas.
¿Les preocupa el giro hacia la derecha que se está produciendo en Europa?
— Evidentemente, puede tener efectos, pero los técnicos de allí tienen mucha libertad y son menos permeables a la presión política.
¿No son pesimistas?
— Hoy por hoy, no. Es muy complicado modificar las directivas europeas.
¿Qué opinión tienen de alargar la tercera pista?
— Lo que no se puede hacer es liquidar la Ricarda, hija del río Llobregat. Es la única laguna natural que queda en el delta de Llobregat. El resto han sido en gran parte alteradas. La Ricarda tiene unos 300 o 400 años y, durante este tiempo, no ha sido modificada significativamente. Se encuentra una planta casi única como la trencadalla (Kosteletzkya pentacarpa). Hay una variedad de insectos y flora. Y para rehacer un hábitat que se ha destruido, como mínimo, habrá que esperar un centenar de años para conseguirlo. No es viable. Pueden hacer otro hábitat que tenga interés, pero no será el mismo. Por eso, creemos que la última laguna del Delta debe quedarse tal como está.
Hay quien dice que la Ricarda no tiene ningún valor.
— La Ricarda quedó muy tocada sobre todo hídricamente por la ampliación anterior del aeropuerto del Prat. Por eso, una de las obligaciones que tiene Aena es restaurarla. Lo que no puedes hacer es cargarártela y, después, decir que no tiene valor. Bruselas ha determinado que hay que restaurarla y, hasta incluso, la Agencia Catalana del Agua (ACA) está haciendo proyectos para hacerlo. Esto es una de las típicas incongruencias que se producen entre administraciones. Por un lado, hay proyectos para restaurarla y, por otro, los hay para eliminarla.
El proyecto de ampliación prevé una compensación de casi 300 hectáreas protegidas.
— Aquí estamos totalmente de acuerdo, pero para compensar lo que se hizo mal con la última ampliación y todos los hábitats que se perdieron hace más de veinte años. Es una buena propuesta para cerrar la queja de la Comisión, pero no para ampliar el aeropuerto. De esto ya hablaremos más adelante.