Criptomonedas

Mis dos semanas como 'criptoinversora' principiante

Aplicaciones como Coinbase o Binance facilitan mover dinero con estos activos a través del móvil a cambio de comisiones

BarcelonaHay un meme muy recurrente en las redes en el que un chico grita al oído de una chica en una discoteca con los decibelios disparados. Ella hace una mueca entre aburrida y fastidiada mientras aguanta la chapa. Puedo imaginar la misma escena en el que el tema de conversación que el hombre ha escogido para intentar seducirla son sus últimas inversiones en criptomonedas. En el último año, me las he encontrado en todas partes. En cenas en las que un conocido se descubría como adepto a los mandamientos cripto de Elon Musk, en perfiles de Tinder llenos de frases motivacionales sobre la ambición o en anuncios impertinentes en Youtube que prometen hacerme rica en solo un par de clics. La insistencia en las bondades del bitcoin me había convertido en una observadora escéptica que ahora finalmente ha podido vivir de más cerca cómo es esto de llenar la cartera con monedas virtuales.

El periplo inversor empieza con un WhatsApp a la primera persona de mi entorno que me confesó su amor por las criptomonedas. Es una amiga que, a pesar de haber perdido dinero en su apuesta, no desiste y sigue entestada. Me recomienda que como principiante me descargue Coinbase, una plataforma de intercambio de estos activos que se ha hecho grande con el fenómeno y ya cotiza en Wall Street. Todo el proceso de iniciación lo puedo hacer desde el móvil y en unos pocos pasos. Como es habitual en los negocios de internet, los propietarios de Coinbase quieren saber más de mí: si tengo trabajo, en qué sector trabajo, de dónde saldrá mi dinero para invertir y para que usaré los beneficios que en teoría conseguiré a partir de ahora.

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Mi presupuesto es solo de 15 euros y tengo que elegir bien dónde los pongo. Cinco euros tienen que ser para bitcoin, el Santo Grial de todo este movimiento, de esto no tengo ninguna duda. El segundo de la quiniela será ethereum porque recuerdo que me han explicado que su tecnología sirve para hacer contratos inteligentes e imagino que la utilidad suma puntos. Para la tercera me quedo sin argumentos y, sí, me decido por Solana porque suena casi como mi apellido. Pero una vez hechas las transacciones para cambiar mis euros por criptomonedas no tengo 15 sino 12. Tres euros han desaparecido antes de que me ponga a hacer de inversora con las comisiones de 99 céntimos que cobra Coinbase por cada servicio.

Me voy a dormir con un capital de 11,96 euros y me despierto con 50 céntimos menos que ya he recuperado a la hora de comer. La desazón es similar a la que te hacen sentir las redes sociales cuando te reclaman cada pocas horas que vayas a dar un vistazo. Pero en lugar de ver la excursión de alguien que conocí hace ocho años en una noche de fiesta me encuentro con una gráfica que siempre sube y baja. A pesar de los altibajos parece que la tendencia sube y me sitúo en algunos momentos por encima de los 12 euros, cosa que sirve para autoconvencerme de que si no hubiera pagado aquellos tres euros en comisiones ya habría ganado. El espejismo dura unos días. Resulta que BitMart, una casa de cambio que se define como “la de más confianza” para los criptofans, ha sufrido un hackeo y en las últimas siete horas el precio de mis bitcoins se ha hundido más de un 10%. De golpe mi cartera cae a mínimos y vale 9,70 euros. La bajada la observo a tiempo real porque la aplicación me envía notificaciones constantes para avisarme de que, efectivamente, pierdo dinero.

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Diccionario 'cripto'

No puedo hacer nada para evitar que la gráfica de la aplicación siga cayendo, pero me puedo distraer navegando entre los artículos que me recomienda cada día para ampliar mi vocabulario cripto. En este lenguaje no se habla de “mantener” o “aguantar” las inversiones, sino de “holdear”. Esta expresión se usa rodeada de una épica muy masculinizada. “¡Aquí se invierte con cojones! Aquí se holdea. ¿Qué es esto de vender?”, grita en uno de sus vídeos el youtuber español Wall Street Wolverine, que lleva una sudadera con la frase “Fuck tasas”. Si eres un inversor como es debido, no te asustas y retiras el dinero cuando las cosas van mal, viene a decir. Sus vídeos me hacen entrar en una espiral de contenido, casi todo creado por hombres relativamente jóvenes, donde se respira neoliberalismo y pesar hacia el pago de impuestos.

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Cierro las primeras dos semanas como inversora con 10,43 euros en la cartera virtual. Mientras me enseña los porcentajes en rojo, la aplicación me recuerda que en pocas semanas es Navidad y que un puñado de criptomonedas sería un buen regalo para mis amigos y familiares.