Ceuta: una mala gestión que ha derivado en choque interno

BarcelonaPrácticamente un mes después, la crisis de Ceuta no solo está lejos de resolverse, sino que ha derivado en un choque interno inédito dentro del ejecutivo entre Margarita Robles, ministra de Defensa y responsable del CNI, y Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior y encargado de la vigilancia fronteriza. La primera defendió el martes el papel del CNI en toda la crisis y afirmó que sí avisaron verbalmente a la Delegación del gobierno español de un aumento de las entradas de inmigrantes, sin precisar la magnitud, eso sí. El segundo en cambio insiste en que nadie les avisó de lo que les venía sobre el 30 de julio –cuando alrededor de 70.000 personas entraron a Ceuta nadando–, y menos aún por escrito. La Delegación del gobierno en Ceuta incluso hizo el martes un comunicado para desmentir a la ministra, y este miércoles el ministro Ángel Víctor Torres, que ostenta el mando único de la crisis, se ha alineado con Marlaska, y ha dejado así a Robles en una posición muy delicada dentro del ejecutivo. El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, ha intentado quitar hierro a la crisis interna afirmando que "ambos pueden tener razón", pero el daño ya está hecho.

El martes Robles hizo un ejercicio de funambulismo político para salvar el honor del CNI, pero lo cierto es que a estas alturas desconocemos con exactitud qué información tenían los servicios de inteligencia y qué es lo que transmitieron a las autoridades. Por eso es urgente que se convoque la Comisión de Secretos Oficiales y comparezca la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, que recordemos que sustituyó a Paz Esteban tras el escándalo de Pegasus. Si, como parece, el CNI no fue capaz de anticipar la entrada masiva de inmigrantes a pesar de las convocatorias que circulaban por las redes, Casteleiro debería asumir la responsabilidad y poner el cargo a disposición. Y si lo sabían y no transmitieron la información, todavía sería más grave. Y si sí lo hicieron y el ministerio del Interior no tomó ninguna medida, entonces debería ser Grande-Marlaska el que debería dimitir. Sea como sea, hay que depurar las responsabilidades en una crisis que está poniendo contra las cuerdas al gobierno de Pedro Sánchez y debilitando su posicionamiento internacional.

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Por su parte, el PP tampoco está teniendo una actuación mucho mejor en todo esto. Sus llamamientos al retorno expreso de los inmigrantes que quedan en Ceuta es demagoga, porque todo el mundo sabe que la ley no lo permite. Su negativa a acoger menores no acompañados en otras comunidades autónomas perjudica directamente a los ciudadanos de Ceuta, que se ven obligados a cargar ellos solos con el peso de la crisis humanitaria. Y, finalmente, la amenaza del presidente ceutí, Juan Manuel Vivas, de no permitir que se utilicen los polideportivos para acoger inmigrantes es una muestra del peor populismo, que rompe con una trayectoria política hasta ahora ejemplar. Se puede ser muy crítico con la gestión de Pedro Sánchez de la crisis, pero no todo vale para sacarlo de la Moncloa.