El darwinismo de Sánchez
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A menudo se ha entendido mal la teoría de Darwin: según el naturalista inglés, la ley de la selva no es la del más fuerte, sino la del más adaptable. Las especies que triunfan son las que mejor se adaptan a las condiciones ambientales. Esta ha sido precisamente la esencia de la supervivencia política de Pedro Sánchez, a partir de una extraordinaria capacidad pragmática de sacar partido de la aritmética parlamentaria y de las condiciones sociales y económicas de cada momento, sin caer en rigideces ortodoxas.
Del joven social-liberal que quería pactar con el Ciudadanos de Albert Rivera pasó a ligarse a las izquierdas surgidas del 15-M y a los nacionalistas vascos y catalanes, incluidas las fuerzas independentistas que tenían a sus líderes encarcelados o exiliados. Sánchez creció en un entorno jacobino de corte clásico y ha evolucionado hasta hacer bandera de la España plural que ha pasado página al Procés, con los indultos y la amnistía como sus principales gestos; al final, sin embargo, se habrá ahorrado la nueva financiación y el FLA, dos promesas pactadas con ERC. Cataluña, ahora gobernada por el PSC de su amigo y fiel Salvador Illa, se quedará sin el premio millonario. Una oportunidad perdida. Si ganan el PP y Vox, perdida por mucho tiempo.
Porque ahora mismo, las encuestas dan a Sánchez por amortizado. Por perdedor. Ante la prevista bajada, una vez más el líder socialista español ha jugado fuerte al todo o nada. Para huir del conflicto migratorio –un campo de juego proclive a la derecha– y dejar en segundo término la corrupción en el PSOE –el último golpe especialmente letal ha sido la caída en desgracia de Zapatero–, se ha lanzado de lleno a convertir la crisis de la vivienda en su salvavidas, marcando una vez más la frontera entre las dos Españas de siempre: guerracivilismo siglo XXI. También le ha empujado hacia este escenario de confrontación el acoso mediático y judicial al cual le está sometiendo el Estado profundo, a remolque del desbocamiento ideológico de Vox y Ayuso.
Con los enemigos crecidos, Sánchez vuelve a presentar batalla. Y hay quien cree que, si la derrota es dulce, no tirará la toalla y ya se pondrá a pensar en el 2030. Sea como sea, hasta ahora, en medio de pandemias y guerras, su pragmatismo y su gran capacidad de adaptación le han hecho mantenerse en el poder. Y lo han convertido, además, en el último gran pilar de la estancada socialdemocracia europea, y como tal, en el político europeo que más se ha confrontado con el presidente estadounidense, Donald Trump. Su eventual derrota también debilitaría, pues, a una Unión Europea en proceso de asumir la pérdida del amigo americano.
¿Le saldrá bien la nueva pirueta Maricarmen al funambulista Sánchez? No hay duda de que los vientos globales y locales le soplan en contra. Pero no se puede descartar la sorpresa tratándose de un político que se envalentona ante el choque. Y de nuevo, muchas preguntas: ¿La polarización española ha crecido por la izquierdización del sanchismo o es un movimiento global al cual Sánchez se ha adaptado, en un nuevo giro de adaptación darwinista? ¿Qué destino le espera a Sánchez? ¿Qué destino espera a Cataluña y a España? Las respuestas, la noche del 29 de noviembre.