La fallida tregua energética de Trump

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Ataque con drones rusos en Járkov, Ucrania.
12/10/2026 - 22:16 h

El llamado "alto el fuego energético" entre Rusia y Ucrania anunciado por Donald Trump ni siquiera ha llegado a empezar. Cuando el domingo lo intentó imponer, Volodímir Zelenski contestó que no sabía nada pero que lo aceptarían. "Estamos dispuestos a respetar un alto el fuego energético si Rusia está lista para hacer lo mismo", dijo. Al cierre de esta edición Rusia, oficialmente, todavía no ha dicho nada, pero no ha hecho falta. Durante la noche pasada Rusia atacó una central eléctrica en Járkov y una planta de producción de gas y una estación de servicio en Zhitómir, según Kiev.

En realidad, más allá de los ciudadanos ucranianos que ven cómo se acerca el invierno, quien parece más interesado en esta tregua es Donald Trump. Es consciente de que las elecciones de medio mandato se acercan con la inflación por las nubes y el precio del combustible disparado a causa de la guerra de Irán, que él mismo empezó. Por eso acordó con Putin la compra de 300.000 toneladas de diésel ruso, probablemente insuficientes para cambiar la dinámica de precios en los Estados Unidos pero un buen titular antes de las elecciones... y un soplo de aire fresco para la economía rusa. No es extraño que, cuando después de este anuncio Ucrania atacó una planta de exportación de petróleo rusa en Novoshájtinsk, Trump respondiera atacando a Zelenski. "Es el momento de que Ucrania tenga otro presidente", declaró.

Trump ha llegado a señalar a Zelenski como el culpable del encarecimiento global del combustible: "Le dijimos que podía hacer lo que quisiera con Rusia, pero no ataques a las refinerías, porque está causando un problema mundial", dijo. Le puede convenir convertir a Zelenski en un chivo expiatorio, pero es poco probable que lo consiga. En cualquier caso, Europa debe tomar nota de la situación.

La decisión europea de acelerar la fabricación de drones conjuntamente con Ucrania avanza en la línea de garantizar la autonomía defensiva que necesita Europa. Especialmente a raíz de las declaraciones del comandante militar en jefe de la OTAN en Europa, el general Alexus Grynkewich, que ayer explicó cómo cree que debe actuar la Alianza Atlántica ante el ataque a un territorio aliado. "Mi teoría de la victoria es simple: bloquearemos el ataque inicial. Si el ataque persiste, lo neutralizaremos e impediremos el avance del enemigo. Y si es necesario romperemos a las fuerzas enemigas y el sistema operativo de lucha que está desplegado contra nosotros", dijo. O sea: evitaría un contraataque inmediato ante una operación contra un país aliado. "No buscamos infligir una derrota estratégica a nuestro adversario. No nos hace falta. Solo buscamos detener en seco cualquier ataque e impedir que se apoderen de nuestro territorio y lo mantengan", añadió.

Con este contexto el anuncio ayer de la batería de sanciones más amplia que la Unión Europea ha lanzado jamás contra Rusia parece insuficiente. Incorpora cerca de 1.600 nombres vinculados al complejo militar-industrial ruso a la lista de personas y entidades sancionadas, pero llega mientras los Estados Unidos, por otro lado, alivian la economía rusa con la compra de gasóleo. Esta compra, el intento de tregua de Trump, las declaraciones del presidente norteamericano contra Zelenski y las afirmaciones del comandante militar de la OTAN deberían dejar claro a la Unión Europea que no tiene otro remedio que actuar de manera más decidida y cohesionada. Porque, otra vez, no se puede fiar del antiguo socio del otro lado del Atlántico.

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