El frío internacional del Reino Unido
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El contexto internacional no favorece a un Reino Unido que decidió alejarse de la Unión Europea dando un portazo con el Brexit. Su socio más tradicional, los Estados Unidos, ahora es imprevisible y no genera ningún tipo de confianza. La competencia de China, convertida en una superpotencia tecnológica, se acentúa cada vez más en más sectores. Y pocos dudan de que la ambición de la Rusia de Putin va más allá de Ucrania. Además, el Brexit no impulsó la economía británica tal como prometían sus defensores, al contrario: ahora está en recesión. Ante esta situación, la UE puede volver a ser el aliado fiable y próximo que los británicos necesitan y, desde Downing Street, Andy Burnham se lo plantea seriamente. Dar marcha atrás, como mínimo en parte, ya no se ve como un imposible en Londres. Pero ahora es la UE quien tiene la llave ante un posible Breturn.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente francés, Emmanuel Macron; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen; el presidente español, Pedro Sánchez, y la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, han demostrado que no tienen rencor y que ven con buenos ojos una aproximación de la UE y el Reino Unido. Londres todavía pesa en las finanzas mundiales, y su poder militar y nuclear y el asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hacen que sea un aliado atractivo. Con todo, el Breturn que tiene más posibilidades no sería una adhesión como miembro de pleno derecho de la Unión, sino una posible integración en el mercado único europeo. Y aquí es donde está el debate.
Antes del Brexit, el Reino Unido tenía una situación privilegiada en el seno de la Unión, con excepciones hechas a medida. Si ahora, tras el fracaso evidente del Brexit, son los Veintisiete los que tienen la llave para decidir, deberían evitar volver a caer en las concesiones para los británicos. O se integran en la Unión o se integran en el mercado único, con todo lo que implica. Porque el mercado único incluye la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. Este último punto es el que se prevé que sea más polémico en el Reino Unido, porque el debate sobre la inmigración fue decisivo para el Brexit. La UE, sin embargo, debería mantenerse firme y no ceder en este punto. Y, si el retorno va más allá y llega a la adhesión plena, los Veintisiete no se pueden permitir que el Reino Unido frene los avances sociales o la defensa común. La UE ha continuado avanzando sin Londres, y debe poder continuar avanzando como mínimo al mismo ritmo que hasta ahora.
Un posible Breturn puede ser una buena noticia para ambas partes: en el actual contexto internacional, un país aislado pasa frío. Pero para que sea beneficioso se tiene que hacer bien, sin prisas, empezando por acuerdos sectoriales como los que ya se debaten y pueden ayudar a acercar posiciones. Y la Unión debe exigir que el retorno tenga suficiente consenso en el Reino Unido para que sea sólido y estable, que pueda sobrevivir a un cambio de gobierno.