Lecciones de un temporal excepcional

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Vecinos limpiando en Pineda de Mar las afectaciones de las lluvias torrenciales en la zona de la N-2.
04/10/2026 - 20:31 h

BarcelonaEl temporal de lluvia y viento que ha castigado a Cataluña este fin de semana ha dejado imágenes espectaculares de inundaciones, decenas de miles de personas afectadas en un grado o en otro, y un balance provisional de dos muertos y un desaparecido. Los próximos días habrá que afinar en el cálculo de daños y en la gestión de la emergencia, pero de entrada hay dos cosas que ya se pueden afirmar. Los avisos del ES-Alert pueden resultar molestos en algún momento, pero esta vez han demostrado su utilidad. Viendo la magnitud de los caudales que bajaban por rieras y barrancos, no es difícil pensar que sin un aviso generalizado habría habido más víctimas. La ciudadanía, en términos generales, ya ha aprendido a hacer caso de las recomendaciones y actúa en consecuencia.

Ahora bien, una vez más se ha puesto de manifiesto que el país no está, ni de lejos, preparado para afrontar unos episodios que el cambio climático está haciendo cada vez más frecuentes. De hecho, después de un verano con récord de olas de calor y con la temperatura del mar muy por encima de la media, los meteorólogos ya habían avisado de que el otoño sería complicado. Carreteras cortadas, túneles inundados, metros y ferrocarriles parados, aviones cancelados y miles de domicilios particulares y edificios públicos con daños. Cuando la recurrencia de estos fenómenos era menor, quizás era razonable no plantear según qué inversiones para mitigar sus efectos, pero ahora hace falta replantearse muchas cosas. Detener el transporte público tiene un impacto enorme sobre las vidas y tiene un coste también importante para el tejido económico, especialmente en un área metropolitana como la de Barcelona. Sería bueno saber si las obras que se están realizando en estos momentos, por ejemplo la conexión de las dos líneas de FGC o las mejoras de Rodalies, tienen en cuenta el nuevo escenario climático.

Por otra parte, se plantea el mismo dilema que con la dana de Valencia. Estos días descubrimos que hay muchas zonas inundables sobre las cuales se ha construido, y es lícito preguntarse si los mapas actuales de inundabilidad están actualizados o no. Esta es una cuestión espinosa porque los efectos de la emergencia climática coinciden en el tiempo con otra emergencia, la habitacional, que reclama liberar más suelo para construir. La administración es la encargada de conjugar los dos intereses en disputa, de manera que la necesaria aceleración de la planificación urbanística y los permisos de obras no vaya en detrimento de la seguridad de estas construcciones.

La única cosa segura es que nos tendremos que acostumbrar a vivir bajo la amenaza constante de fenómenos meteorológicos extremos, y que todo se tiene que pensar ya desde esta lógica, desde las infraestructuras hasta las viviendas y los cultivos o las industrias. Por eso, la gestión de los efectos del cambio climático no se tiene que enfocar solo como una cuestión de protección civil, sino que tiene que recorrer de manera transversal todas las áreas de las diferentes administraciones que nos gobiernan.

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