Lula frena la ola trumpista en América del Sur
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BarcelonaMás allá de los efectos internos para Brasil, la victoria inesperada de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de este domingo tiene un gran impacto global, ya que supone la primera derrota de la ola reaccionaria impulsada por el trumpismo en América del Sur. En efecto, para Washington Brasil era la pieza de caza mayor en el continente después de haber conseguido victorias en Argentina con Javier Milei, en Chile con José Antonio Kast, en Colombia con Abelardo de la Espriella y en Perú con Keiko Fujimori. El veterano dirigente brasileño ha conseguido no solo una remontada histórica (nunca ningún candidato perdedor en la primera vuelta había ganado), sino que ha roto con una tendencia que parecía imparable.
La situación interna de Brasil continuará siendo delicada porque la extrema derecha controla las cámaras legislativas y porque Trump mantendrá lo que se conoce en portugués como tarifaço (unos aranceles generales del 25% para las exportaciones a los Estados Unidos), pero no hay duda de que la victoria de Lula es también, como ha señalado la Unión Europea, la victoria del multilateralismo y de una visión del mundo no basada en las áreas de influencia sino en la cooperación y los acuerdos comerciales. De hecho, el pasado 1 de mayo entró en vigor el acuerdo entre la UE y el Mercosur, del cual Lula ha sido uno de los principales impulsores.
De momento, Jair Bolsonaro se ha negado a reconocer el resultado electoral y no se puede descartar una reacción violenta por parte de sus seguidores. Pero lo cierto es que el resultado ha sido abrumador: cuatro millones y medio de votos de diferencia entre el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y el del Partido Liberal (PL). Además, Lula ha conseguido mejorar los resultados respecto a hace cuatro años: ha pasado del 50,90% al 51,79%, mientras que Jair Bolsonaro ha bajado respecto a los de su padre, que obtuvo un 49,10% de los votos en 2022: ahora él se ha quedado en un 48,21%. Brasil, sin embargo, sigue siendo un país fuertemente dividido, entre un noreste y unas áreas urbanas más claramente lulistas y un interior y un sur bolsonaristas. La defensa de los servicios públicos y las pensiones, y también un discurso nacionalista contra la interferencia de los Estados Unidos y los magnates que controlan las redes sociales, han sido las claves que explican el resultado.
Ahora habrá que ver si la victoria de Lula es un hecho aislado o representa un cambio de tendencia global, ya que este fin de semana también ha sido derrotado un líder populista de derechas como Aleksandar Vucic en Serbia, igual que antes fue derrotado Viktor Orbán en Hungría. Este martes se celebran unas elecciones en Israel que también pueden tener un fuerte impacto regional y global, pero la gran cita del año son las midterm estadounidenses del 3 de noviembre, que pueden marcar el principio del final del trumpismo. No deja de ser curioso que haya sido un político que está a punto de cumplir 81 años, y que seguramente es la figura más importante de la política sudamericana de las últimas décadas, quien haya infligido esta derrota a otro octogenario como Trump, que ve cómo se desvanece su sueño de controlar todo el continente.