Viajar en solitario o con los hijos: la nueva tribu del turismo catalán
Las estadísticas de divorcios caen, pero los hogares no convencionales ya suman más de un millón en Cataluña. El sector del turismo y el ocio se está adaptando a una demanda específica que huye del modelo familiar tradicional y busca redes de apoyo en el ocio y a la hora de viajar.
El verano en Cataluña se está dibujando con unos colores nuevos. Ya no se trata solo de parejas con hijos o grupos de amigos, una oleada creciente de viajeros solos y familias monoparentales está transformando el sector desde hace tiempo, pero poco a poco. Según datos del Idescat, la realidad demográfica es que ya en 2021 en Cataluña 802.800 personas vivían solas (el 26,4% del total de hogares) y 373.500 eran hogares monoparentales. Son casi 1,2 millones de unidades familiares que buscan una manera diferente de disfrutar de las vacaciones y del ocio, e impulsan un mercado que a escala estatal va creciendo anualmente. Esta eclosión contrasta con una paradoja estadística. Las demandas de disolución matrimonial en Cataluña cayeron un 9,1% en 2025. Pero el dato podría ser engañoso. La caída de la nupcialidad ha pasado de una tasa de 5 matrimonios por cada 1.000 habitantes en los años 90, a un 3,45 registrado en 2024. Y el auge de las parejas de hecho (350.200 hogares en 2021) hace que muchas rupturas queden fuera de los juzgados. Además, factores como la crisis de la vivienda podrían estar frenando los trámites oficiales, pero no la realidad de la separación.Ante este escenario, el sector turístico está evolucionando. Desde la Asociación Catalana de Agencias de Viajes Especializadas (ACAVE), se observa cómo el segmento single y de familias monoparentales ha roto viejos estigmas. Ya no se trata de personas que buscan pareja, sino de viajeros maduros que persiguen una experiencia social, identificarse con un grupo y optimizar costes. Es un mercado especializado donde entre el 60% y el 70% de las reservas las hacen mujeres, un hecho que incluso ha llevado a la creación de productos exclusivos para el público femenino, ya sean viajeras solas o madres con hijos. Un viaje que muestra un cambio de vidaPara un adulto que se enfrenta solo a la crianza, la logística vacacional puede ser una montaña difícil de escalar. Iniciativas como La Tribu, creada por Patricia Moya hace una década, han pasado de ser grupos de Meet-up a redes masivas de apoyo donde el viaje es solo la excusa para "hacer piña". Patricia, que ha gestionado este crecimiento especialmente desde la pandemia, sostiene que el proyecto no nace de la lamentación, sino de la necesidad de normalizar la separación y encontrar manos dispuestas a ayudar cuando hace falta vigilancia o apoyo emocional.Esta nueva cultura viajera requiere un ritmo y un entorno social muy específicos. Por ejemplo, ACAVE destaca que la oferta creciente se centra en grupos pequeños con animadores que mezclan el enfoque cultural con espacios de ocio como parques temáticos. Es lo que Eduard Martín, separado hace un año y medio, buscaba para su hija de 5 años en un espacio como La Tribu: “un entorno donde ella tuviera niños con quien compartir aparte de mí, y yo pudiera disfrutar de pequeños momentos" de descompresión con otros adultos. Para padres como él, el valor añadido de contar con monitores en estancias en la Costa Brava o en Sort permite que, mientras los niños juegan, los adultos pueden socializar de manera humana y orgánica, compartiendo vivencias de un cambio de vida que, a pesar de ser doloroso, se vuelve más ligero en comunidad.“El contacto humano es vital para la salud mental”. Carme Garcia Gomila, médico psicoanalista de la SEP (Sociedad Española de Psicoanálisis), lo apunta citando al reconocido psiquiatra Wilfred Bion, según el cual “los seres humanos no nos juntamos para hacer cosas, sino que hacemos cosas para estar juntos”. Si los padres están tranquilos y bien acompañados, los niños también estarán mejor, y en estos espacios “toda la familia, tanto los niños como los adultos, están cuidados por una entidad más grande que les ayuda a relajarse y favorece, también, la comunicación entre padres e hijos.”A pesar de que el grupo es mixto, Laura, que participa en La Tribu con su hija desde hace años, observa una dinámica curiosa: “De 50 familias, quizá somos 35 madres. A los padres les cuesta más acercarse, pero una vez lo hacen quedan muy integrados”. Eduard lo confirma desde el otro lado: “A veces es más difícil para el adulto que para los niños. Ellos se integran enseguida, pero al adulto le cuesta más dar el paso. Cuando entras, te va súper bien, porque acabas explicando lo que te ha pasado y lo pones en común”.García califica este proceso como “liberador y catártico”, especialmente porque hoy en día la gente está muy sola y las redes más cercanas no siempre saben cómo gestionar una ruptura. “Y si además de hacer viajes, después estos grupos tienen una continuidad, se crean vínculos de amistad entre padres e hijos muy potentes que favorecen mucho su bienestar”. El contacto humano contra la fatiga digitalMás allá del descanso, la finalidad última de estos encuentros es la identificación emocional. Como explica Patricia, se trata de encontrar “familias iguales. Eres tú con tu criatura en una nueva vida y quieres conocer gente en la misma situación”. Quizás por eso, en cuanto al amor romántico, el grupo mantiene un equilibrio delicado. “La gente lo evita bastante, porque ya hay apps para eso y aquí intentan no complicar las cosas”, apunta la organizadora. De hecho, Laura también subraya la importancia de preservar este carácter single para respetar el duelo y las experiencias a menudo difíciles que muchos llevan en la mochila, y priorizar la calidad humana y la ausencia de tecnología por encima de la búsqueda afectivosexual. Esta solidez del modelo es la que lleva a Eduard a considerar que, incluso si tuviera pareja en un futuro, seguiría buscando este formato de viaje porque “aporta un plus que rompe la monotonía” de la familia nuclear tradicional. “Muchos separados huyen de las aplicaciones de citas buscando conexiones más profundas y conocer gente en un entorno más empático que en una app o en una plataforma digital”, explica Carme Garcia, que destaca estos espacios por la posibilidad que ofrecen de establecer un contacto humano más amplio. “En estos espacios de convivencia el fin es más abierto; se puede dar una relación, pero no es el objetivo específico de “ligar” que tenían los viajes de singles de antes”. Además, recuerda que no hay que forzar nuevas relaciones con desesperación, ya que “si un proyecto ha ido mal, puedes estar una temporada solo, con amigos, y ver qué necesitas”. El espejo de los niños En última instancia, este entorno compartido permite que los niños, grandes protagonistas, construyan un espacio donde comprenderse mejor entre iguales y normalizar el hecho de crecer entre dos hogares. Y este es, quizás, el valor más preciado: “crean su propia tribu”, dice Patricia, un espacio donde normalizan la situación de vivir con progenitores separados. Carme Garcia recuerda que, además, estas "tribus" suplen la carencia de las familias extensas de antes, donde se juntaban muchos primos. Ahora las familias son más reducidas, quizás con un par de primos, así que compartir espacios con niños iguales, con padres o madres sin pareja, les hace sentir que han encontrado un espacio propio. Un sector que todavía mira al pasadoA pesar de la madurez de esta demanda, denuncian que el sector hotelero todavía arrastra el lastre del modelo “2+2”. “Por eso muchas familias buscan grupos como nosotros”. Patricia lamenta que muchas familias monoparentales se sientan psicológicamente fuera de lugar en entornos tradicionales donde las tarifas penalizan al progenitor solo con el polémico suplemento individual, o obligando a pagar el precio de un adulto por un niño. ACAVE, por su parte, apunta que algunos establecimientos comienzan a ofrecer facilidades fuera de la temporada alta.El éxito de estas iniciativas demuestra que el turismo del futuro en Cataluña ya no se mide solo en pernoctaciones, sino en la capacidad de generar redes. Un modelo que ha de ser singular y sostenible para adaptarse a una sociedad cada vez menos uniforme y que encuentra en el viaje compartido la mejor herramienta.