¿Tu casa te cuida el cerebro?
Hablamos con la arquitecta Ana Mombiedro, que ofrece algunos consejos sobre cómo construir un hogar beneficioso para nuestra salud
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El poeta Khalil Gibran decía que la casa es nuestro cuerpo más amplio, que crece bajo el sol y duerme en la calma de la noche. Que el hogar no es sino una extensión de nuestro cuerpo lo explica también la neuroarquitectura, una disciplina en plena expansión que demuestra que la luz que recibimos, los sonidos que nos rodean y el orden visual y las texturas de una habitación impactan directamente en nuestras emociones, descanso y salud.
De todo esto habla una arquitecta y referente de la llamada neurociencia del descanso, Ana Mombiedro, que ha publicado Espacios que cuidan tu cerebro (Zenith, 2026). El libro ayuda a comprender cómo el cuerpo interpreta el entorno donde vive y qué pequeños cambios pueden transformar tu hogar en un espacio que también te cuide y sea un refugio físico, mental y emocional.
Para Mombiedro, siempre que una casa cumpla con las normativas vigentes, tiene potencial para hacerle pequeños ajustes que la transformen en lo que denomina un “hogar enriquecido”. Se trata de una vivienda en la cual se tienen en cuenta aspectos como la orientación, la ventilación del aire, el orden, los espacios de socialización y recogimiento y la proximidad con la naturaleza, entre otros.
“Un hogar debe ser fácil de limpiar y ordenar, y debe favorecer la puesta en práctica de tus rutinas diarias”, explica la arquitecta. De esta manera, cada espacio debe tener un significado para nuestro día a día, incluso en lo que respecta a los objetos personales.
Ahora bien, ¿cómo debe ser este hogar? Depende de cada persona, pero también del momento vital en el que esté. Según Mombiedro, no siempre tenemos las mismas necesidades: a veces nos apetece socializar y otras necesitamos estar solos y recogernos. Por eso considera importante que la casa nos ofrezca las dos posibilidades.
Espacios versátiles
La especialista en neurociencia del descanso también reivindica recuperar rituales que se están perdiendo y que nos permiten compartir tiempo con los demás, como invitar gente a cenar a casa y reunir a la familia alrededor de la mesa los domingos. “Forma parte de nuestra salud socioemocional”, señala. Cada cultura, además, tiene sus propios espacios de encuentro. En Finlandia, por ejemplo, la sauna puede tener esta función socializadora. La cuestión es que el hogar nos permita mantener estos vínculos, sin olvidar la necesidad de disponer de un rincón de recogimiento.
Y no hace falta necesariamente que este rincón sea el dormitorio ni tampoco que haya muchos metros cuadrados disponibles. Basta con un espacio para poner una butaca u otro elemento cómodo donde poder retirarte. Según Mombiedro, es posible encontrar espacios así incluso en pisos pequeños. “Con recursos sencillos como la utilización de espejos, el aprovechamiento de ventanas con vistas al exterior y una distribución bien pensada del mobiliario se puede encontrar la manera de crear este espacio tan necesario para el bienestar”, asegura la arquitecta.
Otro de los elementos fundamentales es la iluminación. A menudo no le damos suficiente importancia, pero nuestro cuerpo funciona siguiendo los ritmos circadianos, que nos ayudan a situarnos en el ciclo del día y la noche. “Lo más sano sería despertarse con la luz del alba, igual que ir a dormir con la luz del atardecer”, explica. Se trata, en definitiva, de acompañar los ritmos naturales del cuerpo también desde casa.
La neuroarquitectura también insiste en la importancia de vivir cerca de la naturaleza. ¿Pero qué pasa si vivimos en medio de la ciudad y no tenemos al alcance un bosque ni un jardín? En estos casos, Mombiedro propone aprovechar las ventanas para poner plantas e incorporar vegetación a los espacios interiores. “Hay plantas muy fáciles de cuidar, y algunas pueden crecer permanentemente en agua, sin necesidad de tierra”, remarca.
Aunque los beneficios del contacto con la naturaleza han sido objeto de estudio durante décadas, no hace falta tener plantas de verdad para incorporarlas a casa. “También se puede conseguir a través de papeles pintados con motivos vegetales u otros elementos decorativos que evoquen formas naturales”, continúa. Mombiedro recomienda, especialmente, los diseños irregulares, que recuerden a la naturaleza, en lugar de los estampados geométricos.
Al fin y al cabo, no se trata de tener una casa perfecta ni de hacer grandes reformas, sino de tomar conciencia de cómo nos afecta el espacio donde vivimos y de qué pequeñas modificaciones nos pueden ayudar a sentirnos mejor. Y, si no sabemos por dónde empezar, Mombiedro lo tiene claro: “Consultad a los arquitectos, que son los que saben, porque siempre se puede encontrar una solución a cada caso”, concluye.