Judit Mascó: "Ir de diva me cansa mucho"
Modelo y presentadora
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Lo más habitual es que los invitados se incomoden un poco cuando se les tiene que hacer la fotografía. Siempre preguntan algo: ¿Así? ¿Seguro? ¿O me coloco diferente? Judit Mascó, en cambio, no necesita indicaciones. Ella misma explica que su profesión es jugar a seducir a la cámara. Pero, en cambio, resta importancia a la foto que lleva en el WhatsApp. Dice que sus hijas se horrorizan de que no la cambie, porque ya es antigua, pero ella no piensa en ello. Acompaña la imagen con una frase, un principio budista: deja que el río fluya.
¿Debemos fluir?
— La vida es movimiento. Me relaja pensar que todo fluye y que debo ir en la dirección en la que va el río. Un ejemplo es mi propia vida, yo no la he planificado. Me he dejado llevar... El otro día hablábamos de ello en casa, y mi marido decía que somos como Tarzán.
¿Tarzán?
— Ay, todavía lo pondrás de titular y me muero de vergüenza. Pero de alguna manera una liana te lleva a la otra y así vas haciendo, como dice el principio budista del río.
Los guapos saben que son guapos, ¿no?
— Desde que tengo conciencia de entender las cosas, lo que yo he oído ha sido: qué mona esta niña, podría hacer anuncios. Siempre he oído comentarios. Pero en la preadolescencia yo no quería destacar, y no me gustaba ser alta, incluso los labios me parecían demasiado carnosos. Tengo fotos de aquella época haciendo expresiones raras para que no se vieran. Y después empecé a trabajar de modelo, y resultó que no era muy alta y las cosas que no me gustaban pasaron a ser un valor en alza.
¿Es un privilegio o una dictadura?
— Es un privilegio si lo sabes utilizar bien. Yo lo he usado para trabajar.
Y se puede ser guapa e inteligente.
— Claro. Y se puede ser fea y estúpida y burra, también, ¿sabes? O sea, se puede ser todo.
¿Para alguien que vive de lo físico, el paso del tiempo es más difícil?
— Es que ser modelo es tu imagen. A mí me gusta verme perfecta e intento luchar... Fíjate qué verbo, luchar. Soy consciente de las arrugas que me salen, y las miro, sí, lo hago. Y no es fácil de aceptar. Pero pongo mucho de mi parte para utilizar la cabeza y decir: ¿dónde está el problema? Continuo trabajando con mi cara real.
Real…
— No intervenida. ¡Y continúo trabajando de modelo! No solo eso, trabajo con marcas de cosmética. Por eso les he dicho: no diré antiaging y cosas así. Antiaging es como antiedad… y eso querría decir estar muerta. Y quiero estar bien viva. Y dar la mejor versión de mí con la edad que tengo. Eso de la belleza... No lo sé, las cosas son como son. Yo soy mis genes, me han parido así. No tengo mucho mérito.
O sea que encima ¿ni siquiera te has tenido que esforzar?
— Sí, me he esforzado mucho. Una cosa es el chasis –que yo lo llevo puesto–, pero este trabajo es durísimo. Entiendo que no se entienda, pero si vinierais a un rodaje lo sabríais. Y también es duro por la parte mental. Desde muy pequeña oyes juicios sobre tu físico y hablan de ti como si no estuvieras. Ahora hablamos de las redes sociales. Lo más parecido a esta presión que viven ahora las adolescentes es la de las modelos en sus inicios.
Viviste la época de las top models y la Linda Evangelista diciendo que por menos de 10.000 euros no salía de la cama.
— Me parece poco ético, pero he de reconocer que dijo una verdad. Pero no se dice de la manera en que lo dijo. No era mi caso.
¿Conoces a Claudia Schiffer, Cindy Crawford o Naomi Campbell, de quienes se han escrito muchas cosas. ¿Tiene tan mal carácter?
— Conmigo siempre fue muy buena compañera. Lo que pasa es que tiene muy mal carácter cuando se le cruzan las cosas. Yo, en cambio, siempre he sido paciente en el trabajo. Me gusta hacer equipo. También porque ir de diva me cansa mucho. A ella no, le gusta porque es una diva.
¿Cómo le pudiste decir que no a Keanu Reeves?
— No le dije que no. Dicho así suena muy pedante, yo dije que no a una propuesta de guion para una película.
Pero podrías haber sido la coprotagonista de una película en Hollywood...
— Soy profesional y ya había hecho dos películas. Me gustó mucho, pero la técnica y la esencia de ser actriz no la tengo. Y fui consciente de que si lo quería hacer me tenía que preparar mucho y hacer una apuesta. Y ya estaba trabajando en el ámbito internacional haciendo campañas como modelo. Pensé: no mezcles cosas, haz bien lo que sabes hacer.
Hace poco publicabas una fotografía donde celebrabas tu cumpleaños y el de tu madre. ¿Te angustia el paso del tiempo en ellos?
— Tengo bastante conciencia de la vida y de la muerte. Cuando la gente mayor habla de sus sensaciones y de lo que les pasa, no les digo: no digas eso. Los escucho. A mí lo que me interesa es qué hago con el tiempo, el que me queda a mí y el que me queda con ellos, la pareja y las hijas, que también se nos hacen mayores. Por eso he frenado mucho el tema de las redes. Estoy supersaturada. Ya no me interesa la tontería ni los chupópteros, personas que te quitan energía, a quienes interesas por un determinado resultado. Para mí, la felicidad ahora es ir a menos. Eso me está haciendo muy feliz. También estoy durmiendo mejor, que con la menopausia estaba durmiendo fatal.
También te ayudó a frenar una lesión: te rompiste el tendón de Aquiles.
— Mira qué cicatriz tengo. Esto de la lesión ha sido interesante porque me ha obligado a detenerme. Lo tuve que anular todo y fue como olvidarme de mí misma como personaje. De repente dormía mejor porque no tenía preocupaciones, expectativas. Y ahora estoy disfrutando de la calma, y pienso que me lo merezco, qué quieres que te diga.
Te conociste con tu pareja un 11 de septiembre. ¡Cuánta patria!
— E hice una broma en Catalunya Ràdio diciendo que consumamos un 23 de abril, para hacerlo todo más catalán, ¡y no se entendió que era broma! Han hecho noticia de ello en varios lugares, y una vez sale escrito, ya se convierte en realidad. Era una broma, pero no lo sé, algunos no tienen sentido del humor.
Lleváis 33 años casados. ¿Hay algún secreto?
— Quizás en mi caso lo más importante es que fuimos amigos antes de salir. Y es importante que me cae bien, me apetece salir con él, como pasa con la amistad auténtica. Por suerte, la vida no nos ha ido separando, que a veces pasa.
¿De qué estás orgullosa?
— Hay una imagen, cuando vamos por la calle con mis hijas, y en un momento dado ellas van un poco más adelante y las veo de espaldas... Me emociona. Porque pienso; si yo ahora desaparezco del mundo porque me pasa alguna cosa, ya habrá valido la pena.