Cabaret Pop

Todas las pequeñas historias de la visita del Papa

Sofía abre una nueva era protocolaria a los 87 años, Cristina reclama rosarios extras y Leticia y la Valentina brillan más que la torre de Jesús

13/06/2026

BarcelonaEscribo estas líneas mientras el Santo Padre circula todavía por el estado español. Llegó el sábado 6 de junio, cuando aterrizó en Madrid, y se ha ido este viernes desde las islas Canarias. Entremig ha estado en Cataluña, donde ha protagonizado una serie de momentos que quedarán para la historia, ya que por más que los agnósticos nos queramos convencer de que es solo un jefe de estado como cualquier otro, el poder mediático que tiene es muy superior al de la mayoría de jefes de estado, cosa que le confiere un poder extra en materia de soft power. A él y también a quien lo recibe, si le sabe vender bien sus argumentos.

Es por todo esto que ni en el centro de España ni tampoco en casa nuestra, nadie se ha querido perder la foto con León XIV, ya que salvo en algunos ámbitos muy particulares, una imagen con él suma más que no resta. Políticos, empresarios y toda clase de figuras de la sociedad civil se han acercado en la misma medida que los medios. Y detrás de todos ellos, influencers de todo tipo y personas de la calle que no han podido resistirse al momento fan. De hecho, a los que pudimos vivir la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia desde dentro no nos quedó ninguna duda de la pasión que Robert Prevost levanta entre una enorme cantidad de gente, una multitud que llegó a esperar hasta tres horas para verlo unos minutos en vivo cuando salió fuera de la basílica para hacer la bendición. Una multitud, por cierto, mucho más diversa de lo que nos solemos imaginar los que no formamos parte de ella.

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'Dentro pero fuera'

Unos de los principales coprotagonistas de la visita papal han sido los diversos miembros de la familia real y otros satélites de la institución, a excepción del rey Juan Carlos, que no ha hecho acto de aparición. De hecho, después de la vida que sabemos que ha llevado ha sido mejor así, ya que esta se puede calificar de cualquier manera menos de católica y –me atrevería a decir incluso que– de cristiana. Una de las grandes bendecidas por la visita del pontífice ha sido, como siempre pasa, la reina Letizia. La historia le ha dado un privilegio que es poder ir vestida de blanco cuando todo el mundo ha de ir vestido oscuro, y esto la ha hecho brillar especialmente en sus apariciones públicas al lado del Santo Padre. Pese a formar parte del juego porque no puede no hacerlo, la reina ha sabido marcar distancias con los mensajes encriptados que envía a través de la moda.

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Para sus tres citas llevó dos vestidos reutilizados de otras ocasiones, cosa que es completamente normal en nuestras vidas pero que, en su rango, es poco habitual y se debe aplaudir, ya que envía un mensaje contra el sobreconsumo en moda, una plaga de nuestros tiempos. Al no haber estrenado vestimenta para una cita así pocas otras se habrían atrevido, ya que en su liga siempre juegan a dejar fotos únicas para la posteridad. De ella, dos de las tres, ya las habíamos visto... Pero si quiere ser una reina cercana al pueblo, las prioridades deben ser otras. Y ella no lo pierde de vista nunca, a diferencia de tantos otros miembros de su familia política. Tampoco se ha puesto ni mantilla ni peineta, cosa que a tantos personajes del ala más conservadora y españolista de los monárquicos siempre les haría mucha ilusión.

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También la iluminó la pregunta que le hizo Valentina, la niña con discapacidad visual que les describió al Papa, a los reyes y a los políticos que les acompañaban cómo era la torre que el miércoles por la tarde se bendecía a través de tocar una maqueta. En un pequeño momento de confusión, la niña le preguntó a Letizia quién era, y ella le contestó con un "La reina, encantada". Una frase cercana que rompió con la frialdad protocolaria tan propia de este tipo de actos. A la hora de despedirse, Valentina la había sentido tan cercana que le dijo "Gracias, Letizia", cosa que corrigió posteriormente con un "Su Majestad". El equívoco fue solo un detalle porque todos los presentes ya se habían enamorado de su historia. Los titulares que ha acaparado Valentina y su ejemplo son oro para las personas que, como ella, sufren discapacidad visual.

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Bien acompañados

También hay que hablar de lo importante que ha sido la visibilización que ha supuesto para el colectivo LGBTIQ+ que Jaume Collboni acudiera a la misa de la Sagrada Familia de la mano de su compañero. El mensaje es de alcance global y potentísimo. Una ocasión única muy bien aprovechada. También la del vicepresidente de la Generalitat, Albert Dalmau, que acudió con su marido a la vigilia de oración del Estadio Olímpico igual que el resto de miembros heterosexuales del Govern acudieron con sus parejas. Hay que ocupar espacios para que la gente que todavía es víctima de prejuicios entienda que los miembros del colectivo LGBTIQ+ no son ciudadanos de segunda. Normalización en terreno hostil. Un éxito. Un gol, si me lo permiten.

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Incluso las comidas del jefe de la Iglesia católica se han hecho un hueco estos días en los medios, que han contado con generosas audiencias quizás impulsadas por la necesidad que teníamos ya todos juntos de ver algo en la televisión que no fuera Donald Trump acabando con lo que queda de mundo. Lo que más fortuna ha hecho ha sido el menú que el clasiquísimo restaurante Lhardy le sirvió en el Palacio Episcopal de Madrid para hacerle un repaso de la geografía gastronómica de –casi, porque Cataluña no estaba...– todo el Estado. Croquetas de cocido,ensaladilla rusa, gazpacho, centollo de Galicia, pescados del Cantábrico, gambas de Motril o el jamón ibérico de Huelva marcaron la lista de sólidos. Entre los líquidos, destacaron vinos de dos denominaciones de origen de León: DO Bierzo y DO León.

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Pero, hablando de símbolos clásicos, también destacable ha sido la presencia de la reina Sofía en la sede de la nunciatura, donde se alojaba León XIV durante la estancia en Madrid, acompañada de sus dos hijas y parte de la descendencia de estas. Del vídeo que se publicó, han sido muy notorias diversas cuestiones. La primera es que Sofía –pese a ser griega y ortodoxa– es una de las siete mujeres del mundo que pueden ir de blanco ante el papa, derecho que ella –que ya lleva siete papas en el CV...– ejerció nuevamente. Curioso fue que lo hizo no con una falda por debajo de las rodillas, como dice el protocolo, sino con unos pantalones. Dicen que es la primera reina de la historia que acude a una recepción con el papa con pantalones. No habría apostado ni un euro a que sería precisamente la última gran royal de Europa quien iniciaría una nueva era protocolaria con 87 años. ¿Empoderamiento feminista? Más vale tarde que nunca.

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La infanta Elena acudió acompañada de su hija, la influencer y concursante televisiva Victoria Federica. Cristina asistió con Pablo y Miguel, dos de sus cuatro hijos. Para dar conversación al pobre pontífice, que después de tantos días socializando ya debía estar agotado mentalmente y no decía mucho, Sofía le dijo que faltaban dos hijos de Cristina (Juan e Irene, el mayor y la pequeña). Es gracioso notar que de todos los presentes nadie mencionó que también faltaba Froilán. De este vídeo también ha hecho fortuna el reparto de rosarios que el Santo Padre hizo en aquella salita. Dio uno a cada uno menos a Sofía, a quien dio dos, uno de cada color –unos eran para los hombres y los otros para las mujeres–, imaginemos para que se lo dé a su todavía marido si alguna vez vuelven a coincidir. La mejor de todas las reacciones fue la de Cristina, que –se oye en el vídeo original– le reclamó rosarios al pontífice para los tres nietos que no han ido. Encima que no van... ¿Esto de no tener ninguna pena para pedir debe ser hereditario? Me pregunto qué habría sido de todos ellos en esta visita si su madre ya no estuviera...