El conductor de autobús que se ganó el favor de Chávez

En Navidad, Maduro pedía paz a Trump sin saber que probablemente se estaba comiendo las últimas hallacas caseras

04/01/2026

BogotáEl 24 de diciembre por la noche, Maduro se comió las últimas hallacas caseras, plato tradicional navideño venezolano. Nicolás Maduro, según fuentes de la Casa Blanca y el propio Donald Trump, no volverá a poner los pies en el palacio de Miraflores y se sentará en la bancada de los acusados ​​–en un tribunal estadounidense– para responder a las acusaciones que se le caen por tráfico de narcóticos. Esta semana, el ahora depuesto máximo mandatario, describía desde el complejo presidencial en una entrevista para la televisión pública venezolana la última conversación con el homólogo de Washington: "Creo que la conversación fue agradable pero los acontecimientos posteriores a la conversación no han sido agradables". Un camino de casi 14 años que, con la entrada de Trump, han llevado de forma acelerada al líder venezolano a caer en manos de una presunta operación quirúrgica del Pentágono.

No se sabe muy bien dónde empieza la historia de Nicolás Maduro: las lenguas envenenadas dicen que nació al otro lado de la frontera, en Colombia, pero la biografía oficial asegura que fue en Caracas, en una familia de clase media. Empezó su trayectoria política de adolescente en la Liga Socialista y más tarde entró a trabajar como conductor de transporte público en Caracas. Allí empezaron las trifulcas sindicales, el ideario de izquierdas y las marchas contra los gobiernos de entonces. Una de las aportaciones más estelares fue ayudar a su padre ideológico, Hugo Chávez, a orquestar un golpe de estado –que terminó siendo frustrado– gracias a sus conocimientos sobre los túneles del metro de Caracas.

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Maduro, que nunca pisó la cárcel, ya intentaba poner los pies –a finales de los 90– en las altas esferas chavistas y moría por salir a las fotografías con Hugo Chávez. Pese a no conseguir representar un peso en los círculos chavistas, en 1998 –con la entrada de Chávez en el poder– Maduro empezó su camino como diputado y sumó sinergias a la hora de construir las infraestructuras de partido y estatales que vendrían.

Fiel a su jefe, de ademán serio y de palabras justas, no le querían cerca del entonces presidente venezolano. De hecho, no le permitieron ni felicitar en primera persona a Hugo Chávez cuando se impuso a las elecciones del 98. Pero como hombre de partido y luchador desde las bases a decenas de comisiones, escaló hasta ser nombrado en el año 2005 presidente de la Asamblea Nacional. Ministro de Exteriores un año después, montó la arquitectura de la actual política exterior venezolana con un claro mapa: China y Rusia eran los principales aliados; Israel y Estados Unidos, los enemigos.

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Presidente de hierro

Nicolás Maduro, nombrado vicepresidente en el 2012, tenía todas las de ganar cuando Hugo Chávez fue diagnosticado de cáncer. A la sombra del entonces presidente venezolano, bajo tratamiento en Cuba, se encontraba un hombre técnico, habitual en segundo plano y de perfil emergente. Un año después, mientras las calles lloraban la muerte de su presidente, el chavismo le señaló como sucesor provisional. Meses después, ya como candidato presidencial, fue elegido máximo mandatario por un margen que hoy sigue siendo fruto de debate por su contrincante, Henrique Capriles, y se aficionó a gobernar a decretazo bajo un omnipresente retrato del comandante Chávez.

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La primera ola de protestas la vivió en el 2014: meses de represión, detenidos y muertos. Su mandato ha estado marcado por la crisis económica, la caída dramática de la producción petrolera y una hiperinflación que cronificó la escasez de productos básicos. Por tanto, la migración masiva de millones de venezolanos hacia otros países ha sido un hecho durante más de una década bajo su figura.

En cuanto a la oposición política: prisión o exilio. Nombres propios como Leopoldo López, Juan Guaidó o María Corina Machado han hecho las maletas, aunque la última lo hizo para recibir el Nobel de la Paz en Estocolmo. El último opositor –nombrado por Machado–, Edmundo González, intentó expulsarle del poder mediante unos resultados electorales que hoy todavía no han visto la luz de forma oficial. Y esto le hizo perder a Maduro otro pedazo de la escasa legitimidad que tenía en todo el mundo.

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Por eso, Nicolás Maduro Moro esta Navidad le pidió "paz" o "no a la guerra" a Trump por enésima vez. Pero el mandatario estadounidense ha sido breve en su respuesta: el siguiente capítulo de Maduro tendrá lugar en los tribunales.