Flávio Bolsonaro, el primogénito hecho a imagen y semejanza del padre

El hijo mayor del clan Bolsonaro hace 24 años que ocupa cargos electos y toda su vida pública ha estado salpicada por acusaciones de corrupción y escándalos financieros

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Flávio Bolsonaro en un acto electoral en Guarulhos este jueves.
26/10/2026 - 07:47 h

São PauloEl plan familiar del expresidente Jair Bolsonaro, encarcelado por intento de golpe de estado, era que todo su clan viviera parasitariamente de la política. Su primogénito, Flávio, de 45 años y hasta ahora senador, fue quien abrió el camino a sus otros tres hermanos. Él, sin embargo, es quien ha llegado más lejos optando a la presidencia de Brasil.

Ideológicamente, Flávio Bolsonaro repite la cartilla extremista y golpista del padre, que incluye la exaltación del golpe de estado de 1964 y de los peores torturadores de las dos décadas de dictadura militar. También defiende a los paramilitares en Río de Janeiro, los temidos milicianos, a quienes la familia Bolsonaro ha dado voz y cobertura política, y fueron su primera base electoral en la zona oeste de la capital carioca.

Empujado por su padre, que era diputado federal, Flávio comenzó una trayectoria pública en 2002, con 21 años, cuando fue elegido diputado regional en Río de Janeiro, donde terminó cumpliendo cuatro mandatos. Durante estos dieciséis años, la defensa de la policía carioca —una de las más letales del mundo—, los homenajes a paramilitares y las cuestiones de seguridad pública fueron su bandera electoral. Fue acusado de practicar rachadinhas, es decir, de desviar fondos públicos para pagar al equipo de asesores de su gabinete (un caso archivado cuando su padre estaba en la presidencia). Entre los asesores había familiares del paramilitar y sicario Adriano da Nóbrega, asesinado por la policía en extrañas circunstancias mientras Jair Bolsonaro estaba en el poder, y que habría estado vinculado con la ejecución de la concejala Marielle Franco en marzo de 2018, convertida en un símbolo nacional antifascista y de la defensa de la democracia.

En 2016 Flávio Bolsonaro fue candidato a la alcaldía de Río, pero quedó en cuarta posición, con solo 424.307 votos, un 14% del total. Así que, dos años después, aprovechando la primera ola extremista que llevó a su padre a la presidencia, dio el salto a Brasilia como el senador más votado del estado de Río de Janeiro.

Asesor en la sombra

Durante los cuatro años de Bolsonaro padre en el Palácio do Planalto, ejerció como asesor en la sombra, una especie de ministro sin cartera con tentáculos largos y un gran poder de influencia. Participaba en algunos consejos de ministros y gestionaba la articulación con el poder legislativo y el mundo empresarial, alineado por completo con la extrema derecha.

Licenciado en derecho —es el único hijo de Jair Bolsonaro con carrera universitaria—, ha compaginado la vida política con el ejercicio de la profesión de abogado en un bufete de su propiedad donde ha defendido a policías, como por ejemplo al acusado de matar con un disparo de fusil en el pecho a una niña de cinco años en una favela. El caso ha vuelto a tener repercusión en los últimos días.

Acusado de desvío de fondos públicos, el primogénito de Bolsonaro siempre ha salido indemne judicialmente. Ahora está implicado en el macro caso de corrupción del Banco Master, ya liquidado por el Banco Central. Hay grabaciones de él donde pedía 24 millones de dólares para financiar un biopic sobre su padre, aunque la Policía Federal considera que los fondos tenían un destino oculto.

Durante la campaña electoral, han salido a la luz los vínculos empresariales de Flávio con su amigo, el abogado Willer Tomaz, investigado por haber participado en un caso de corrupción en la Seguridad Social y por un supuesto delito de blanqueo de capitales vinculado a las apuestas en línea, donde habría movido unos 870 millones de euros en 2025.

A pesar de este panorama sombrío, su padre, ya condenado y encarcelado, lo eligió como candidato a las presidenciales con el objetivo final, no de ganar, sino de que el clan familiar mantuviera el monopolio de la extrema derecha.

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