El petróleo de las Malvinas desata una nueva batalla entre Buenos Aires y Londres

Javier Milei recurre al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para frenar el proyecto de explotación Sea Lion, que prevé ponerse en marcha en 2028

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Un barco navega por la bahía de Yorke, en las islas Malvinas.
19/10/2026 - 07:04 h

LondresCuando parecía que el episodio del Mundial de fútbol en el que, después de la semifinal entre Argentina e Inglaterra, los jugadores de la albiceleste exhibieron una pancarta con la inscripción "Las Malvinas son argentinas" había quedado enterrado en las hemerotecas, Londres y Buenos Aires han vuelto a la gresca a cuenta del archipiélago. En esta ocasión, a causa de sus recursos energéticos.

El gobierno argentino ha denunciado esta semana al Reino Unido ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, por conceder permisos a dos compañías petroleras para perforar el yacimiento conocido como Sea Lion, en la cuenca norte de las islas, a unos 220 kilómetros de la costa. Los hidrocarburos del Sea Lion añaden un incentivo material a un conflicto histórico que se remonta a 1833.

El gobierno de Milei quiere detener su explotación. El proyecto, que prevé extraer 180.000 barriles diarios en el momento de máxima producción, en 2030, es impulsado por la compañía israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration. La Casa Rosada considera que esta actividad y las licencias emitidas por Londres son ilegales. Downing Street, en cambio, defiende su legalidad. Todo ello culmina un periodo de tensión creciente que se arrastra desde principios de septiembre alrededor del territorio, habitado por unos 3.600 malvinenses. Este territorio fue el escenario, en 1982, de la guerra entre la Argentina de la dictadura militar de Leopoldo Galtierii y el gobierno conservador de Margaret Thatcher.

Entre los movimientos de ajedrez que ha habido últimamente, a principios de octubre se llevaron a cabo unos ejercicios militares que no se habían anunciado previamente, según ha revelado The Times esta semana. En ellos tomaron parte unos 150 paracaidistas británicos y un grupo de reservistas locales. El objetivo de las maniobras era reconquistar las islas tras una hipotética invasión argentina: el mismo escenario de 1982, que terminó en un conflicto bélico de setenta y cuatro días y la muerte de 907 personas.

Puerta de la Antártida

Para reafirmar la voluntad de los isleños de continuar bajo la Union Jack y recordar los vínculos con Londres, el presidente de la asamblea legislativa, Jack Ford, ha visitado el Reino Unido durante las últimas dos semanas. También ha mantenido contactos tanto con cargos del gobierno como con dirigentes tories: "La presión creciente que Argentina ejerce sobre nosotros es del todo indeseada", dijo el miércoles en el programa Today, de BBC4. "El gobierno [de Andy Burnham] ha afirmado reiteradamente que no está dispuesto a hablar de soberanía mientras los habitantes de las islas quieran continuar siendo británicos, y no vemos que esto deba cambiar en un futuro próximo. Somos británicos y lo continuaremos siendo".

En 2013, los malvinensescelebraron un referéndum sobre esta cuestión y solo tres votos, de los 1.518 emitidos, rechazaron la condición actual de territorio de ultramar del Reino Unido. Con esta premisa como bandera, está claro que Londres no piensa abandonarlos a su suerte. El lunes 12 de octubre, el primer ministro, Andy Burnham, aseguró en el Palacio de Westminster que hará "todo lo que sea necesario" para mantener las islas Malvinas bajo soberanía británica. Una declaración que hizo a raíz de la acusación de los isleños de que Argentina está adoptando una actitud de "intimidación militar" contra el territorio.

Los jugadores argentinos sosteniendo una pancarta que proclama las islas Malvinas como parte del territorio.

En la Cámara de los Comunes, Burnham también explicó que había planteado la cuestión de la soberanía al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, recordándole la "voluntad clara y expresa de los habitantes de las islas de continuar siendo británicos". Burnham ya había hecho referencia a esta cuestión en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, a finales de septiembre. En el mismo foro, sin embargo, Javier Milei fue más beligerante que de costumbre y recordó la reivindicación histórica de su país sobre las Malvinas.

La referencia de Burnham a Trump en la Cámara de los Comunes no era en vano. A principios de septiembre, el presidente de los Estados Unidos, que tiene como gran aliado a Javier Milei en una América del Sur cada vez más a la derecha, insinuó que podría revisar la posición tradicionalmente neutral de los Estados Unidos sobre el conflicto. De rebote, Trump aprovechó la disputa para presionar a Londres por sus diferencias sobre Irán.

Aunque Washington mantiene formalmente la neutralidad sobre la soberanía de las islas, en 1982 los EE. UU. de Ronald Reagan ofrecieron un amplio apoyo logístico a la Dama de Hierro. Este hecho evidenció el peso de los intereses geoestratégicos en este conflicto, que ahora se han multiplicado exponencialmente.

Este ha sido otro de los mensajes que Jack Ford ha dejado en la capital británica y que ayuda a entender el repunte de la tensión entre Downing Street y la Casa Rosada. El presidente de la asamblea legislativa de las Malvinas ha recordado a la BBC que "la presencia en el sur del Atlántico también conlleva una serie de ventajas para el gobierno [de Londres]. No se trata solo de las Malvinas. También hay otros territorios británicos de ultramar: Georgia del Sur, las islas Sandwich del Sur y el Territorio Antártico Británico. Es una ubicación de importancia estratégica, y la presencia en esta zona ofrece ventajas a las fuerzas armadas".

Esta importancia estratégica radica en el hecho de que las Malvinas son la puerta de la Antártida y una base idónea para la futura explotación de los recursos naturales de la región. Mantener la Union Jack en Port Stanley, capital de las islas, supone garantizar la presencia en la región y la posibilidad de beneficiarse de ella a largo plazo.

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