De ama de casa a actriz porno a los 70 años: una salida para mujeres mayores en Japón
La historia de Miyoko Seto evidencia las dificultades sociales y económicas de las mujeres que han dedicado la vida a la familia
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TokioA sus 75 años, Miyoko Seto no se plantea jubilarse. “Me gustaría poder seguir trabajando hasta los 80 años”, explica esta actriz japonesa de cine para adultos, que debutó en la industria a los 70 años, después de pasar décadas dedicada a la familia. Hasta entonces había sido ama de casa, pero, cuando intentó encontrar trabajo tras su segundo divorcio, se encontró con una barrera que le cerraba las puertas incluso antes de poder presentar su candidatura: la edad. Según explicó en una entrevista publicada en octubre por una revista local, las empresas a las que llamaba la rechazaban en cuanto les decía cuántos años tenía.
Seto se casó a los 24 años y tuvo dos hijas. Después de divorciarse a los 34, las crió sola. Se volvió a casar a los 45 y, durante cerca de dos décadas, asumió también el cuidado de los hijos de su segundo marido y de su suegra. Cuando este matrimonio acabó, hace aproximadamente diez años, se encontró sin una trayectoria laboral que le facilitara la reincorporación al mercado laboral. La pandemia agravó las dificultades y, durante una etapa, dependió económicamente de su hija.
A los 70 años, decidió buscar un trabajo remunerado, pero en los lugares donde se presentó no la aceptaron. Tras un matrimonio de más de veinte años sin intimidad y casi tres décadas sin relaciones sexuales, Seto vio la nueva etapa como una oportunidad para recuperar su vida sexual.
La entrada al cine para adultos llegó después de una conversación con su hija en una izakaya, una taberna japonesa. Tiempo atrás, Seto ya había recibido una propuesta para participar en una producción pornográfica, pero la había rechazado. Esta vez, cuando habló de ello con su hija, la respuesta fue diferente: le sugirió que se lo planteara. Seto contactó con una agencia especializada en actrices maduras y formalizó el contrato aquel mismo día. En cuatro años ha participado en 17 producciones. “Ahora es cuando me siento más feliz”, asegura.
Los rodajes no son la única actividad remunerada de Seto. Además de trabajar como actriz de cine para adultos, también trabaja en un establecimiento de servicios sexuales especializado en mujeres maduras. Vive con su hija, con quien se reparte el alquiler, y ha empezado a ahorrar para viajar. Aun así, admite que los ingresos todavía no le garantizan una jubilación económicamente segura.
El caso de Seto forma parte de un segmento del cine para adultos japonés conocido como silver porn, protagonizado por intérpretes de edad avanzada. La industria ha encontrado un público en una sociedad que envejece rápidamente y en la que las personas mayores siguen teniendo un peso importante como consumidoras. En 2024, The Guardian situaba el mercado japonés global del vídeo para adultos en unos 55.000 millones de yenes anuales, unos 310 millones de euros, con cerca de 10.000 intérpretes.
Una cuestión de demografía
El contexto demográfico ayuda a entender el interés por este tipo de producciones, pero también existe la cuestión laboral. En 2025, las personas de 65 años o más representaban el 29,4% de la población japonesa, el porcentaje más alto registrado hasta entonces. Según datos del gobierno japonés, ese mismo año trabajaban el 46% de las mujeres de entre 65 y 69 años y el 29% de las que tenían entre 70 y 74 años. Entre las mujeres ocupadas de 65 a 69 años que trabajaban por cuenta ajena, el 83,7% tenían un empleo no regular, una categoría que incluye contratos temporales y trabajo a tiempo parcial.
Las encuestas del gobierno japonés indican que las mujeres mayores mencionan las responsabilidades domésticas y el cuidado de familiares como obstáculos para acceder a una ocupación remunerada. Esto no significa que la entrada al cine para adultos responda siempre a una necesidad económica ni que todas las intérpretes vivan su trabajo de la misma manera. La historia de Seto no permite saber cuántas mujeres mayores recurren a la industria pornográfica por necesidad económica. Sí que pone de manifiesto las dificultades que puede encontrar una mujer que llega a los 70 años después de décadas dedicada a la familia y sin una trayectoria profesional que le facilite el acceso a otros trabajos.