Asia

China desafía el clima y hace una apuesta récord por el carbón

El gigante asiático sigue con la construcción de récord de nuevas plantas, que cuestionan su compromiso climático

PekínPekín ha dado pasos de gigante impulsando la transición hacia las energías renovables con inversiones récord en plantas solares y eólicas, pero no ha renunciado a seguir quemando carbón. El gigante asiático sigue construyendo un número récord de nuevas plantas de carbón para garantizar sus necesidades. En 2024, el 93% del total mundial de proyectos de nuevas plantas de energía a base de carbón se iniciaron en China y aportaban 94,5 gigavatios. La tendencia continuó en 2025 y nuevas plantas de carbón añadieron 161GW.

Actualmente, en total existen proyectos, en fase de construcción y otros aprobados, con capacidad para producir 291 GW a base de carbón, según datos del Centro de Investigación en Energía y Aire Net. Si finalmente se completa esta previsión, equivale a alrededor del 23% del parque de centrales de carbón que actualmente están operativas, un incremento significativo. Algunos expertos advierten que la persistente apuesta de Pekín por construir nuevas plantas de carbón puede generar sobrecapacidad e infrautilización de las centrales, además de no reducir las emisiones de CO₂. El pasado año, todavía cerca de la mitad de la generación eléctrica de China provenía del carbón.

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La República Popular es el principal emisor mundial de gases de efecto invernadero, muy por delante del segundo país del ranking, Estados Unidos. Un tercio de las emisiones de dióxido de carbono que se vierten a la atmósfera provienen del gigante asiático. Sin embargo, si tenemos en cuenta el número de habitantes y el desarrollo (1.400 millones en China y 349 millones en Estados Unidos) proporcionalmente la población estadounidense contamina más y desde hace más tiempo.

Neutralidad en 2060

El gobierno chino se ha comprometido a llegar al pico de emisiones en 2030 y alcanzar la neutralidad en 2060. La apertura continuada de nuevas plantas de carbón cuestiona el compromiso climático de Pekín, al menos retrasa la transición hacia la descarbonización. La inversión en nuevas centrales térmicas de carbón tiene un punto crítico en 2022. El año anterior, China sufrió una sequía grave y oleadas de calor que redujeron la producción de las centrales hidroeléctricas y provocaron importantes cortes de energía. Aún se recuerdan el cierre temporal de empresas sin electricidad y las imágenes de la población refugiándose en el metro o en edificios públicos para resistir las altas temperaturas. Muchos gobiernos provinciales reactivaron sus proyectos de producción de energía con carbón como medida de seguridad.

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El gobierno chino se posiciona internacionalmente como defensor de la lucha contra el cambio climático en contraposición en Estados Unidos y su política negacionista con las energías verdes. Esta posición internacional no le hace por el momento renunciar al carbón y Pekín defiende que le necesita para garantizar la seguridad energética y el desarrollo del país. La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el máximo organismo de planificación económica, sostiene que el carbón es necesario como soporte en la transición energética. Se calcula que China aumenta en torno al 5% anual el consumo de energía.

Otro factor que mantiene la dependencia del carbón es que los gobiernos locales son reacios a cerrar las centrales porque genera paro y dispara el malestar social. Por ello, las nuevas centrales más modernas y menos contaminantes se suman a la ampliación de vida de las antiguas, además de rechazar la reducción de horas operativas.

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Líder en energía renovable

La dependencia del carbón no empaña el esfuerzo realizado por China para implantar energías verdes. Tres cuartas partes de la capacidad solar y eólica que se construye en el mundo está en China. En 2024 el gigante asiático instaló 360 gigavatios de capacidad solar y eólica que suponen más de la mitad de los que se instalaron en todo el mundo. Un ejemplo es el Parque Solar Talatan, construido a 3.000 metros de altitud en la provincia de Qinghai que ocupa cerca de 420 kilómetros cuadrados. En 2025 la capacidad fotovoltaica de China alcanzó los 1.080 GW, un gran salto desde los 45 GW de 2015. Actualmente, el país produce el 60% de la energía eólica mundial.

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El año pasado las industrias de energía verde aportaron un tercio del PIB. Además de la tecnología solar y eólica, se incluyen los coches eléctricos. La apuesta por las placas solares también tiene una vertiente comercial. China es su principal productor y exportador mundial. Ocho de cada diez paneles solares que se venden en todo el mundo salen de fábricas chinas. Pekín incluye la energía nuclear como energía renovable y su apuesta no es menor, ya que se ha convertido en el segundo país con más plantas atómicas por detrás de Estados Unidos.

China concretará su hoja de ruta energética en el 15º plan quinquenal para el periodo 2026-2030, que presentará durante el plenario anual del Parlamento chino en marzo.