Aburridos del show Trump, que cae en popularidad

3 min
El presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, y su mujer Melania Trump
04/10/2026 - 15:00 h
Periodista

Donald Trump se desvive por tener público. De hecho, la exestrella de la telerrealidad se jacta de ser el rey de las audiencias y durante más de una década ha acaparado la escena política y social de los Estados Unidos con su show. Un espectáculo protagonizado por su ego insaciable, que se alimenta, en parte, de una simbiosis con los medios. Él necesita la pantalla para existir políticamente, y la pantalla necesita su drama para mantener el interés del público. Pero este beneficio mutuo ha tenido, y tiene, un precio para la democracia estadounidense.

El show ha erosionado no solo la confianza en la prensa, que ya se encontraba en horas bajas, sino también en las instituciones políticas del país. Sus ataques constantes contra los periodistas, a los cuales tilda de hacer fake news o de "enemigos del pueblo", su denuncia de un supuesto "estado profundo" o las dudas que ha sembrado sobre la legitimidad de las elecciones han ido pasando factura.

Hace unos días, Trump atacó uno de los pilares de los Estados Unidos: la Primera Enmienda de la Constitución, concebida precisamente para proteger la libertad de religión, de expresión y de prensa ante los abusos del poder. Y seguramente lo hizo porque creía que, como tantos otros ataques a los fundamentos democráticos del país, este tampoco tendría muchas consecuencias.

Iba errado. El veto a las televisiones CNN y MSNBC y al digital Politico provocó una reacción inmediata de las grandes cadenas, incluida la conservadora Fox News, que suspendieron la cobertura conjunta del presidente. Y pocos días después, un juez federal, nombrado por el mismo Trump, ordenó de manera cautelar readmitir a los medios vetados mientras estudia el caso.

Más allá de una batalla judicial en la que Trump tiene todas las de perder, el episodio ha dejado clara otra cosa: los estadounidenses han empezado a cambiar de canal. La Casa Blanca reaccionó al apagón mediático creando la Trump TV, que los críticos han calificado de propagandística y de televisión de estado propia de las dictaduras. Pero el canal se ha estrellado estrepitosamente: arrancó el 21 de septiembre con unos 8.000 espectadores, pero enseguida cayó por debajo del millar, y estos últimos días ni siquiera llega al medio millar.

Podría parecer una anécdota, pero revela un síntoma que las encuestas llevan meses mostrando. La popularidad de Trump ha caído al 32%, el punto más bajo de sus dos mandatos, por debajo incluso del 34% que registró en enero de 2021, después del asalto al Capitolio, según las encuestas de Reuters/Ipsos. Los independientes y los hispanos, claves de su retorno a la Casa Blanca, ahora votarían mayoritariamente demócrata. La desafección no se detiene aquí y llega también a sus filas, donde el apoyo entre los republicanos ha pasado del 91% al inicio del mandato al 73%.

A poco más de un mes de las elecciones de medio mandato, los demócratas aventajan a los republicanos en nueve puntos, según la media de encuestas de la NBC, y podrían protagonizar un tsunami azul comparable, en sentido inverso, al del Tea Party de 2010. Si lo consiguen, no solo recuperarán la Cámara de Representantes sino que también podrían conquistar el Senado, un hito que hasta hace poco tanto demócratas como analistas políticos consideraban casi imposible.

El reconocido historiador Jon Meacham explicaba hace unos meses en una entrevista en NPR que Roy Cohn, el mentor de Trump, sostenía que de vez en cuando los estadounidenses se cansan del show. Cohn había sido la mano derecha de Joseph McCarthy, el senador de la caza de brujas anticomunista de los años cincuenta. El espectáculo de interrogatorios y acusaciones del político republicano destruyó reputaciones, pero cuando los tiempos cambiaron, dejó de interesar y McCarthy acabó arrinconado. Trump podría estar ante el mismo momento.

stats