Kathleen Belew: "¿Quién querría la guerra en casa? ¡Ellos la quieren!"

Historiadora, autora de 'Traed la guerra a casa'

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Imagen de Kathleen Belew
15/10/2026 - 18:47 h

Lleva su casa en la foto de WhatsApp. La casa, o la infancia. Y es que tiene una selfie donde se ve, de fondo, el lugar donde creció, un suburbio de Denver, en Colorado. Hoy vive a 15 horas en coche de aquella fotografía, en Chicago, donde da clase de historia en la Universidad Northwestern y donde se ha consolidado como una de las grandes expertas en el movimiento white power [poder blanco]. Su libro Traed la guerra a casa (Capitán Swing) estaba en fase de corrección cuando una concentración de supremacistas blancos provocó graves incidentes en Charlottesville, Virginia. Aquellas consignas racistas han vuelto a ocupar el centro político y el libro es un buen ejemplo para entender quiénes son estos grupos y cómo esperan modelar los Estados Unidos.

Dices que el white power tiene sus orígenes en Vietnam. ¿Por qué?

— Porque se generó una gran historia cultural de cómo los soldados fueron traicionados por el gobierno. Podríamos discutir mucho sobre los argumentos que utilizaron, pero lo que es importante es que no hace falta que lo que dijeran fuera cierto, sino que les permitió desplegar la narrativa de cómo la gente blanca debía unirse contra el gobierno y atraer así a gente hacia su movimiento.

¿La clave, por lo tanto, es el resentimiento?

— Y también la gran cantidad de oportunidades paramilitares que había. Es decir: entrenamiento, armas de guerra… incluso llevaban uniformes de estilo vietnamita mientras llevaban a cabo sus acciones.

Háblanos de Lewis Beam.

— Fue soldado en Vietnam, y ya estaba implicado en el supremacismo blanco antes de ir, pero parece que la guerra fue una experiencia muy traumática. Y al volver se unió al Ku Klux Klan, se implicó en el acoso a refugiados vietnamitas en Texas y acabó convirtiéndose en una especie de líder del movimiento. Pero es importante para la historia porque fue el autor de un ensayo titulado Resistencia sin líder que explica una manera de operar que ha tenido un gran impacto en el movimiento del poder blanco.

¿Qué significa?

— Es lo que ahora llamaríamos terrorismo de estilo celular. La idea era que los activistas trabajaran por objetivos comunes pero sin comunicación directa, porque así evitaban problemas si los investigadores decidían infiltrarse en el movimiento.

Pienso en el tiroteo contra latinos en El Paso, o contra afroamericanos en un supermercado en Buffalo…

— O a la sinagoga Tree of Life, de Pittsburgh. Los perpetran personas que tienen los mismos manifiestos, escriben las mismas cosas en sus armas, comparten información sobre la selección de objetivos. Pero los explicamos como eventos aislados, cuando en realidad es un movimiento social coordinado. Y eso ha limitado nuestra respuesta social, porque no parecía que hubiera tantos ni que tuvieran coordinación entre ellos.

Dices que el atentado de Oklahoma –el más grave en los EE. UU. hasta el 11 de septiembre de 2001– se explicó como la obra de un lobo solitario, y no era así.

— Creo que lo más importante de entender es que el lobo solitario es una estrategia deliberada que este movimiento se inventó para pasar desapercibido, y cuando usamos el término lobo solitario, o no conectamos estos actos de violencia, les estamos ayudando a conseguir lo que querían hacer.

Pero hablas del Ku Klux Klan, de neonazis, de milicianos, de manifestantes radicales contra los impuestos… ¿Qué tienen todos en común?

— Es un movimiento diverso en todos los sentidos, excepto en la raza. Y les une la sensación de emergencia. Han construido una especie de historia apocalíptica. Consideran que la raza blanca está siendo atacada y amenazada de extinción. Se puede ver hoy cómo hablan de los inmigrantes, como si estuvieran arrasando la raza blanca y destruyendo el país. Muchos de ellos creen que si no limpian el mundo de gente no blanca, Cristo no podrá volver en el fin apocalíptico de los días. Así que es una batalla ideológica, pero para muchos también teológica.

¿Pero por qué querría alguien la guerra en casa?

— Hay dos cosas importantes. Una, los hombres que lucharon en Vietnam y los que adoptan su historia encuentran injusto que ellos hayan experimentado esta traición del estado y la gente de casa no. Se trata de igualar la traición del estado. Y dos, buscan una guerra racial para provocar el colapso de la sociedad norteamericana y después crear una nación totalmente blanca. Esto proviene de un libro llamado The Turner Diaries. Pido, por favor, que no lo compréis, porque el dinero va a parar a estos grupos.

No lo compraremos, pero explícanos qué dice.

— Es una novela apocalíptica que imagina cómo un grupo escindido puede hacer caer al superestado que son los Estados Unidos: exponen una especie de terrorismo de células para conseguirlo. Es interesante cómo imaginan el mundo una vez lo han conseguido. Después de un genocidio en todo el planeta, han creado un refugio para la raza blanca. ¿Quién querría la guerra en casa? Pues ellos la quieren. En el atentado de Oklahoma City aceptaron la muerte de 19 niños blancos en una guardería como daño colateral. Porque entienden que estamos en un estado de emergencia y el apocalipsis racial es inmediato.

Pero, ¿por qué la amenaza es el migrante, que a menudo es más pobre y desfavorecido?

— Creo que ayuda a estudiar cómo han construido y extendido la idea de la gran sustitución, el riesgo de ser superados demográficamente, no como un cambio abstracto sino como un cambio criminal emergente. Y esto extiende la idea de que la cultura existente no puede aguantar si entran todas estas personas nuevas. Y creo que mucha gente comparte estas preocupaciones de una manera mucho menos…

...sin ser abiertamente racista?

— Exactamente. ¿Qué pasa con una democracia si se le añade una gran población de personas que no comparten estos valores? Son preguntas reales y lícitas. Pero esta ideología toma estas preguntas, las impregna de un diálogo de emergencia de nivel apocalíptico y, después, da armas a la gente para crear un cambio radical. Y creo que una vez que la gente entra, es muy difícil que salga.

En los años post-Vietnam iban contra el gobierno… ¿Y ahora?

— Se volvieron violentos en los años ochenta porque creían que el gobierno nunca podría darles lo que querían y la puerta de la política convencional estaba cerrada. Esto ya no es cierto. Hay activistas del poder blanco que son elegidos como cargos públicos. Y tenemos una administración que no quiere investigar este poder, de modo que no sabemos qué está pasando. Por ejemplo: no disponemos de listas públicas de los miembros a quienes se encarga la aplicación de la ley para los arrestos del ICE en los Estados Unidos. Pero es casi seguro que ahora muchos activistas del poder blanco reciben dinero por ejercer una violencia que antes hacían gratis. No hace falta ir a la clandestinidad a hacer una revolución si la puedes hacer a la luz pública como parte de un movimiento político.

¿Qué relación tiene este movimiento con Donald Trump?

— Como mínimo está dando la bienvenida a estos actores a su coalición política. Lo que hemos visto, en lo que respecta a la aplicación de la ley de inmigración, ha seguido exactamente el manual del movimiento del poder blanco. Ha dado apoyo al movimiento del poder blanco. Ha elevado a sus activistas. Ha permitido que las políticas del poder blanco existieran.

¿Por qué decidiste escribir este libro?

— Nadie había relacionado estos grupos en una sola historia. Cuando descubrí que era un movimiento social y que estaban tan profundamente interconectados, me pareció importante documentarlo para que entendiéramos que había una amenaza continua. Y ha adquirido forma después de que se publicara el libro. Hoy es un movimiento que está moldeando nuestra vida política.

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