Francia se enciende contra el coste de la vida: ¿Vuelven los 'chalecos amarillos'?
La movilización deja escenas de gran violencia y caos en París y una víctima mortal por parada cardiorrespiratoria
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ParísLa jornada de movilización en Francia para protestar contra el alza del coste de la vida ha dejado imágenes de auténtico caos, violencia y enfrentamientos entre manifestantes y policía en París y en otras ciudades como Marsella, Lyon, Burdeos, Rennes y Limoges. Según los organizadores, 800.000 personas han salido a la calle, una cifra que las autoridades galas rebajan a 550.000. Por todo el país había convocadas más de 90 manifestaciones y 500 protestas, y muchas han acabado con disturbios –especialmente graves en París–, en una jornada en la que la policía ha detenido a centenares de personas. Solo en el área metropolitana de la capital francesa ha habido 855 arrestos. En todo el estado, el balance de detenidos se eleva hasta las 1.800 personas, y hay 500 policías heridos.
La jefatura de la policía de París ha informado este domingo por la mañana de que una persona ha muerto por una parada cardiorrespiratoria durante los disturbios en la capital francesa. En París, los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes han sido una constante durante todo el día, con la plaza de la República como epicentro. Grupos de violentos también han asaltado tiendas, han incendiado mobiliario urbano, vehículos y edificios públicos, y han lanzado todo tipo de objetos a la policía. En Limoges, los concentrados han quemado el Ayuntamiento y en Lyon un grupo de manifestantes ha prendido fuego a una oficina de turismo.
Durante la jornada, los trabajadores y estudiantes que han salido a la calle también lo hacían para protestar contra la actuación policial, muy cuestionada en las últimas semanas, durante la represión de las protestas de los estudiantes de secundaria. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha atribuido las escenas de violencia de los manifestantes a individuos "de extrema izquierda y extrema derecha" con un "claro deseo" de atacar edificios públicos, y el presidente francés, Emmanuel Macron, ha remarcado que en Francia "no hay lugar para la violencia".
Revuelta en las redes
La convocatoria comenzó con un vídeo en TikTok que publicó un joven a principios de septiembre en el que apelaba a realizar una manifestación el 17 de octubre por el alza de los precios de los carburantes y con una serie de mensajes en diferentes redes sociales pidiendo el retorno de los chalecos amarillos, el movimiento de protesta que en 2018 hizo salir a la calle a miles de franceses exasperados por la pérdida de poder adquisitivo. Hace ocho años, el detonante fue precisamente el elevado precio de la gasolina y del gasóleo. Pocos días después de la publicación del vídeo, los estudiantes de los institutos de secundaria de la banlieue de París iniciaron una revuelta contra la falta de profesores, la masificación en las aulas, los horarios de las clases y la situación deteriorada de muchos centros. La protesta, todavía no resuelta, se acabó extendiendo al resto de institutos de todo el país, cientos de los cuales llevan semanas bloqueados.
Durante las últimas semanas, los sindicatos también han convocado dos jornadas de huelga en el sector público en protesta por la congelación salarial y los recortes que prevé hacer el gobierno en los presupuestos del 2027. Con una deuda que se sitúa en el 119% del PIB (un récord desde 1946), un déficit público que este año superará con creces el 5% y una economía que está en peligro de recesión, el ejecutivo liderado por el primer ministro, Sébastien Lecornu, ha anunciado unas medidas de austeridad –como la congelación de las pensiones más elevadas– que han hecho aumentar el malestar social.
Ante el clima de tensión social que vive Francia, el llamamiento que hizo aquel joven en TikTok ha tenido este sábado un eco enorme. Según la prensa francesa, tras la convocatoria no estaban los líderes de los chalecos amarillos, aunque muchos de ellos se han acabado sumando. Antiguos miembros del movimiento han intentado estructurar el movimiento en los últimos días y la movilización de este sábado ha recordado, en cierto modo, el modus operandi del 2018. Se han repetido escenas de enorme violencia.
Nueva crisis social
Las manifestaciones de este sábado ya no están solo protagonizadas por estudiantes, sino que también han convergido diferentes movimientos y colectivos –desde estudiantes hasta trabajadores– que pueden hacer estallar una nueva crisis social. ¿Habrá una nueva movilización de los chalecos amarillos como la del 2018? "Todo es posible, porque la rabia está ahí", aseguró esta semana Priscillia Ludosky, una de las líderes del movimiento de hace seis años, a Le Parisien. En la calle se palpa el malestar. "Es cierto que esta llamada del 17 de octubre no tenía una estructura vertebradora ni portavoces [...], pero lo que vemos que se repite constantemente es la cuestión del poder adquisitivo y el precio de la gasolina. Con la movilización de los estudiantes de secundaria y el coste de la energía, la gente tiene motivos de verdad para movilizarse", defendía Ludosky en el mismo diario.
Con un gobierno que, muy probablemente, tiene los días contados, con unas elecciones presidenciales a la vista, y con una situación económica del país complicada, el presidente, Emmanuel Macron, y el primer ministro tienen poco margen de maniobra para hacer concesiones. Las probabilidades de que las protestas en la calle continúen son reales. "No sé si es una crisis de la República, pero sí que es una crisis política. Porque todas estas protestas derivan en tensiones sociales que no encuentran un marco político para resolverse", apunta el sociólogo François Dubet, antiguo director de estudios de la Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales.
Represión policial
Los estudiantes de secundaria, que cuentan con el apoyo de los universitarios, también se han movilizado este sábado para protestar por la represión policial, que dicen que es muy violenta. Las imágenes de cargas policiales impresionantes durante las últimas semanas y este sábado, así como el uso masivo de gas lacrimógeno y de granadas aturdidoras –una de ellas arrancó la mano de un joven de 15 años– contra manifestantes menores de edad, ha provocado un alud de críticas, sobre todo por parte del partido de la izquierda radical, La Francia Insumisa, sin que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, haya hecho autocrítica. En cuatro semanas de protestas estudiantiles, la policía ha detenido a casi 8.000 jóvenes, la mayoría de los cuales menores de edad. También ha habido importantes destrozos en los institutos y decenas de policías y estudiantes han resultado heridos.
"Estamos viendo que la protesta de los estudiantes se está enquistando sin terminar de resolverse. Es una situación similar a la que hemos visto en otras protestas recientes en Francia. Por eso, todo ello puede acabar propiciando una especie de crisis del sistema –sostiene Dubet–. En el caso de los institutos, hay un cierto uso de la crisis por parte de los partidos políticos, pero sin perspectiva de que nada cambie", concluye.