'Hubs' sin dignidad

Dicen que Europa esta semana se parece un poco más a los Estados Unidos de Trump. Lo decía en ARA Olivia Sundberg, responsable de migración y asilo de Amnistía Internacional. A muchos nos cuesta visualizar imágenes como las de las patrullas del ICE, la temida agencia de inmigración norteamericana, recorriendo las calles de Nápoles, Marsella o, por qué no, Badalona. Pero si leemos los detalles de la reforma aprobada esta semana, ya tenemos todos los pilares puestos para que esto pase.

Una vez entre en vigor esta ley, los gobiernos europeos podrán organizar “redadas” para encontrar “inmigrantes irregulares”, investigarlos, y requisarles documentos y objetos. Básicamente, podrán cachear personas que las autoridades consideren que tienen "cara de inmigrantes". Veremos qué pasa cuando se repitan en casa nuestra imágenes similares a las de aquel niño de cinco años del gorro azul y la mochila de colores, Liam Conejo, que el ICE detuvo y separó de sus padres.Lo cierto es que Europa ya hace tiempo que vulnera los derechos de los inmigrantes y refugiados, dentro y fuera de su territorio. Son incontables los testimonios documentados de inmigrantes que han denunciado vulneraciones graves de sus derechos, historias espeluznantes, en centros de detención de países como Túnez o Libia parcialmente financiados con fondos europeos. Pero no hay que ir tan lejos. No hace tanto de las 23 personas muertas aplastadas y golpeadas en la valla de Melilla, ni de las imágenes de personas ahogadas en el mar después de que la guardia costera griega las atacara.

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La cuestión es que ahora la UE se dota de un marco legal para hacerlo sin esconderse. Eso sí, maquillando el lenguaje con el claro objetivo de hacer la realidad menos cruda y más masticable. Se entienden por “inmigrantes irregulares” aquellas personas que se encuentran en un país de acogida sin un permiso legal. Pero, si queremos, también podemos entenderlo como aquellas personas que ejercen su derecho a tener una vida digna, que huyen de la miseria o de la guerra. 

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El acuerdo también habla de los ya famosos “hubs de retorno”, como quien habla de un hub de innovación tecnológica del 22@. Pero en realidad estamos hablando de cárceles, de centros de detención donde se envía a personas sin haber sido juzgadas. De hecho, retorno también se puede sustituir por expulsión.

Además, lo que se ha aprobado es destinar fondos europeos a pagar a países como Albania, Mauritania o Libia para detener personas de manera indefinida. Esto tampoco quiere decir que no pasara hasta ahora: no os perdáis la investigación del Pulitzer Centre sobre los centros españoles en Mauritania.Realidad sin edulcorantes

La realidad sin edulcorantes se podría resumir así: la Unión Europea aprueba una ley para expulsar a personas que huyen de la guerra y la miseria y detenerlas, sin juicio previo, en prisiones de países sin garantías de cumplimiento de los derechos humanos y de manera indefinida.

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Todo ello es perverso y abre peligrosamente las puertas a una deriva discriminatoria en la que Europa se va desprendiendo, poco a poco, de sus valores fundacionales y fundamentales. Hay que recordar que el primer “valor europeo” citado en el artículo segundo del Tratado de Lisboa es la “dignidad humana”. Y continúa: “Libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho, respeto por los derechos humanos, incluyendo el de las personas que pertenecen a minorías”.

Según el diccionario, la dignidad es el respeto que merece alguien. Hoy Europa ha decidido que los inmigrantes no merecen este respeto. La gran pregunta es saber cuál será el próximo colectivo de desafortunados en caer de la lista.