Reino Unido

Irlanda del Norte cae en el "pogromo moderno" contra los inmigrantes

La extrema derecha explota un incidente para erosionar los Acuerdos de Paz y convertir a los recién llegados en chivo expiatorio de una sociedad "cómodamente segregada"

14/06/2026

LondresEl papa León XIV puede decir misa y alertar a Europa y al mundo de que hay que acoger a los inmigrantes, ya lleguen a Arguineguín, a Dover o a Sicilia, pero sus palabras no cuentan para los movimientos de extrema derecha, como algunos colectivos de Irlanda del Norte, que en los últimos años han protagonizado episodios de violencia xenófoba. No es porque los radicales sean protestantes y no católicos, sino porque manifiestan unas actitudes "racistas", según las definió el jueves el ministro británico para la provincia, Hilary Benn.

Esta semana, grupos de jóvenes encapuchados –entre 200 y 400, en algunos casos menos numerosos–, que se identifican con la filiación lealista, han llevado a cabo lo que el diario The Times calificaba en su primera página de "pogromo moderno". Se refería a los ataques indiscriminados contra inmigrantes por el mero hecho de serlo, que acabaron con casas, vehículos y contenedores quemados. Ocho familias perdieron su casa el martes por la noche. Y al menos quince más huyeron el miércoles de la suya después de que circulara en internet una lista con direcciones como objetivos de la turba, que incluía un hotel que acogía refugiados.

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El ministro Benn fue muy claro ante la prensa: "Si quemas la casa de alguien y lo echas mientras gritas «¡extranjeros fuera!», ¿qué otras palabras usarías para describir lo que ha estado pasando?" Efectivamente, racismo. Las imágenes –niños pequeños huyendo del fuego– devolvieron Belfast al período de los Troubles, la violencia sectaria entre las dos tradicionales comunidades, protestantes y católicos, que tanta sangre ha costado históricamente. Ahora los perseguidos han sido los extranjeros.

Agresión brutal

La violencia xenófoba que ha estallado esta semana en Belfast y otras localidades de la provincia ha tenido como excusa el intento de decapitación de Stephen Ogilvie, un vecino del norte de la ciudad, de cuarenta años. El autor de la agresión fue Hadi Alodid, un solicitante de asilo sudanés, de treinta años, establecido legalmente en el Reino Unido.

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En Irlanda del Norte viven 1,93 millones de personas. De estas, solo el 3,5% forman parte de minorías étnicas: es decir, unas 67.000 y pico. De acuerdo con Ben Brindle, de el Observatorio de las Migraciones de la Universidad de Oxford, "los datos oficiales disponibles no indican que los inmigrantes, considerados como un conjunto, cometan más delitos graves que los británicos".

Aun así, el ataque de Hadi Alodid sirvió para que el ultra Tommy Robinson, entre otros, instara a sus seguidores a manifestarse contra lo que calificó de "ataque invasor". Su mensaje en X fue compartido por el dueño de la red y multimillonario Elon Musk, que pidió a los ciudadanos que protestaran "repetidamente y en voz alta" para cambiar las políticas gubernamentales sobre la inmigración.

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el asesinato del joven Henry Nowak en Southamptonnoches de violencia racista en Ballymena (a 45 kilómetros al norte de Belfast) del año pasado; el apuñalamiento de tres niñas en Southport (2024) y el asesinato del joven Henry Nowak en Southampton por un hombre sij en diciembre de 2025.

Patricia McKeown, secretaria general del sindicato Unison en Irlanda del Norte, también se ha sumado a la denuncia del profesor Reilly, en declaraciones a la BBC, tras explicar que enfermeras de hospitales del este de Belfast fueron perseguidas por el color de su piel. "Esta es la parte menos diversa étnicamente de estas islas. No tenemos un problema de inmigración. Todo esto está orquestado políticamente por la extrema derecha, no solo en Irlanda del Norte, sino también en Gran Bretaña, en Europa y en los Estados Unidos. Es un intento deliberado de convertir a toda una comunidad en chivo expiatorio. Una comunidad que está aquí para salvarnos la vida y para cuidar a nuestra gente".

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El fantasma de los Troubles

Desde 1974, la compañía de demoscopia Ipsosseptiembre del año pasado para comenzar el curso político amenazando con deportaciones a gran escalaal referéndum del Brexit de 2016.

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Entonces, la propaganda de los partidarios de salir de la Unión Europea producía carteles con interminables colas de migrantes turcos que, presuntamente, se afanaban en invadir el Reino Unido si no se rompía con Bruselas. El cartel ad hoc pregonaba el mensaje de Nigel Farage. Desde entonces, y ya antes, el líder brexiter y ultra marca la agenda política británica. Y ha situado la población extranjera en el punto de mira, junto con otros de los agitadores racistas. Sus intereses electorales llevaron a Farage en septiembre del año pasado a empezar el curso político amenazando con deportaciones a gran escala si llega a gobernar: una copia de los postulados de Donald Trump o de tantos otros ultras de Europa.

El caso Ogilvie ha servido de excusa para que los sectores más radicales del unionismo y de la extrema derecha británica pongan en cuestión la Common Travel Area, el acuerdo de libre circulación entre el Reino Unido, Irlanda, las islas del Canal y la isla de Man, vigente desde 1922.

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Según el Departamento de Asuntos Exteriores irlandés, hasta el 90% de los 18.500 demandantes de asilo registrados en Irlanda en 2024 habrían llegado al país después de entrar primero en el Reino Unido y desplazarse a Irlanda a través de Irlanda del Norte. Por su parte, el Ministerio del Interior británico ha informado este viernes que durante el último año ha detectado poco más de 900 infractores de las normas migratorias que habrían aprovechado esta misma frontera terrestre abierta.

Pero que un solo agresor haya cruzado la frontera de sur a norte desde la república ha sido suficiente para reabrir un debate que toca la esencia de los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Si un incidente aislado deviene argumento para reinstaurar controles fronterizos entre la república y el Úlster se podrían desenterrar los fantasmas de los Troubles en una sociedad que aún los tiene bien presentes. Porque como ha escrito esta semana el profesor Brendan Ciarán Browne, del Trinity College de Dublín, "continuamos siendo, en gran medida, una sociedad «cómodamente segregada»".