La izquierda europea teme perder el último gran bastión socialdemócrata el 29-N
Los socialistas tienen miedo de quedar aislados de la toma de decisiones en la Unión Europea si Sánchez no gana las elecciones
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BruselasEn los pasillos del Parlamento Europeo esta semana se respira una "preocupación muy palpable", asegura Jaume Asens. "Hay una inquietud compartida", coincide el excomisario europeo László Andor. "Toda la semana he recibido mensajes de compañeros de la izquierda", explica el eurodiputado de Compromís Vicent Marzà. "Todo el mundo pregunta por el tema", resume Javi López, también eurodiputado socialista.
La relevancia de las elecciones españolas del 29 de noviembre trasciende la política española. Los socialdemócratas europeos se juegan mucho. Todas las encuestas, excepto las del CIS, anticipan una mayoría amplia del Partido Popular, que podría llegar a gobernar con el apoyo de Vox, sea dentro o fuera del ejecutivo. Una derrota de Pedro Sánchez supondría el fin de uno de los pocos gobiernos de izquierdas que quedan en Europa y el único encabezado por un socialdemócrata entre las grandes potencias del bloque. En un contexto de avance sin precedentes de la extrema derecha, este escenario preocupa a las izquierdas europeas por dos motivos: les puede aislar de la toma de decisiones importantes y les puede forzar a reformar su estrategia.
"Una derrota de Pedro Sánchez sería una pérdida grave para la socialdemocracia europea, con consecuencias que irían mucho más allá de España", advierte la excomisaria europea Helena Dalli, maltesa y antigua responsable de Igualdad en la Comisión Europea. Su preocupación se centra en el Consejo Europeo, donde la salida del presidente español dejaría a los socialdemócratas con menos peso entre los líderes de los estados miembros. Actualmente, solo cuatro países tienen gobiernos encabezados por dirigentes socialdemócratas: España, Dinamarca, Lituania y Malta. Para un estado pequeño como el suyo, esta pérdida tendría un efecto práctico: "Los estados pequeños necesitan alianzas para convertir sus convicciones en políticas europeas", advierte Dalli. "Si queda muy descompensado el Consejo, que acaba marcando las directrices en la Comisión, Europa puede acabar con una agenda política muy conservadora", añade López.
Más allá de las grandes orientaciones políticas, un cambio de gobierno en España también tendría consecuencias en las negociaciones legislativas en el Consejo de la UE, donde los ministros de los estados miembros aprueban las leyes europeas junto con el Parlamento Europeo. España ha actuado allí como contrapeso progresista en diversos debates, y su peso no es menor: es el cuarto estado más poblado de la Unión, un factor relevante en las votaciones por mayoría cualificada. "Importa mucho más que España esté ahí que no dos o tres países más pequeños", asegura el investigador del EPC Javier Carbonell.
Un referente de la izquierda
El caso de Sánchez tiene un elemento añadido, que es el interés que ha volcado en la política internacional. El presidente español ha aprovechado esta ventana para conseguir los éxitos y marcar el discurso que no podía marcar de puertas adentro. En un contexto de retroceso del multilateralismo, diversas voces —incluso más allá de la socialdemocracia— opinan que se ha convertido en un referente internacional de la izquierda.
"En Bruselas, el estado español se ha visto estos últimos años como un referente y un dique de contención fundamental ante la oleada reaccionaria que está recorriendo Europa. Que esta trinchera cayera sería un golpe durísimo para el equilibrio de poderes en el Consejo Europeo", opina Asens. "Sánchez es el líder indiscutible de la izquierda europea", defiende López, que considera que su influencia política en Europa es equiparable a la de Tony Blair y Gerhard Schröder a finales de los años noventa.
El excomisario socialista László Andor le compara con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Sánchez ha sido una de las voces europeas más críticas con Donald Trump y ha defendido posiciones que a menudo se han alejado de las de buena parte de sus socios comunitarios en cuestiones como la inmigración, la política climática o la relación con China. También en lo que respecta a la guerra en Gaza, en la que ha denunciado los incumplimientos reiterados del derecho internacional por parte de Israel. Por esto último, Marzà remacha que "en el ámbito internacional, las posiciones que ha seguido son las más coherentes con el derecho internacional", hecho que le hace parecer "el último espacio de defensa del multilateralismo".
Von der Leyen perdería un aliado
Más allá del simbolismo, una derrota del bloque de izquierdas en España supondría "un golpe fuerte para los ánimos del partido socialdemócrata" europeo, a parecer del investigador Javier Carbonell, que opina que puede impulsar un cambio de estrategia del partido. "Los socialdemócratas sufren una muerte lenta. No tienen ninguna estrategia", defiende. Por ello argumenta que sería el momento de ceder bien hacia posturas más de derechas, bien de optar por una actitud de confrontación, en la que la principal perjudicada sería la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
A estas alturas, la mayoría de las decisiones que toma el ejecutivo comunitario se apoyan en el apoyo del Partido Popular Europeo —el de Von der Leyen—, los liberales y los socialdemócratas. Y Sánchez actúa a menudo de interlocutor entre la dirigente comunitaria y el sector más progresista de los socialdemócratas. Sin él, temen algunos de sus aliados, podría ser más difícil mantener este entendimiento. "El gabinete de Von der Leyen está preocupado por si cae Sánchez", asegura Marzà, que advierte que, sin el dirigente español, "no les quedará ningún incentivo a los socialdemócratas para continuar manteniendo esta coalición de manera gratuita".
Las elecciones españolas se producen en un calendario electoral especialmente intenso en la UE. El año próximo hay comicios en Italia, Polonia, Finlandia y Francia, y estos últimos serán particularmente decisivos para el rumbo de Europa. En todos estos comicios, la extrema derecha amenaza con ocupar un nuevo espacio de poder. Para las izquierdas europeas, una victoria de Sánchez sería una señal de que todavía es posible frenar el avance de la derecha radical y conservar el gobierno en una de las grandes economías del continente. Una derrota, en cambio, podría alimentar el pesimismo antes de las próximas citas electorales.