Las Malvinas, las Falkland y el partido infinito entre la Argentina y "los piratas ingleses"
La semifinal del Mundial coincide con otra llamada desde la Casa Rosada para negociar el retorno del archipiélago a Buenos Aires
LondresHoras antes de que Inglaterra y Noruega jugaran el sábado en Miami los cuartos de final del Mundial, y que Argentina y Suiza se enfrentaran en Kansas un poco más tarde, el ministro de Exteriores del gobierno de Javier Milei, Pablo Quirno, publicó un largo artículo en el diario La Nación titulado "Malvinas: la fuerza de una causa justa". La memoria de la guerra de 1982 en la que el Reino Unido de Margaret Thatcher derrotó a la junta militar argentina, que intentó recuperar la soberanía del archipiélago, continúa viva en el imaginario del país sudamericano.
El texto de Quirno no decía nada que no se hubiera oído antes en Buenos Aires: que las islas son argentinas, que la ocupación británica –desde 1833– es ilegítima y que Londres debería aceptar negociar su retorno. Pero los caprichos del fútbol han querido que aquellas palabras resonaran con una fuerza inesperada. Porque el cuadro de las semifinales del Mundial certificaba una nueva edición del partido infinito entre argentinos e ingleses o, como todavía los llaman a menudo en el Río de la Plata, "los piratas ingleses".
Que la AFA, la Federación Argentina de Fútbol, publicara las imágenes de los jugadores de Lionel Scaloni planteando el enfrentamiento de este miércoles (21:00 h) como un acto de desagravio "por las Malvinas", como un homenaje a Diego Armando Maradona y a su mano de Dios, y también como reconocimiento al "último" mundial de Leo Messi ha vuelto a demostrar, parafraseando a Clausewitz, que "el fútbol es el arte de la guerra por otros medios".
Sobre todo teniendo en cuenta que los mundiales están hechos para atizar "en todo lo posible el espíritu nacionalista: Banderas, himnos cantados con hondura, un verde campo de disputa, la pasión desatada… Son metáforas de la guerra", ha escrito este fin de semana el politólogo argentino Marcelo Falak, no precisamente un partidario del anarcocapitalismo de Milei, pero tampoco un peronista de manual.
La prensa británica ha recogido este lunes ampliamente las palabras de Quirno y ha hecho del encuentro mucho más que un partido, como también han hecho los argentinos, quizá más desenfrenadamente. En este contexto, la voz sensata del seleccionador Scaloni intentó templar los ánimos. En la conferencia de prensa posterior a la victoria ante Suiza, y preguntado sobre qué tenía que decir a los argentinos en relación con la supuesta especial significación de la semifinal, el vigente campeón del mundo en Qatar comentó: "¡Es un partido de fútbol, eh? El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos nada más. Jugamos un partido de fútbol contra una gran selección, que tiene un gran entrenador, a quien aprecio y admiro mucho."
¿Tópicos que son verdad?
Es fácil atribuir estas lecturas a los tópicos del periodismo, y quizás, especialmente, del deportivo. Pero los tópicos contienen siempre dosis de verdad. Lo recordaba este lunes en el programa Today, de BBC Radio 4, el periodista y escritor John Carlin, barcelonés, británico y argentino por azar y por voluntad propia. "Entrevisté a Maradona sobre el césped del estadio Azteca mientras la selección argentina se entrenaba veinticuatro horas antes del gran partido [el de la mano de Dios, 1986]. Y, haciendo de periodista, quería un poco atizar el fuego. Le pregunté: «¿Y qué pasa con la guerra? ¿Este será vuestro acto de revancha, vuestra venganza contra los odiados piratas, por decirlo así?» Y él me respondió: «No, no, no, no. Vosotros, los periodistas, sois todos iguales. Siempre intentando crear polémica. Solo es otro partido. Es un partido importante, pero trataremos a los ingleses igual que tratamos a cualquier otro rival.»"
Al día siguiente llegó la mano de Dios. Y después el mejor gol de la historia de los Mundiales. Y una victoria que muchos argentinos vivieron como una reparación simbólica, "como si fuera casi más importante que haber ganado la guerra; todo el mundo hablaba de las Malvinas".
Antes de reducir tanta rivalidad a una simple leyenda futbolística conviene recordar las consecuencias de la invasión de la junta militar de Leopoldo Galtieri del archipiélago aquel 2 de abril de 1982. A lo largo de los 74 días de conflicto, la guerra se cobró la vida de 255 militares británicos, 649 argentinos y tres habitantes del archipiélago. Más de 1.600 personas resultaron heridas, también.
Identidad nacional
Este balance hace difícil que un Inglaterra-Argentina sea solo un partido de fútbol. Y más teniendo en cuenta que la pertenencia de las Malvinas a Argentina forma parte de la construcción de la identidad nacional, todo lo contrario de lo que pasa en el Reino Unido, que solo se acuerdan, en su caso de las Falkland, cuando los argentinos las reivindican o cuando las petroleras ven posibilidades de extraer crudo.
El nuevo enfrentamiento deportivo llega también después de que, en abril pasado, un memorándum del Pentágono filtrado a la prensa británica sugiriera que Estados Unidos revisaban su posición sobre la soberanía de las islas como represalia por la poca colaboración de Londres a raíz de la guerra con Irán. Javier Milei, uno de los aliados internacionales más cercanos de Donald Trump, insistió entonces en que las Malvinas "eran, son y siempre serán argentinas". La vicepresidenta, Victoria Villarruel, todavía fue más allá afirmando que los británicos que viven allí deberían "volver a Inglaterra" algún día. En su ensayo para La Nación, Quirno ha revestido de diplomacia una reivindicación que el gobierno argentino no ha dejado nunca de alimentar.
Scaloni es el único que tiene razón cuando dice que solo es un partido de fútbol. Pero la historia nunca pide permiso para reordenar a sus agentes. El azar ha querido que un artículo sobre las Malvinas coincidiera con la primera semifinal entre Inglaterra y Argentina, si bien antes se habían enfrentado en 1998 y 2002. En cualquier caso, cuando el balón empiece a rodar en Atlanta, el seleccionador argentino continuará teniendo razón: solo empezará un partido de fútbol. Pero habrá millones de personas a uno y otro lado del Atlántico que verán algo más.