Estamos seguros en Europa?
Las guerras híbridas, una nueva realidad más allá de los conflictos tradicionales, obligan a reconfigurar la defensa del continente sin el paraguas de Washington
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Londres / Barcelona / BruselasLa Guerra Fría queda muy lejos y un fantasma recorre de nuevo Europa. Al menos, la Europa occidental. El de una guerra caliente o, cuando menos, híbrida, que se manifiesta de muchas maneras: sabotajes, drones, ataques cibernéticos, uso de la inmigración como herramienta de desestabilización… "Hemos entrado en una nueva era de la disuasión", augura el experto en seguridad y defensa Juraj Majcin. Ochenta y un años después de la derrota del nazismo, el estallido de un conflicto generalizado, que se extienda más allá del que ahora se libra en Ucrania a raíz de la invasión de la Rusia de Vladímir Putin, ya no parece un escenario improbable, y este será, precisamente, uno de los temas de la nueva edición de Enfoquem, el próximo lunes.
Desde 1945, la Europa del bloque occidental ha sido una especie de "balneario en el que nunca pasa[ba] nada", podemos decir si tomamos prestada la metáfora de Javier Pradera a una pregunta de la revista Por Favor en los años setenta. Pero aquel jardín idílico amenaza con convertirse en jungla y ahora el Viejo Continente se siente amenazado. Y la amenaza le ha pillado con la guardia baja y el amigo americano poniéndole trabas.
El miedo a una retirada total del paraguas estadounidense, que se ha hecho especialmente evidente con la intermitencia del apoyo de Trump a Ucrania, la guerra de los aranceles o la pretensión de anexionarse Groenlandia, ha trasladado a Europa un nuevo sentido de urgencia. Como dice Rob Dover, especialista en seguridad e inteligencia, y decano de la Universidad de Hull (Inglaterra), "hay motivos de preocupación reales sobre si los Estados Unidos siguen siendo un socio fiable". La desvinculación militar y estratégica de Washington –que ya viene de lejos, con un giro enfocado al Indo-Pacífico– ha obligado a los estados europeos a repensar su sistema de alianzas y, sobre todo, a acelerar las iniciativas para reforzar su autonomía para mejorar las capacidades defensivas.
¿Conflicto inminente?
Una voz muy relevante de un gobierno europeo aseguraba recientemente a l'ARA: "Ya nos encontramos en una guerra mundial híbrida y hacerle frente es una prioridad". Según esta misma fuente, las cancillerías europeas trabajan "con el cálculo de que en 2027 tendremos un ataque directo ruso contra alguno de los estados bálticos". Un ataque que no necesariamente tiene que ser con armas convencionales, sin embargo.
En cualquier caso, el intento de atentado con drones en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania, a principios de septiembre, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la percepción de la amenaza en Europa. El episodio se sumaba a una larga lista de sabotajes, incursiones e incidentes en los últimos meses, y que demuestran que la guerra híbrida ya es una realidad en el continente. Para Majcin, lo que ha cambiado es que Rusia se ha vuelto más agresiva. Y avisa de que este tipo de campañas se intensificarán. "Hemos visto ataques híbridos en el pasado, pero no tenían connotaciones tan peligrosas", afirma.
Ante un invierno que se prevé "duro", porque Rusia está "frustrada" por el apoyo europeo a Ucrania, Majcin alerta de que la guerra híbrida pone a Europa contra las cuerdas porque "no puede reaccionar por el principio del ojo por ojo". Empezando por el marco legal –explica–, los servicios de inteligencia de la mayoría de los países de la Unión no están autorizados a realizar este tipo de operaciones y, por tanto, "tener un sistema de respuesta simétrica es legalmente imposible".
En este territorio desconocido, los estados buscan vías de respuesta. Hasta ahora se consideraba difícil señalar a Rusia como responsable de estos episodios porque era necesario que los servicios de inteligencia demostraran su autoría. Desde septiembre, sin embargo, con el mencionado ataque de Leipzig como detonante, la UE ha pedido que se determine formalmente la responsabilidad, un paso previo para poder responder. ¿Cómo? Con sanciones a los instigadores, el corte de la financiación y el blindaje del espacio informativo europeo, proponía la comisaria europea de Exteriores y Seguridad y vicepresidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas.
Bruselas, que el año pasado instaba a los ciudadanos a preparar un kit de supervivencia por si las cosas venían mal dadas, está intentando impulsar un mecanismo conjunto para hacer frente a estos ataques que denomina de zona gris; es decir, aquellos que están por debajo del umbral de la agresión armada, pero que constituyen una vulneración de la soberanía o la integridad territorial de un estado miembro. Según ha explicado la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, la UE busca establecer un protocolo comunitario que permita a un socio convocar una respuesta coordinada, inspirado en las consultas del artículo 4 de la OTAN.
El analista del European Policy Center Garvan Walshe defiende que ya existen mecanismos de coordinación eficaces que no involucran a la Unión Europea. Considera que la respuesta a estos ataques debe ser coordinada, relacionada con los servicios de inteligencia y, sobre todo, secreta. Por ello, opina, debe ser "necesariamente vaga". En este sentido, algunos estados están revisando el papel de sus servicios de inteligencia. Alemania, por ejemplo, aspira a dotarlos de más capacidades para poder, no solo espiar, sino también contraatacar.
¿Se puede recuperar Washington?
Ante este escenario, un cargo muy destacado de la Comisión Europea confirmaba a ARA una pregunta que se ha vuelto recurrente entre los responsables comunitarios: ¿Somos capaces de defendernos tras haber sufrido un abandono feroz de los Estados Unidos? A parecer de Walshe, las ya mencionadas amenazas de Trump a Groenlandia fueron el detonante del giro de las políticas europeas. "Hasta entonces pensaban que podían enderezarlo", opina. Ahora, considera, los líderes europeos "están preocupados, y con razón, por si los EE. UU. no intervienen" en caso de un ataque de Rusia. Walshe plantea un escenario en el que Washington sería muy lento reaccionando y evitaría desplegar su arsenal para defender el continente.
Su opinión es complementada por la profesora de relaciones internacionales del departamento de Estudios de la Guerra del King's College de Londres, Samah Rafiq. "Desde la perspectiva europea, la cuestión no es simplemente si el apoyo norteamericano proporciona protección militar, sino si se puede continuar confiando en él a lo largo del tiempo".
La transición hacia un mundo de bloques bien definidos parece inevitable, mientras el multilateralismo pierde fuerza y "está sometido a una presión considerable", en palabras de Rafiq. "La ONU, como estructura multilateral de referencia, no puede garantizar la seguridad. Al menos dos de las cinco potencias con derecho de veto en el Consejo de Seguridad –Rusia y los Estados Unidos–, con el apoyo en diferente grado de las otras tres, están vulnerando gravemente cualquier concepción del derecho y del orden internacionales", recuerda en este punto Richard Reeve, coordinador de la red Rethinking Security, especialista en conflictos.
La guerra híbrida no solo se hace patente a través de incursiones de drones y sabotajes marítimos. La cara más discreta de la infiltración rusa, aseguran los expertos, es la erosión de la democracia a través de grupos políticos que pueden operar como un caballo de Troya en el continente. El ascenso electoral de determinadas formaciones, de hecho, ya están condicionando el rumbo de las decisiones europeas. El auge de formaciones políticas de extrema derecha, dice Walshe, "está influenciando directamente las políticas del bloque". "Hace tiempo que Rusia financia a estos partidos, eso es de conocimiento general", advierte el experto, que insiste en que "hay que estar preparados".
La colaboración o sintonía con los intereses del Kremlin convierte un posible acceso al poder de formaciones como Reagrupamiento Nacional o Alternativa para Alemania en una amenaza directa para la estabilidad y la cohesión del continente. "Que gobernaran sería peligroso; y sería peligroso si Marine Le Pen llegara al gobierno, porque ya ha dicho que cortaría la financiación a Ucrania", concluye, y pone en evidencia cómo la desestabilización interna puede acabar dinamitando la línea de defensa geopolítica de Europa.
¿Pan o cañones?
Este giro de la UE, que pone la defensa entre las principales prioridades, ha dejado de lado su tradicional apuesta por la diplomacia, dice, a su vez, el investigador de conflictos armados Alejandro Pozo. Este lamenta que el club comunitario apueste ahora "casi exclusivamente por la vía militar", especialmente en aquello relacionado con Ucrania. Y añade: "Nos estamos preparando para la guerra y, así, es más probable que aumentemos la posibilidad de que haya una". Y sostiene que lo que ha cambiado en Europa no son tanto las amenazas, como especialmente la percepción de las amenazas.
En cambio, Majcin sostiene que es "esencial" que los países tengan una defensa "adecuada". "Si no te armas adecuadamente, tienes una situación como en Ucrania", alerta el experto, que remarca que lo importante en Europa es que haya cooperación para que el rearme de un país no cause "fricciones" con los vecinos.
Pero la palabra seguridad no debe asociarse solo a la idea de rearme. Igual que Pozo, otros analistas tampoco suscriben el famoso aforismo latino "Si vis pacem, para bellum". "Cuando preguntas directamente a las personas qué entienden por seguridad, la mayoría describe necesidades como los medios de subsistencia, la vivienda, el acceso a la atención sanitaria y el medio ambiente", dice Richard Reeve. "Se trata de vivir libres de privaciones y de miedo, pero este miedo puede estar tan relacionado con un futuro desolador –por ejemplo, la pobreza, las desigualdades extremas o el colapso climático– como con el temor a un ataque o a una guerra".
Sea como sea, las amenazas no solo vienen de la Rusia de Putin o, en un ámbito más global, el Irán de los ayatolás. Hay otras que también impactan en la vida de los seres humanos. Por ejemplo, la irrupción de la inteligencia artificial, el cambio climático o la desatención a las políticas de bienestar y ayudas sociales porque todo debe quedar supeditado al mantenimiento de la industria militar. "Este es el debate clásico entre pan y cañones (guns versus butter)", dice el profesor Rob Dover, refiriéndose al dilema clásico entre destinar los recursos públicos a la defensa o dedicarlos a mejorar las condiciones de vida de la población. "Hay razones de peso, de carácter keynesiano o vinculadas a la política clientelar, para promover el gasto en defensa. Pero, en última instancia, la seguridad depende del equilibrio entre una economía sólida, la capacidad de gasto y las tecnologías de seguridad reales", comenta.
Alemania, como recuerda Rafiq, es el ejemplo que antes de 2022 tenía un gasto en defensa "relativamente moderado" que coexistía con una "economía sólida y un estado del bienestar extenso". Esto no quiere decir que un gasto militar más bajo explique por sí solo sus medidas de protección social, pero "ilustra que un gasto importante en defensa no es el único fundamento de la seguridad". Y remacha: "La cuestión sigue siendo cómo equilibran los estados estas prioridades y si el aumento del gasto militar se produce a costa de las medidas de protección social que también permiten a las personas vivir con seguridad".
En este sentido, "a menudo se presenta la seguridad militar y la seguridad vinculada al bienestar como contradictorias por razones económicas", explica la profesora Norma Rossi, especialista en estudios críticos de seguridad y de la guerra, de la Universidad de St. Andrews (Escocia), que introduce en el debate el concepto "de seguridad humana". Con esta idea, sostiene, "llegamos a la definición de seguridad [que proporcionan] las Naciones Unidas, como «ausencia de miedo y ausencia de necesidades»" de ciudadanos y ciudadanas.
Así, Rossi combate la idea de que "un aumento del gasto en defensa deba ir necesariamente acompañado de recortes en otras formas de seguridad, tales como la protección social, que incluye el acceso a los servicios públicos", ya sean escuelas, sanidad, vivienda asequible u otras medidas asistenciales.
¿La IA proporciona seguridad?
En este contexto, la carrera sin freno por el rearmamento está estrechamente vinculada también con el desarrollo tecnológico. Y en la tercera década del siglo XXI, tecnología significa inteligencia artificial, una herramienta que aumenta las capacidades mortíferas de cualquier ejército. ¿La IA proporciona más seguridad, pues?
En palabras de la profesora Rafiq, "el uso de la inteligencia artificial en actividades militares plantea serias preocupaciones por los daños causados a la población civil, tal como se ha documentado en Gaza". La conclusión, asegura Rafiq, "es que no se puede desvincular la contribución de la IA a la seguridad de la manera como se desarrolla, de quién controla su uso y de quién ve afectado su bienestar". Coincide con ella Norma Rossi, que va más allá. "La tecnología, y especialmente la IA, conlleva riesgos para las libertades civiles y la privacidad, además de generar problemas de discriminación y falta de precisión." Majcin añade que la IA es "una amenaza que se escapa al control" humano y avisa de que Europa debería concentrar los esfuerzos en romper la dependencia de EE. UU. en este ámbito, una opinión que comparte Pozo.
Y mientras que las grandes potencias están inmersas en "una carrera armamentista impulsada por la IA", la gobernanza internacional de esta tecnología no avanza al mismo ritmo, "lo que deja importantes vacíos normativos", destaca Rossi. Las industrias de la defensa dependen cada vez más de las empresas tecnológicas privadas, que ganan influencia en ella.
Además de las amenazas reales, hay un elemento clave para convencer o presionar a los ciudadanos de que hacen falta más cañones que pan: el miedo. Un miedo que no es nuevo, según el profesor Dover, pero que ahora es mucho más real. "Durante los últimos diez años, se ha generado artificialmente mucho miedo desde el extranjero y se ha exportado a los países europeos en forma de desinformación e información falsa. Ahora está mucho más justificada", dice, al mismo tiempo que señala a Rusia como la principal amenaza.
Pero el miedo también se construye y se propaga, y detrás hay suficientes intereses. La profesora Norma Rossi advierte que "los medios de comunicación y las redes sociales influyen poderosamente en quién o qué debe temer la gente y por qué motivos". Las plataformas digitales, añade, pueden conducir a los usuarios hacia "cámaras de eco" donde se refuerzan relatos similares y se reduce la presencia de voces alternativas. Todo ello confirma otra de sus ideas: "La seguridad es una herramienta discursiva muy poderosa, porque permite legitimar decisiones políticas presentándolas como respuestas urgentes a desafíos existenciales".
Lo que es innegable es que Europa tiene muchos por delante, y vienen tanto del este como del oeste; tanto del enemigo tradicional como del viejo amigo en quien parece que ya no puede confiar. En función de cómo responda, optará por reforzar sus pregonados valores o sustituirlos.