El SNP lanza una gran campaña para presionar a Burnham y conseguir un segundo referéndum para Escocia

Los nacionalistas quieren medir el apoyo a un nuevo plebiscito con una encuesta hecha entre 1,5 millones de personas

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Partidarios de la independencia de Escocia, durante un acto de la campaña del referéndum de 2014, celebrado en Glasgow el 17 de septiembre de 2014
15/10/2026 - 17:24 h

LondresEl Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) está decidido a mostrar al primer ministro británico, Andy Burnham, que la independencia, o al menos un segundo referéndum, tiene suficiente apoyo entre la ciudadanía del país. Por eso los independentistas han aprovechado la apertura este jueves de su congreso anual, que tiene lugar en Aberdeen hasta el sábado, para lanzar la campaña "Choose Scotland", definida por el SNP como la más ambiciosa desde el referéndum de 2014.

La movilización se alargará hasta Navidad e incluirá anuncios digitales, un espacio de propaganda política televisiva y una encuesta sobre la independencia y el derecho a decidir, que el partido prevé distribuir a 1,5 millones de personas. También habrá una jornada nacional de movilización el 30 de noviembre, día de San Andrés, patrón de Escocia.

En declaraciones a la prensa previas al inicio del conciliábulo, el primer ministro, John Swinney, ha asegurado que el movimiento independentista vuelve a ganar impulso. "El viento sopla a favor del SNP y del movimiento del sí", ha dicho, y ha reivindicado la mayoría favorable a la independencia que existe, en escaños, en el Parlamento escocés. La formación, que el próximo año cumplirá 20 años en el poder, también asegura que el apoyo al sí llega actualmente al 52%, según una encuesta publicada por Survation esta misma semana, cuando se excluyen los indecisos. La cifra, sin embargo, no equivale al apoyo sobre el conjunto del electorado, más o menos 4,3 millones de personas.

En todo caso, la campaña quiere capitalizar el presunto desgaste de los laboristas al norte del Muro de Adriano. La mencionada encuesta sitúa al SNP al frente de la intención de voto para las elecciones generales británicas de 2029. Un horizonte mucho más que lejano a estas alturas, a pesar del tam-tam de adelanto electoral que se siente en Westminster, según el cual Burnham buscaría la validación de un mandato propio la próxima primavera.

Periódicamente el independentismo escocés intenta buscar fórmulas para revivir el movimiento, con la vista puesta en la celebración de la segunda consulta. Hace un mes, el SNP, el Plaid Cymru (galeses) y el Sinn Féin (republicanos irlandeses) escenificaron la creación de un frente común para intensificar la presión sobre el primer ministro y romper una lanza en favor de la independencia y la aceptación de consultas legales y vinculantes. Londres, de momento, no quiere saber nada al respecto.

"El tiempo de Westminster se está acabando", escribían en la declaración conjunta, firmada por el primer ministro de Escocia, John Swinney; el de Gales, Rhun ap Iorwerth, y la jefa del ejecutivo norirlandés, Michelle O'Neill. Una frase más que optimista, en especial en el caso del País de Gales, donde los partidarios de romper con el Reino Unido no han superado nunca el 30%, y donde no es ninguna prioridad inmediata, ni siquiera del actual ejecutivo, formalmente independentista.

Sí que lo es para el de Escocia, y por eso John Swinney ha vuelto a lanzar el anzuelo este jueves. Y no lo ha hecho en el vacío. El 9 de septiembre, durante la sesión de control del primer ministro, Andy Burnham aseguró que se podría celebrar un segundo referéndum si la opinión pública mostrara suficiente apoyo. Por eso la campaña "Choose Scotland" incluye la realización de la encuesta más numerosa que se haya hecho nunca sobre la cuestión.

El primer ministro de Gales, Rhun ap Iorweth; el de Escocia, John Swinney; la presidenta del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, y la primera ministra de Irlanda del Norte, Michelle O'Neill, firmando la declaración conjunta en Cardiff, Gales.

Con anterioridad, como ha sido habitual en todos los primeros ministros, desde Theresa May (2016) hasta Keir Starmer (2026), Burnham había dicho que el referéndum no estaba "sobre la mesa". Pero en la cámara, Burnham comparó la situación con las condiciones para celebrar un referéndum sobre la reunificación de Irlanda del Norte con la República de Irlanda, según lo que establecen los Acuerdos de Paz de Viernes Santo. En otras palabras, si hay suficiente gente que quiere votar o que es partidaria de la independencia, el derecho a que se pronuncien no se puede negar. Hay que establecer, sin embargo, cuáles son las fórmulas para medirlo. ¿Bastará solo con una encuesta gigantesca impulsada por el SNP? Difícil de decir, y difícil de tragar para el gobierno de Londres.

Asuntos constitucionales, a debate

El congreso de Aberdeen tiene las cuestiones constitucionales en el centro del debate, con resoluciones sobre la independencia, la reincorporación a la Unión Europea –en esto el SNP coincide con Burnham–, la transferencia de más competencias a Edimburgo y la abolición del ministerio de Escocia. Swinney defiende que la independencia permitiría al país decidir sobre sus recursos energéticos, volver a formar parte de la UE y gestionar con más autonomía política la atención a las personas mayores.

El congreso coincidirá el viernes con la primera gran visita pública de Andy Burnham a Escocia después de llegar a Downing Street. Según el gobierno británico, la visita se centrará en la descentralización, y el gobierno ha descartado que se anuncien novedades sobre el futuro de los yacimientos petrolíferos de Jackdaw y Rosebank, en el mar del Norte.

El SNP ha invitado a Burnham a asistir a su congreso y le exige que llegue con los 200 millones de libras –unos 230 millones de euros– que los laboristas prometieron para la población de Grangemouth, una ciudad industrial en decadencia, donde el año pasado cerró una refinería, lo que provocó la pérdida de cientos de puestos de trabajo. El SNP reprocha al gobierno británico que haya destinado recursos públicos a otras instalaciones industriales, como las siderúrgicas de Scunthorpe y otras zonas de Inglaterra, y que el compromiso con Grangemouth continúe pendiente.

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