Oriente Próximo

Estados Unidos e Irán retoman las conversaciones sobre el programa nuclear bajo la amenaza militar de Trump

Ambas partes valoran como "positiva" la primera ronda de negociaciones desde la guerra de junio

06/02/2026

BeirutTras meses de estancamiento, Estados Unidos e Irán han reanudado las conversaciones en Mascate, en un gesto cuidadosamente mediado por Omán. Las delegaciones expusieron su lectura sobre el programa nuclear iraní mientras el sultanato evaluó si el proceso podía abrir la puerta a un diálogo directo entre las partes.

El encuentro representa un avance delicado. Por el momento se ha definido un marco de trabajo común, aunque todavía no ha quedado claro si Washington y Teherán han llegado a ningún acuerdo para evitar otra guerra. El contexto no ha podido ser más tenso. Los despliegues militares estadounidenses en la región y la presión de las sanciones económicas dejan claro que la diplomacia se mueve sobre una cuerda floja.

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El enviado estadounidense para Oriente Próximo, Steve Witkoff, acompañado por Jared Kushner, se ha reunido con la delegación iraní liderada por el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien previamente ha conversado con su homólogo omanita, Sayyid Bad. Omán ha ejercido su tradicional papel de discreto mediador, que ha permitido a Teherán conservar abiertas vías de diálogo.

Araghchi ha insistido en que las conversaciones se han desarrollado sobre la base de la igualdad, el respeto mutuo y los intereses compartidos. Subrayó que Irán ha entrado en la diplomacia con "los ojos abiertos" y con la memoria reciente de confrontaciones previas, en referencia a la guerra de 12 días de junio en la que Estados Unidos respaldó el ataque de Israel contra Teherán. Por su parte, Washington mantuvo la presión y la amenaza de una acción militar si la vía diplomática acaba fracasando. Las conversaciones llegan después de la brutal represión en Irán contra los manifestantes antirégimen y en medio de una escalada sostenida de tensiones con Estados Unidos.

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La intervención de mediadores regionales como Qatar, Arabia Saudita y Omán habría sido clave para mantener abierta la negociación. Ambas partes han acordado centrarse inicialmente en el programa nuclear y aplazar el debate sobre misiles balísticos: Teherán ha buscado avanzar por fases, priorizando la creación de confianza en el ámbito nuclear antes de abordar otros temas, mientras que Washington ha insistido en un enfoque más amplio que ha incluido misiles, apoyo a actores armados de la región. Este choque de prioridades evidencia la fragilidad del proceso y limita las posibilidades de rápidos acuerdos.

Máxima tensión

En paralelo a las conversaciones, la embajada virtual de Estados Unidos en Irán ha emitido una alerta instando a los ciudadanos estadounidenses a abandonar el país de inmediato, y el Mando Central estadounidense ha difundido imágenes del portaaviones USS Abraham Lincoln abasteciendose al mar Arábigo, lo que confirma la presencia naval reforzada en la región. Irán ha advertido de una escalada regional si no se respetan sus condiciones de negociación, mientras que el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, ha señalado que se han estado acumulando "condiciones hacia una masa crítica" que podrían provocar el colapso del régimen iraní. Todo ello en medio de la amenaza de una acción militar directa de Washington.

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La elección de Omán como sede no ha sido casual. Masqat ha servido históricamente como mediador discreto y fiable, permitiendo a Teherán explorar posibilidades de entendimiento sin exponerse a más presión. A diferencia de Turquía o Qatar, Omán no acoge bases militares estadounidenses, lo que le ha hecho aceptable para el régimen iraní.

Para Teherán, haber tenido un canal diplomático controlable ha ayudado a reducir riesgos, evitar problemas políticos y mantener su independencia en medio de la presión militar y las sanciones. La discreción y el hecho de que el mediador sea el mismo han sido claves para que Teherán participe en las conversaciones.

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La discusión sobre el programa nuclear sirve, en principio, para definir un terreno común, pero no ha garantizado resultados sustantivos. Las conversaciones pueden avanzar con pasos limitados, atascarse frente a nuevas tensiones o incluso colapsar. Mientras, la amenaza militar sigue siendo un telón de fondo constante que marca el ritmo y la naturaleza de la diplomacia.

El éxito de estas negociaciones depende tanto de la voluntad de las partes de comprometerse como de la capacidad de los mediadores para sostener un proceso que ha mantenido Washington y Teherán al límite de la confrontación y de la negociación simultáneamente. Por ahora, el marco de trabajo establecido en Omán es un paso inicial en una vía llena de incertidumbre, en la que cualquier avance se mide con cautela y cada palabra tiene un peso decisivo.