Los niños de Gaza vuelven a clase después de tres años con prácticamente todas las escuelas dañadas
El nuevo curso arranca en tiendas y espacios provisionales mientras miles de criaturas continúan sin acceso a una educación estructurada
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JerusalénEn Gaza, volver a la escuela no significa necesariamente volver a un edificio escolar. Para miles de niños, el nuevo curso ha comenzado en tiendas, patios y espacios de aprendizaje provisionales. Hay libretas y pizarras, pero también escombros, desplazamientos y niños que todavía hacen cola para conseguir agua antes de empezar las clases. En medio de todo esto se respira una sensación que durante tres años había quedado aparcada: la posibilidad de que alguna cosa vuelva a parecerse a la vida de antes.
“Antes de la guerra, todos mis nietos estaban escolarizados, iban a las guarderías y a la escuela”, explica al ARA Naeem Mohammed Jneid, conocido como Abu Obaida, un padre de familia desplazado de Jabalia, al norte de la Franja, y ahora instalado en una tienda en Ciudad de Gaza. Por primera vez en mucho tiempo, dice que tiene “una cierta esperanza”.
En la Franja, el curso académico comenzó el 19 de septiembre, casi tres años después de que la escolarización presencial quedara interrumpida por la guerra. Según los últimos datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), unos 495.000 niños en edad preescolar y escolar asisten ahora a espacios de aprendizaje sostenidos por la ONU y otras entidades. Sin embargo, unos 200.000 continúan sin acceso a ninguna forma de educación convencional.
En Ciudad de Gaza, la escuela municipal ha convertido una decena de tiendas en un espacio temporal para recuperar las clases presenciales. “Uno de mis nietos sueña con ser ingeniero. Ni siquiera ha podido estudiar ni escribir con normalidad, pero su sueño es ser ingeniero”, explica Abu Obaida. Otro de sus nietos quiere ser neurólogo.
En otros puntos de la Franja, los alumnos estudian en patios, edificios dañados o instalaciones levantadas con palés de madera. Algunas clases tienen colchones en lugar de mesas y sillas, y el material escolar sigue siendo escaso. Desde el inicio de la guerra, tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, la falta de material escolar ha sido una constante, y el poco que se encuentra a menudo es inasumible para muchas familias. Una libreta que antes costaba menos de un euro puede llegar ahora a los cinco euros.
Prácticamente todas las escuelas están dañadas por los bombardeos.
El vacío que ha dejado la guerra en la educación es mucho mayor que el que pueden cubrir estas aulas provisionales. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que unos 700.000 menores de entre 4 y 17 años han pasado casi tres cursos sin una escolarización presencial formal regular. Además, en abril, la organización estimaba que cerca del 98% de los edificios escolares de Gaza habían sufrido daños desde el inicio de la guerra y que más del 93% necesitaban una rehabilitación importante o una reconstrucción completa para poder volver a funcionar.
“La situación alrededor de las escuelas es muy difícil –describe a este diario Mohammed Qomssan, trabajador de Defensa Civil en la Franja de Gaza–. Los niños vuelven en un entorno absolutamente destrozado, con servicios de emergencia que disponen de recursos muy limitados y con el riesgo de que todavía haya edificios inestables o restos explosivos de la guerra”, añade. En caso de emergencia, explica, evacuar una escuela puede ser extremadamente complicado porque las carreteras continúan gravemente afectadas.
La ruptura educativa, sin embargo, no se puede medir solo en edificios destruidos. También se mide en el tiempo que los niños han dejado de aprender. Un informe del ministerio de Educación palestino publicado en mayo describe esta interrupción en términos de tiempo: entre 2023 y 2026, los días lectivos anuales se han reducido de 200 a 60, mientras que las horas lectivas semanales han pasado de 30 a 12. En la práctica, dos tercios del curso escolar han desaparecido de la vida de los alumnos.
Incluso cuando hay un aula, los niños tienen que estudiar con un acceso limitado a la electricidad, el agua, el saneamiento y la protección frente al clima. Pero el mayor reto lo resume Qomssan: se les pide que vuelvan a clase mientras las condiciones que les rodean todavía están muy lejos de la normalidad. Por eso dice que lo que está pasando ahora no es exactamente el regreso del sistema educativo que había antes en la Franja, sino “un intento de emergencia de mantener viva la educación hasta que se puedan reconstruir las escuelas y poder enseñar en condiciones”.
La vuelta a clase coincide con una reducción de la violencia respecto a los momentos más intensos del conflicto, después del alto el fuego anunciado en octubre de 2025. Pero no ha significado el final de la inseguridad. Los ataques han continuado y, a comienzos de septiembre, al menos dos niños murieron en un ataque israelí. Según el ministerio de Educación palestino, entre el 7 de octubre de 2023 y el 17 de febrero de 2026 murieron más de 20.000 estudiantes de escuelas, institutos y universidades, así como cerca de un millar de trabajadores de la educación.