Trump tampoco puede detener a Netanyahu: Israel mantiene los ataques sobre el Líbano y bombardea un hospital

El ejército israelí sigue lanzando misiles contra territorio libanés a pesar de que el presidente estadounidense ha exigido a Tel Aviv que detenga los ataques

02/06/2026

BeirutA pesar de las promesas de desescalada desde Washington, en el sur del Líbano nada parece haber cambiado este martes. Los habitantes de Nabatiyeh apenas han tenido tiempo de procesar los anuncios de tregua cuando las sirenas, las órdenes de evacuación y los bombardeos israelíes han vuelto a imponerse sobre cualquier expectativa de calma.

Varias oleadas de ataques aéreos israelíes han impactado contra la ciudad a lo largo de la jornada. Las explosiones se han sentido hasta la región de Zahrani, mientras la aviación golpeaba también localidades de los distritos de Bint Jbeil y Tiro, donde los misiles han impactado contra un hospital, según denuncia Médicos Sin Fronteras. En el ataque, como mínimo cuatro personas han muerto y 127 han resultado heridas, entre ellas 39 miembros del personal del hospital. Horas antes, el ejército israelí había ordenado la evacuación completa de Nabatiyeh, acusando a Hezbollah de violar el alto el fuego y advirtiendo de nuevas operaciones militares.

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La escena refleja la brecha que continúa separando la diplomacia de la realidad sobre el terreno. Tan solo veinticuatro horas antes, Donald Trump había asegurado haber persuadido al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para cancelar un ataque previsto contra los suburbios del sur de Beirut. El presidente estadounidense afirmó además que Israel y Hezbollah habían aceptado una suspensión mutua de los ataques. No obstante, los enfrentamientos han continuado durante la noche y los bombardeos israelíes han proseguido durante toda la jornada de martes.

El cansancio en la Casa Blanca parece palpable. Según reveló esta madrugada el medio estadounidense Axios, Trump dijo a Netanyahu que está loco por continuar los ataques en Líbano y lo acusó de ser un "desagradecido", recordándole que le ha ayudado a no tener que entrar en prisión con el apoyo de la Casa Blanca en su juicio por corrupción. Según la fuente de Axios, Trump le espetó: "Eres un loco de cojones. Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo. Todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por lo que haces". Otra fuente aseguraba que Trump está "harto" y que en un momento de la conversación preguntó al primer ministro israelí: "¿Qué cojones estás haciendo?"

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Israel sostiene que Hezbollah ha lanzado misiles y drones contra comunidades del norte del país, una acusación que utiliza para justificar la continuidad de sus operaciones militares. El movimiento chiíta, por su parte, continúa insistiendo en que responde a la presencia de tropas israelíes en territorio libanés. Tal como ocurre desde el inicio de esta fase del conflicto, ambas partes se acusan mutuamente de violar una tregua que, en la práctica, nunca ha llegado a consolidarse.

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Beirut, bajo el foco

Lejos de rebajar el tono, responsables israelíes han reiterado sus amenazas contra Beirut. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha afirmado que cualquier ataque de Hezbollah contra el norte de Israel podría desencadenar bombardeos contra la Dahieh, el bastión del movimiento chiita en los suburbios meridionales de la capital. Katz ha asegurado incluso que este principio cuenta con el apoyo de Washington. Más allá de la controversia sobre este supuesto aval estadounidense, el mensaje ha sido claro: la posibilidad de una ampliación de los ataques sigue sobre la mesa.

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Detrás de las discusiones diplomáticas hay una realidad mucho más tangible. Cerca de 3.500 personas han muerto en el Líbano desde el inicio de la ofensiva israelí y más de 1,2 millones han sido desplazadas. En el sur del país, las carreteras se han convertido en rutas de evacuación recurrentes y muchas familias han tenido que abandonar sus hogares varias veces en pocos meses, siguiendo el avance de los combates, los bombardeos y las sucesivas órdenes de evacuación.

La persistencia de los combates resulta especialmente significativa porque coincide con una nueva ronda de negociaciones entre Israel y el Líbano en Washington para intentar establecer las bases de un alto el fuego más duradero después de meses de una tregua constantemente vulnerada.

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Sin embargo, la ofensiva israelí sobre el Líbano se ha convertido en una pieza central de una negociación mucho más amplia que involucra a los Estados Unidos y a Irán. Teherán ha dejado claro que considera el frente libanés inseparable de cualquier acuerdo regional. Para Irán, el futuro de Hezbollah forma parte de cualquier acuerdo regional. Por ello, insiste en que el alto el fuego en el Líbano sea una condición previa para avanzar en las negociaciones con Washington.

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Por el lado libanés, el presidente del Parlamento, Nabih Berri, principal interlocutor entre Hezbolá y los estadounidenses, ha convertido esta demanda en el eje de sus conversaciones. Para él, cualquier acuerdo pasa por un alto el fuego global que ponga fin a los ataques israelíes “por tierra, mar y aire” en todo el territorio libanés. Su entorno asegura que, si se logra un acuerdo de estas características, Hezbolá respetará sus compromisos.

Para la administración Trump, el desafío consiste en evitar que la escalada en Líbano descarríe unas conversaciones con Irán consideradas esenciales para estabilizar la región. De ahí los esfuerzos de Washington por contener una expansión de la campaña israelí hacia Beirut y mantener abierta la vía diplomática.

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Pero sobre el terreno la lógica continúa siendo otra. Israel sigue golpeando objetivos en el sur del Líbano mientras mantiene la amenaza sobre la capital como instrumento de presión. Hezbolá, debilitado, pero lejos de ser derrotado, sigue presentándose como actor indispensable en cualquier negociación. Entre ambos, la población civil vuelve a quedar atrapada entre anuncios diplomáticos que generan expectativas de calma y una guerra que se resiste a desaparecer.