Putin escala la amenaza nuclear: “El punto de no retorno puede llegar de forma inesperada”
El presidente ruso insiste en que "no amenazan a nadie", pero que si son agredidos "tendrán que responder"
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MoscúVladímir Putin insiste en recurrir a la retórica nuclear para amenazar a Occidente. Tras la alarma generada por las cartas que Rusia envió a la OTAN alertando del posible uso de armas atómicas si los países europeos bloqueaban la región rusa de Kaliningrado, el líder del Kremlin ha escalado el tono de las amenazas. “El punto de no retorno, el momento en el que ya no se podrá cambiar nada puede llegar de forma inesperada para todos”, ha dicho desde el Foro Valdai, el escenario que cada año utiliza para fijar la posición de Moscú en política exterior.
El presidente ruso ha revestido su intervención de una pretendida preocupación por los riesgos de la proliferación nuclear. “¿Podemos estar seguros de que estas armas no se utilizarán nunca? Está claro que no. Todos conocemos aquella famosa frase: si al principio de la obra hay un fusil colgado en una pared del escenario, tarde o temprano se acabará disparando. Debemos tenerlo presente y evitar escenarios catastróficos en los que la humanidad se encuentre al límite de la catástrofe”, ha declarado, empleando una cita del escritor ruso Antón Chéjov. Putin cree que los líderes comunitarios están impulsando esta escalada por “arrogancia y exceso de confianza” y que esto conduce al planeta “hacia el borde del abismo”.
El presidente ruso asegura que “no tiene intención de atacar a nadie, ni en 2029, ni en 2030, ni en 2050”. En cambio, considera que es Europa quien se está preparando para una guerra con Rusia y que, por tanto, Moscú se ve obligado a plantear cómo reaccionar a ello: “No estamos intimidando a nadie, pero si nos agreden tendremos que responder”. Y entre estas respuestas, ha señalado que se planteará recurrir a “todo el arsenal”, incluido el atómico, porque es la ventaja “competitiva” de la que dispone dada la superioridad numérica de los ejércitos europeos.
Aunque ha sido Rusia quien ha puesto la carta nuclear sobre la mesa, opina que es la OTAN quien “empuja a tensar la situación, sube las apuestas, hace a menudo faroles y traspasa líneas rojas con la esperanza de someter e intimidar al adversario, y de doblegarlo por la fuerza”. La realidad, sin embargo, es que no es la primera vez que Moscú recurre a amenazas de este tipo. Cada vez que los países de la Alianza Atlántica han dado pasos para aumentar el apoyo militar a Ucrania, el Kremlin ha respondido blandiendo el espantajo atómico. Ya en 2023, cuando los socios de Volodímir Zelenski reafirmaron su compromiso con la ayuda militar a Kiev, la diplomacia rusa advirtió de unos presuntos planes occidentales de bloquear Kaliningrado y también entonces amenazó con responder. Y en 2024 volvió a avivar el discurso nuclear cuando, por primera vez, Francia comentó la posibilidad de desplegar tropas de paz en Ucrania.
Periódicamente, la inteligencia militar rusa publica informes sobre supuestas amenazas occidentales, sin aportar ninguna prueba, que se utilizan para presentar la retórica agresiva del Kremlin como defensiva. En febrero, sin ir más lejos, los espías rusos afirmaron tener indicios de que Francia y el Reino Unido estaban moviendo hilos para proporcionar bombas radiactivas a Kiev. Una acusación que París y Londres negaron.
El lenguaje nuclear es el pan de cada día de los sectores más radicales del poder ruso, así como de algunos de los académicos y propagandistas con más tirada en los medios. Aun así, es sintomático que esta semana la agencia estatal de noticias RIA se viera obligada a eliminar una columna de un periodista que vaticinaba una nueva “operación militar especial” contra los bálticos ante la posibilidad de que estos gobiernos alojaran armas atómicas en su territorio. Es decir, el Kremlin entiende que la disuasión tiene unos límites que conviene no cruzar.
Las fábricas europeas, objetivo legítimo
Putin se siente cómodo en la ambigüedad de las acusaciones de guerra híbrida, una práctica que no reconoce, pero que admite que estaría justificada. En este sentido, considera que los países de la OTAN ya están librando una guerra con Rusia a través de Ucrania. Esto abre la puerta, desde su punto de vista, a situar las fábricas de armamento europeas que suministran a Kiev como un objetivo legítimo. “No diremos que se deban atacar inmediatamente, pero valoraremos esta amenaza”, ha concluido.
En su enfrentamiento con Occidente, el presidente ruso también ha advertido que no descarta expropiar empresas extranjeras en caso de que países “hostiles” nacionalicen compañías rusas. “Estamos creando las condiciones para que, si se roban nuestras empresas, podamos responder simétricamente”, ha indicado, en referencia a multinacionales como Nestlé o Auchan, que las autoridades rusas han puesto “temporalmente” bajo control estatal.