Putin intensifica la caza a los comunistas rusos

El líder del partido, Guennadi Ziugánov, mantiene la lealtad al Kremlin, mientras sus bases se rebelan

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El vicepresidente del Comité Central del Partido Comunista Ruso, Vladímir Kashin, el líder del Partido Comunista Ruso, Guennadi Ziugánov, y el primer vicepresidente del Comité Central del Partido Comunista Ruso, Yuri Afonin (de izquierda a derecha), durante la ofrenda floral en el Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú.
06/11/2026 - 07:40 h

MoscúEn el 109º aniversario de la Revolución de Octubre, los comunistas rusos se enfrentan a uno de los momentos más delicados de su historia. El Kremlin ha prohibido varios de los actos conmemorativos del partido para este sábado porque tienen miedo de que las concentraciones se desborden y se conviertan en protestas contra Vladímir Putin. Es lo que pasó hace un mes en Moscú, cuando un grupo de jóvenes activistas aprovechó una manifestación de la vieja guardia para gritar “¡Fuera el zar!” y hubo una sesentena de detenciones.

El Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), una formación que desde la caída de la Unión Soviética ha sido la principal fuerza de oposición del país, se ha ido desdibujando en el teatro político de Putin a raíz de la invasión de Ucrania, que su dirección acogió con fervor. Pese a esto, la delicada situación económica y los bloqueos de internet han crispado a sus simpatizantes más jóvenes, que vinculan estos problemas a la guerra. La manipulación de las recientes elecciones legislativas y la persecución contra algunos de sus miembros ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos militantes y dirigentes regionales, deseosos de un cambio en un tablero de juego cada vez más estrecho.

Su presidente, el histórico Guennadi Ziugánov, que siempre ha navegado entre la lealtad a Putin y la protesta calculada, se encuentra entre la espada y la pared: si mantiene la complacencia con el poder y desautoriza a los disidentes, se arriesga al divorcio con su base. Ahora bien, también sabe que si no es capaz de controlar la militancia y se convierte en un foco contestatario dentro del sistema, puede perder el poco margen que todavía tiene para hacer política y la supervivencia del partido se verá amenazada.

“Históricamente, si eres una persona joven en una ciudad de provincias rusa y quieres hacer política de oposición, criticar a Rusia Unida y cuestionar el sistema, tienes que afiliarte al Partido Comunista”, apunta al ARA Iliá Budraitskis, historiador y analista político ruso, experto en la izquierda postsoviética. Desde su punto de vista, en este contexto, el papel de Ziugánov ha consistido en “jugar según las reglas del sistema”, mientras intentaba preservar el partido como “una especie de espacio seguro para estos jóvenes”. Ahora, sin embargo, cree que este equilibrio “podría quedar en entredicho”.

La policía ha detenido a los jefes de algunas ramas regionales que se negaban a reconocer los resultados “ilegítimos” de las elecciones. En declaraciones a este diario, el exdiputado comunista Evgueni Stupin no ve en ello “un punto de inflexión” en esta deriva, sino que lo enmarca en la “tendencia general” de ir “aplastando sistemáticamente todo el espacio de la oposición”. En cambio, Budraitskis sí lo interpreta como un momento de ruptura y vaticina que veremos más encarcelamientos de caras jóvenes y populares del partido, como Nikolai Bondarenko, a quien ya vetaron en las elecciones.

El historiador opina que Ziugánov y su entorno están “absolutamente dispuestos a traicionar a sus propios militantes” y que, por tanto, “no opondrán ninguna resistencia seria” a esta persecución. Sin ir más lejos, se fija en el hecho de que, pese a criticar el fraude y las descalificaciones de candidatos, el PCFR ha reconocido los resultados de las elecciones, “una de las condiciones necesarias para que el partido pueda existir legalmente dentro del sistema político ruso”.

En riesgo de desaparecer

El principal obstáculo al que se enfrenta Ziugánov a la hora de conciliar la subordinación al régimen y la crítica a las políticas del gobierno es que el Partido Comunista mantiene inmutable el apoyo a la invasión de Ucrania. “Cuestiones como la vivienda, la educación y la sanidad serán cada vez más dolorosas para la población y más vinculadas a la guerra en curso”, argumenta Budraitskis. Ziugánov intenta infructuosamente atraer a Putin y a los servicios secretos hacia posiciones menos iliberales y más progresistas e incluso advierte al gobierno del peligro de una oleada de protestas. “Si no tomáis urgentemente medidas financieras, económicas y de otro tipo, nos enfrentaremos a lo que pasó en 1917. ¡No tenemos derecho a repetirlo!”, declaró desde el parlamento ruso. Es decir, un líder comunista intentando prevenir a Putin de una nueva revolución comunista.

“Creo que entiende perfectamente que este es un momento muy peligroso –apunta Budraitskis–. El régimen avanza hacia una dictadura totalitaria real y se da cuenta claramente de que incluso la existencia legal del partido podría quedar comprometida”. Budraitskis está convencido de que Ziugánov es “un hombre con mucha confianza en sí mismo” y que está “completamente dispuesto a jugar según las reglas del sistema político actual”. Sin embargo, plantea qué pasará cuando se retire. El político tiene 82 años, lleva 33 al frente del PCFR y, tal como sostiene el experto, “no hay ninguna garantía de que el partido continúe existiendo después de su dimisión”.

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