¿Tiene Putin planes para atacar a la OTAN? Así se ve desde Rusia
El presidente ruso eleva el tono de las amenazas con el objetivo de que Europa deje de armar a Ucrania
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Moscú"No solo es una tontería, sino también un ejemplo de provocación". Vladímir Putin se ha hartado de negar su responsabilidad en los actos de sabotaje que las autoridades europeas atribuyen a Moscú y de menospreciar los informes de inteligencia occidentales que avisan de que Rusia se prepara para atacar a la OTAN. Todo lo contrario, en la capital rusa aseguran sentirse amenazados por la creciente militarización de Europa y temen que los aliados utilicen Ucrania para intentar infligirles una derrota estratégica. De hecho, están convencidos de que la Alianza Atlántica ya se encuentra en conflicto con Rusia y que, por tanto, los países europeos son objetivos legítimos, si no de una guerra convencional, sí de una guerra híbrida.
"Rusia ni está elaborando planes ni tiene la intención de atacar a los estados miembros de la OTAN", señala al ARA Vassili Klimov, investigador sénior del Centro para la Seguridad Internacional de IMEMO, una de las instituciones más prestigiosas sobre política global de este país. Los académicos rusos enmarcan la actual espiral de tensión en el dilema de seguridad, un concepto que describe una situación en la que las medidas que toma un estado para sentirse más seguro hacen que otro estado se sienta en peligro y que, por consiguiente, también opte por armarse.
Ahora bien, mientras Rusia argumenta que la invasión de Ucrania está parcialmente justificada por el acercamiento de la Alianza a sus fronteras, los socios comunitarios sostienen que la agresión rusa fue deliberada y que, por tanto, es el Kremlin quien dio el primer paso en la escalada. Cabe recordar que, entonces, Putin también negó hasta el último momento que tuviera intenciones de atacar Ucrania. Evidentemente, era mentira.
Vladímir Putin entiende que su país está genuinamente amenazado por el rearmamento de Europa y por el posible despliegue de armas nucleares en los países bálticos, y que los líderes de estos estados utilizan la "histeria antirrusia" y el miedo a una confrontación para cohesionar a la sociedad contra un enemigo externo y relanzar la industria de defensa. "La principal causa de la actual crisis, por paradójico que pueda parecer, es el miedo que las élites occidentales tienen de Rusia -afirma Klimov-. En Occidente todavía persiste el miedo histórico a una expansión militar sin control de Rusia por Europa, pero esto es una invención de los servicios de inteligencia y de los dirigentes de los países de Europa del Este", añade.
El presidente ruso ha elevado el tono contra Europa a medida que los ataques ucranianos de largo alcance han ido haciendo más daño en el interior del país, ya que considera que serían imposibles sin la "participación directa" de la OTAN. Así pues, Moscú percibe a Kiev como el brazo ejecutor de las capitales europeas. "El objetivo de la estrategia actual de Occidente no es contener a Rusia, como ocurrió durante la Guerra Fría, sino aplastarla", escribe Dmitri Trenin, presidente del Consejo de Asuntos Internacionales Ruso, un think tank muy influyente en Moscú en lo que respecta a política exterior.
Hacia un periodo de inestabilidad
"Moscú quiere someter a Ucrania, como mínimo, y recuperar su esfera de influencia", destaca en el ARA el investigador ruso Igor Gretski, del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad, con sede en Estonia. "Para alcanzar este objetivo, actúa de una manera muy agresiva y utiliza un amplio abanico de herramientas, incluidas las amenazas de un conflicto armado directo y el uso de armas nucleares", explica. El mismo Trenin apuesta por enviar "una señal inequívoca" de que en algún momento Rusia podría recurrir a un bombardeo nuclear táctico.
Pero el consenso entre la mayoría de especialistas es que Putin no está en condiciones de abrir un nuevo frente mientras esté enfangado en Ucrania. "Rusia no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo simultáneamente una guerra convencional a gran escala contra Ucrania y contra la OTAN", subraya Gretski. Según él, todas las amenazas del Kremlin persiguen que los aliados detengan los envíos de armas a Volodímir Zelenski, y por eso "siembra el miedo entre las poblaciones europeas ante la perspectiva de un enfrentamiento armado con Rusia".
Y la misma lógica continúa con la guerra híbrida. El Kremlin no reconoce ni los sabotajes ni los envíos de drones. A menudo se queja de que las autoridades comunitarias le señalan interesadamente, sin pruebas, y que sobrerreaccionan a incidentes normales en un contexto de guerra. Ahora bien, aun sin atribuírselos, da a entender que podrían estar justificados teniendo en cuenta la implicación de la OTAN en Ucrania. Además, Rusia también se siente víctima de la guerra híbrida de Occidente. Acusa a los países europeos de exacerbar la propaganda antirrusia, de financiar sectores que intentan derrocar al régimen o de aplicarles sanciones draconianas.
Trenin admite que la desestabilización de Europa puede tener consecuencias positivas para Rusia con el ascenso de formaciones de extrema derecha y extrema izquierda más predispuestas a negociar con el Kremlin. De todas formas, considera que la única "base mínimamente aceptable" para las futuras relaciones con Bruselas y para restablecer la disuasión en el continente implica ganar la guerra de Ucrania. E, incluso así, concluye que el choque entre Rusia y la OTAN persistirá "durante mucho tiempo" y que nos encaminamos hacia un periodo "muy diferente" comparado con "la estabilidad relativa" de la segunda mitad del siglo XX.