Plataforma per la Llengua ha registrado 3.645 quejas lingüísticas en 2025, un récord absoluto. Desde hace una década, las quejas al servicio de defensa de los derechos lingüísticos de la entidad han subido de manera acelerada y sostenida: desde las 426 de 2015 hasta 2025, el incremento es del 750%. El sector privado es el que registra más denuncias (2 de cada 3 quejas): el 25% de las quejas provienen de la hostelería y la restauración, algo que Plataforma per la Llengua atribuye a un modelo económico que atrae mucha población flotante. También registraron 176 casos de discriminación contra los catalanohablantes por parte de las administraciones públicas, un 40% en los servicios sanitarios. Si miramos solo las administraciones autonómicas de los Países Catalanes, el 92% de las discriminaciones son en el ámbito sanitario. Òscar Escuder, presidente de la entidad, ha dicho este miércoles en el Parlament que "ninguna de las administraciones públicas demuestra tener una voluntad real de hacer respetar los derechos lingüísticos".
¿Cómo se construye el marco mental de la catalanofobia?
Un estudio de la UPF analiza cómo los medios conservadores de Madrid asocian el catalán con conceptos hostiles como cerrazón, radicalidad e inferioridad
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BarcelonaUn estudio de la Universidad Pompeu Fabra que ha analizado durante diez años la prensa escrita del Estado demuestra que los discursos sobre lengua de los medios conservadores españoles "generan y perpetúan una imagen de negativización hacia la lengua catalana, porque la vinculan a conceptos como cerrazón, radicalidad, falta de libertad, falta de democracia, coerción y obligatoriedad", explica el doctor Vicent Climent Ferrando, profesor del departamento de traducción de la UPF y uno de los autores del estudio junto con Albert Morales.
Estos mensajes funcionan como "la gota malaya" y hacen poso a lo largo del tiempo. "Por un lado, construyen un marco mental hostil hacia la lengua catalana y, por otro, establecen implícitamente una jerarquía lingüística muy marcada: una lengua es la buena, la adecuada, la lengua de cohesión y de futuro, y la otra es la lengua subsidiaria, regional, obligada. Las personas expuestas a estos medios acaban teniendo un habitus lingüístico negativizado hacia una lengua y, por lo tanto, rebajan el valor social del catalán", dice Climent Ferrando. Esto se traduce en "antipatía, hostilidad, beligerancia" hacia la lengua y, en conjunto, en catalanofobia.
Intencionalidad política
El estudio, que se presentará este sábado en el seminario de sociolingüística Semicercles, organizado por Plataforma per la Llengua en la Casa Convalescència, ha seleccionado 11.000 titulares y 286 artículos que tratan sobre lenguas y multilingüismo, publicados de 2015 a 2021 en siete medios del Estado (el ARA, La Vanguardia, El Periódico, El Punt Avui, El Mundo, el ABC y El País). De 2022 a 2026 la investigación se centra exclusivamente en la percepción del catalán. A través del análisis de la lexicografía, de la telaraña semántica y del contexto social, Climent Ferrando y Morales han aislado la narrativa de fobia al catalán en los medios españolistas, que según el investigador es "deliberada, sostenida y hostil" y tiene una "intencionalidad política" por parte de formaciones conservadoras para mantener el statu quo en torno a la construcción del Estado.
Los medios conservadores de Madrid ponen especial énfasis en el ámbito educativo, cuando han salido sentencias judiciales contra la escuela catalana, y en la obligatoriedad de la lengua en la función pública. El sesgo ideológico es evidente cuando tratan el multilingüismo, que "es positivo cuando se asocia al inglés y al castellano, pero cuando incluye catalán y castellano en un ambiente de inmersión pasa a ser imposición y radicalidad". "Con la misma realidad, las líneas editoriales son radicalmente opuestas", observa el profesor.
Falta de discurso positivo
"El nacionalismo español banal asocia el castellano a la lengua que toca, a la lengua natural", y considera el catalán "una lengua adjetivada, una lengua que no puede caminar sola, y, por tanto, es una lengua connotada, inferior, cooficial", insiste el investigador. Esta cosmovisión tiene un impacto concreto y palpable en la ciudadanía, más allá de ser percibido como "un ataque identitario" para los catalanohablantes. Porque en algunos sectores sí que puede condicionar la elección de la lengua de uso habitual: "La sociedad catalana crece exclusivamente por la inmigración, de modo que es peligroso que este relato sea predominante porque los recién llegados se apuntarán al caballo ganador y no a la lengua connotada negativamente", afirma.
La prensa progresista española tiene un discurso más modulado pero también ambiguo, que no llega a contrarrestar la negatividad de la derecha. Y la prensa catalana lo hace a través del discurso de los derechos lingüísticos y la igualdad, pero se queda corta ante los datos objetivos. "Ya estamos yendo hacia la latinización del catalán en algunos territorios, donde es una lengua obligada en la escuela y la administración pero no de uso diario", asegura Climent Ferrando, señalando, por ejemplo, el 15% de uso habitual del catalán en lugares como Hospitalet, que ya es tan residual como las lenguas extranjeras. "Quien esté expuesto a los medios contrarios al catalán, no se sumará al catalán. La conceptualización sobre el catalán es decir «qué pesado con el catalán» en lugar de decir «sirve para progresar»", lamenta.
El profesor de la UPF echa de menos más titulares positivos y políticas propositivas: "Si respondes a las narrativas catalanófobas, entras en su marco mental. Más que contrarrestarlas, hacen falta nuevas narrativas. Necesitamos desvincular el catalán de la administración, la educación y la obligatoriedad y vincularlo a la emoción y la pertenencia. Oques Grasses en el Estadio Olímpico es la buena línea editorial; es la mejor política lingüística que se puede hacer", afirma Climent Ferrando, que es coordinador académico de la Cátedra Unesco de Políticas Lingüísticas para el Multilingüismo.