La ciencia hace parada en los micropueblos

Un proyecto del IBB-UAB recorre nueve lugares catalanes, cinco de los cuales en las Tierras de Lleida, para llevar la investigación biomédica y la divulgación científica a las zonas rurales

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Una de las sesiones de Micropueblos y Ciencia
28/10/2026 - 09:03 h

Los TormsLa ciencia también viaja por carreteras secundarias. No solo se explica en las aulas universitarias, en los congresos especializados o en los laboratorios. También puede llegar a una escuela rural, a una sala municipal o a una plaza de un pueblo pequeño, lejos de los principales núcleos urbanos. Con esta premisa, el proyecto Micropueblos y Ciencia ha recorrido este año nueve lugares catalanes para acercar el conocimiento científico a la población rural. El periplo terminó el sábado pasado en Els Torms, en las Garrigues.

La iniciativa, impulsada por el Instituto de Biotecnología y de Biomedicina de la Universidad Autónoma de Barcelona (IBB-UAB) y la Asociación de Micropueblos de Cataluña nace de una pregunta sencilla: ¿todo el mundo tiene las mismas oportunidades de acceder a la información científica? "Yo vengo de una zona aislada, con muchas dificultades para acceder a ella", responde la doctora Tamara Fernández, investigadora postdoctoral del IBB-UAB y principal responsable del proyecto. Ella es originaria de Almendral de la Cañada, un pequeño pueblo de 300 habitantes de la provincia de Toledo, donde años atrás había observado que las iniciativas científicas eran esporádicas. Esto le hizo plantearse si esta realidad también se reproducía en Cataluña, donde ahora trabaja. La consulta a la Asociación de Micropueblos confirmó que tenía sentido probar una fórmula para reducir esta desigualdad.

El proyecto se concibió como una manera de sacar la ciencia de los espacios habituales y llevarla directamente allí donde vive la gente. No se trataba simplemente de organizar conferencias itinerantes, sino de construir una propuesta adaptada a las características de cada municipio, con talleres prácticos, actividades participativas y charlas abiertas a la ciudadanía. La iniciativa obtuvo financiación de la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación (AGAUR) y se desplegó con la colaboración de los ayuntamientos y, cuando ha convenido, en las zonas escolares rurales.

Cinco paradas en las Tierras de Lleida

La ruta ha conectado nueve municipios de diferentes puntos del país (la Granadella, Brunyola, Maials, Bassella, Lluçà, Bot, el Poal, Carme y els Torms). Cinco de estas localidades son de la demarcación de Lérida, mientras que dos son de Gerona, una de Tarragona y otra de Barcelona. La selección de los lugares, hecha por la Asociación de Micropueblos, respondía a criterios territoriales y demográficos, con una atención especial a los municipios de menos de mil habitantes, alejados de los grandes núcleos urbanos y con dificultades de acceso al transporte público.

Jordi Tarragó, miembro de la junta de la Asociación de Micropueblos y concejal de Almatret (Segrià), ha sido uno de los implicados en el proyecto y explica que la entidad siempre se vuelca cuando hay una iniciativa para acercar el conocimiento al mundo rural. A pesar de todo, admite que los consistorios tienen dificultades para movilizarse en este sentido, "incluso cuando se dan las máximas facilidades". El hecho de que hayan sido cinco municipios de nuestra demarcación se explica "porque son los que han sido más receptivos, aunque hemos tenido que dejar fuera a algunos otros", añade Tarragó. El responsable de la asociación justifica que el proyecto de Micropueblos y Ciencia cubre un servicio prioritario, como es la cultura y el conocimiento, "porque esto abre los ojos y da formación a la gente". Por este motivo, Tarragó recuerda que la asociación dispone de una sectorial exclusivamente dedicada a esta temática.

Del ADN del tomate a piezas de Lego y golosinas

El contenido de todas las jornadas se ha articulado alrededor de tres ámbitos: el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas y las enfermedades infecciosas. Son temas de investigación biomédica con repercusiones directas en la vida cotidiana, pero que a menudo se presentan con un lenguaje técnico difícil de entender para quien no tiene formación científica. El reto del equipo de la UAB ha sido convertir estos conceptos en experiencias comprensibles, sin renunciar al rigor.

"Hay una parte práctica que es absolutamente fundamental", subraya Fernández. Por eso, las actividades no se limitan a escuchar explicaciones, sino que invitan a los participantes a experimentar, observar y poner a prueba aquello que aprenden.

En los talleres sobre cáncer y enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo, la extracción del ADN de un tomate ha servido para introducir el papel del material genético y explicar cómo las alteraciones del ADN pueden estar relacionadas con estas enfermedades. También unas piezas de Lego se han convertido en una herramienta para representar mutaciones y entender cómo pueden modificar las proteínas e interferir en el funcionamiento celular. Las golosinas, por su parte, han servido para representar las diferentes fases de la división de las células. Incluso se ha practicado con la observación al microscopio de tejidos cerebrales.

Otros talleres han buscado que los participantes entendieran las dificultades cotidianas que afrontan personas con enfermedades neurodegenerativas, especialmente las que afectan al movimiento. Los participantes han probado de escribir con un dispositivo que provoca vibraciones en la mano o se han abotonado una bata con guantes bien gruesos. También se han hecho ejercicios con pesos en las muñecas y en los tobillos para experimentar las limitaciones físicas.

Una jove participant intentant cordar-se la bata amb uns guants gruixuts

El objetivo no ha sido tan solo simular la experiencia de un paciente, sino facilitar que los participantes entiendan mejor las dificultades que comportan determinados síntomas. La divulgación se convierte, así, en una herramienta para transmitir conocimientos, pero también para fomentar la comprensión hacia los enfermos.

Las actividades sobre enfermedades infecciosas han seguido una lógica parecida. Los participantes han comparado qué ocurre cuando ponen las manos sobre placas de cultivo en diferentes condiciones de higiene o han observado cómo se puede reducir la transmisión de partículas con barreras físicas y de distancia.

Además de los talleres, se han organizado charlas para dar una perspectiva más amplia. En el caso de las infecciones, se ha hablado de la importancia de las vacunas y de la necesidad de contrastar los mensajes falsos o los discursos contrarios. En las sesiones sobre cáncer, se explica cómo se origina la enfermedad, qué tratamientos existen y hasta qué punto ha avanzado la investigación. En las dedicadas a las enfermedades neurodegenerativas, en cambio, el equipo ha puesto el acento en la prevención y las terapias para aliviar los síntomas, sin dar falsas esperanzas en su curación.

El equipo ha ido ajustando las explicaciones a partir de la observación directa, las preguntas del público y los cuestionarios de satisfacción que se pasan al final de las actividades. "Hemos ido aprendiendo poco a poco, de manera casi autodidacta", reconoce Fernández. En total, han participado quince personas del instituto, con especialistas de diferentes ámbitos que se han ido incorporando a las diversas etapas del recorrido.

Fernández define la iniciativa como una prueba piloto que ha permitido comprobar cómo funciona la divulgación científica en entornos rurales y qué adaptaciones requiere. "Tenemos una voluntad muy clara de continuar, porque ha sido una experiencia muy enriquecedora para todos", afirma. La principal dificultad, ahora, es encontrar recursos para mantenerla. La financiación actual se acaba en marzo de 2027 y, por tanto, habrá que buscar nuevas vías que permitan darle continuidad.

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