Cultura

Treinta años 'abrazando' artistas y científicos en medio de los Pirineos

El Centro de Arte y Naturaleza de Farrera consolida un proyecto que conecta creadores e investigadores con el paisaje y las personas que lo gestionan

FarreraHace justamente treinta años, el Centre d’Art i Natura de Farrera (un pueblo de poco más de cien habitantes del Pallars Sobirà) era visto como una idea descabellada. La fundaron la pintora Cesca Gelabert y el geógrafo Lluís Llobet, dos neorrurales con ideas antisistema que ya tenían casa en Farrera. Se dejaron convencer por el activista irlandés Bernard Loughlin (1950-2018), que había sido director años atrás del Tyrone Guthrie Centre, el nombre de una casa-refugio para artistas y escritores europeos de renombre. “En Farrera deberíais hacer lo mismo, y solo vosotros dos podéis construirlo”, insistía Loughlin a la joven pareja catalana.

Ecologismo, feminismo y ruralidad eran algunos de los fundamentos que querían que tuviera. Conceptos que en aquellos tiempos todavía eran demasiado sorprendentes para ser fácilmente entendidos. Costó un tiempo de encaje, sobre todo entre el espectro político catalán. Los dos fundadores picaron mucha piedra para abrir las puertas del centro el 1 de enero de 1996. Llobet asumió la dirección técnica, no solo para crear red y difundir el proyecto, sino también para financiarlo. Bajo el amparo del Ayuntamiento, con el apoyo de todos los residentes del pueblo y a través de una asociación sin ánimo de lucro (Amics del CAN), se encontraron los fondos (mayoritariamente, fondos europeos) para rehabilitar los espacios que ahora hacen de residencia y talleres de creación para los artistas. El consistorio compró la Bastida de Manresà, un antiguo secadero de hierba y las ruinas adyacentes para instalar allí los talleres, una cocina y un comedor y más espacio de residencia. Finalmente, en el año 2005 se pasó del modelo de gestión directa del Ayuntamiento a una indirecta en la que el consistorio mantenía la propiedad de los edificios por los cuales recibía un alquiler y la asociación (que entonces solo tenía medio centenar de socios) se encargaba de la gestión del centro. “Había muchos miedos de dar aquel salto, pero ya veníamos rodados y no había quien nos parara”, recuerda Llobet.

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El resultado ha sido todo un éxito, y el CAN se ha convertido en un referente en el país y en uno de los grandes dinamizadores culturales del Pirineo. No solo ha acogido a los artistas (actualmente al ritmo de 200 anuales), sino que también ha permitido dar vida a un pueblo. La repoblación de Farrera se ha consolidado en gran parte con unos residentes que aún son los mismos de los años ochenta y ha incorporado de nuevos, como el joven dramaturgo Albert Baldomà, que es precisamente quien dirige el CAN desde el 2023.

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el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes le otorgó en 2020 el Premio Nacional de Cultura

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Otro gran éxito del CAN es el hecho de haberse posicionado dentro del panorama de residencias extranjeras: forma parte de la red europea Res Artis y la norteamericana Alliance for Artists Communities. Y es que tener vocación internacional le ha permitido tener visibilidad. Paradójicamente, el reconocimiento en el ámbito nacional costó más. “La mayoría de residencias eran de titularidad pública y tenían el apoyo de las instituciones, y nosotros sufrimos unos años de cierta incomprensión, a pesar de tener mucha más experiencia”, recuerda Llobet. Finalmente, el Consell Nacional de la Cultura i de les Arts le otorgó en 2020 el Premi Nacional de Cultura.

Baldomà ahora está invirtiendo el proyecto para dar un paso más allá. Su dirección ha permitido no solo rejuvenecer a los usuarios del centro, sino también dotarlo de una bocanada de aire fresco. “Los tiempos están cambiando y las vidas también”, justifica Baldomà. Y es que un factor importante de este cambio es la lastimosa precarización que sufren hoy los artistas (sobre todo los de nuestro país). La nueva dirección no quiere que el centro se convierta en un servicio estacional, y aún menos en un destino vacacional, sino en una herramienta más del proceso creativo. “Nuestro objetivo es reproducir la forma irlandesa, que sean las instituciones las que pongan más recursos para que los artistas e investigadores puedan venir de forma gratuita”, reivindica. De aquí los numerosos convenios y conversaciones que Baldomà ya ha arrancado con instituciones como la Acadèmia del Cinema Català o la Associació Catalana de Dramatúrgia.

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En cualquier caso, los treinta años se han celebrado. El 2 de mayo se organizó Lo Cireral, una jornada especial que contó con catorce poetas (entre ellos Enric Casassas, Biel Mesquida, Mireia Calafell, Antoni Clapés y Carles Rebassa) que generaron un particular bosque de recitales. La celebración culminó con una comida popular y música en vivo para celebrar todo un imposible.