El primer 3Cat en Viu queda lejos de la extinta Fiesta de los Súpers en asistentes
Quim Masferrer actuó en el Palau Sant Jordi para celebrar diez temporadas de 'El Foraster'
BarcelonaCerca de 50.000 personas se han acercado este fin de semana a L'Anella Olímpica de Montjuïc para asistir a 3Cat en Viu, el evento con el que la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals busca recuperar el espíritu de la Festa dels Súpers pero ampliando el perímetro a los espectadores, oyentes y usuarios también adultos. Son datos que quedan lejos de su predecesora, desaparecida en 2017, cuando registró 190.000 visitantes –y que había ido cayendo, respecto a 2011, cuando marcó récord con 420.000 asistentes–.
Las actividades eran gratuitas, pero cada día había un acto central que sí era de pago y que se celebraba en el Palau Sant Jordi. El del sábado, por ejemplo, costaba 26 euros y era el espectáculo de Quim Masferrer para celebrar las diez temporadas de El Foraster. A pesar de llenar solo la mitad del aforo, el actor y humorista ha podido calentar el recinto entero con sus historias entrañables. Había representantes de los 120 pueblos pequeños a los que el programa ha dedicado un episodio, y el exmiembro de Teatre de Guerrilla los ha querido nombrar a todos, uno por uno, en una canción trepidante que ha hecho que una señora de 85 años haya celebrado oír el nombre de Sant Llorenç de la Muga como si el Barça, a pesar de no jugar, hubiera marcado el gol de la victoria en la final de la Champions que se jugó unas horas más tarde.
El especial ha permitido ponerse al día con algunos de los personajes célebres del programa. Así, sabemos que Pepe de Castellfollit de la Roca, que llevaba casi cuarenta años construyendo detrás de su casa un catamarán para ir a Panamá y estaba enfermo de cáncer, intentó la proeza y llegó hasta Canarias. Allí rompió velas y tuvo que volver, pero asegura, ufano, que aún no ha renunciado a su sueño a pesar de su delicado estado de salud. Los espectadores se han reencontrado, diez años después, con Ramon. Entonces tenía catorce años, cuidaba 60 vacas que conocía por nombre y sufría porque no creía que ninguna chica quisiera compartir su labor vacuno. Pero el destino tiene recursos infinitos en el bolsillo, y este sábado –diez años después– un Ramon jovencísimo ya bien firme le presentó a Clara, que ha aceptado vivir el amor entre mugidos.
El Foraster sabe tocar la fibra del orgullo patriótico y cuando uno de los invitados exclama “¡Gracias por recordarnos que vivimos en el mejor país del mundo!”, la ovación es instantánea. Al mismo tiempo, el guion es lo suficientemente astuto para rehuir esencialismos peligrosos. Y así conocemos la historia de Seny, que tardó un año en poder cruzar África desde Guinea durante un año para establecerse en Rellinars –y ahora se defiende bien en catalán–, o la de una asistente a Sant Jordi, escogida presuntamente al azar, de la cual descubrimos que vino de Tucumán –el origen de las empanadas argentinas, según se nos informa– y que explica en catalán que está muy contenta de vivir aquí y que ni somos tan tacaños ni tan cerrados como dice el tópico.
El Mag Lari, la Companyia Elèctrica Dharma y bailes de gigantes y cabezudos empujan el show hacia un final de fiesta que complace a los asistentes. Veinticuatro horas después, La buena gente de Masferrer ha dejado el lugar a los eufóricos que se congregaban para ver a los participantes de la cuarta temporada de este programa y cómo interpretaban algunas de las canciones que defendieron durante su paso por el concurso.
Ya fuera, el sol del sábado es inclemente y L'Anella Olímpica, hija de la era de las plazas duras, resulta un poco agobiante y hace pensar que en lugar de árboles simbólicos de alambres bien podrían haber instalado árboles literales, de los de hojas y sombrita. El espacio central se supone que debe ser ágora de encuentro y admiración de los espectáculos, pero al mediodía del sábado la mayoría de los congregados ocupan los refugios climáticos en los que se han convertido los diferentes sets de rodaje que hay en la periferia, más al resguardo del sol.
Así, la gente se amontona en el set de Crims –pero buscando en este caso oscuridad en la luz cegadora– o en un trozo de decorado de Com si fos ahir en una bonita metáfora de la crisis de la vivienda barcelonesa, mientras observa desde una distancia prudente –y protegida del sol– el espectáculo del escenario principal. La troupe del Polònia ha traído algunos de sus personajes más característicos. Pedro Sánchez, Oriol Junqueras, Ada Colau, Rosalía, Martínez Almeida o Ayuso crean el caos ante los esfuerzos inútiles de la concejala. Pero la carcajada más franca la genera Franco, valga la redundancia, cuando exclama: “Qué bonito ver tanta gente cara al sol!”.
La dispersión de escenarios hace que cueste a veces captar el sentido global de la fiesta, sobre todo en la terraza superior de l’Anella Olímpica, donde hay la programación más pensada para los adultos. En cambio, en el nivel inferior está la parte de los Súpers y aunque en el canal SX3 conviven niños de múltiples edades e inquietudes diferentes, en estos stands se hace evidente que este nuevo formato de fiesta continúa teniendo más sentido para los niños que para los adultos, bolos de Sant Jordi aparte. Y, por lo tanto, aunque hay también espectáculos con los personajes más populares, se echa en falta un gran número infantil que aglutine a todos y ayude a visibilizar la potencia del grupo.
Eso sí, uno de los objetivos de la actual cúpula de la Corporació es la búsqueda de nuevos públicos que en la etapa anterior podían ver TV3 y Catalunya Ràdio como distantes. En este sentido, y cazadas al vuelo, diversas conversaciones en castellano hacen pensar que este trabajo de seducción –por mucho que enfade a parte de la parroquia más esencialista–, empieza a funcionar.