Abogados presuntamente cristianos que no ponen la otra mejilla

Una jueza ha multado a El Jueves con 6.000 euros por haber nombrado “Gilipolles de l’Any” a la presidenta de la fundación Abogados Cristianos. Dice que la libertad de expresión no ampara el insulto. No es una sentencia que me haga feliz, porque El Jueves me acompañó años y panys, cuando el gilipollas no lo era ni mensual ni anual, sino semanal. Y no pasaba nada, porque la palabra se utilizaba en el registro más popular. Al final, a nadie le gusta que le digan el nombre del cerdo, pero en el marco de una revista satírica se entiende que haya una cierta manga ancha. O un poco de cintura por parte del presunto agraviado. Recuerdo al principio de empezar a hacer esta columna, cof, cof, que la buena gente de Alerta Digital se sintió ofendida por un Pareu màquines y me dedicó el insigne artículo titulado La caquita del señor Gutiérrez, que tenía el mérito de haber sido escrito –según propia confesión– leyendo solo las líneas que permitía probar a los no suscriptores. Era tan pasado de vueltas que, francamente, me hizo reír a carcajadas y en ningún caso se me ocurrió considerar emprender acciones legales porque el más formoso apellido hubiera quedado salpicado de tonos marronosos.

Ahora bien, en esta era de crispación, polarización y acoso, quizás sí que hay que poner más límite al insulto amplificado. Hay quienes los defienden arguyendo el ingenio verbal y pirotécnico. Yo, que consumo cantidades industriosas de humor, me parece un material barato, solo aceptable en contextos y casos muy concretos. Hay maneras más ingeniosas de evidenciar la podredumbre hipócrita de agentes como Abogados Cristianos sin pisar las minas concretas del insulto. Dicho esto, lo primero que haré cuando publique la columna es ir a comprar El Jueves, para reencontrarme con él y poner mi grano de arena. Ojalá haya un pequeño efecto Streisand que sirva de lección a estos letrados que instrumentalizan la justicia en favor de lamentables intereses retrógrados.