Televisión

Bailando a 70 kilómetros de la guerra: así se ha vivido Eurovisión en Tel Aviv

La visualización pública del festival reúne a cientos de personas y convierte el concurso en un aparato de poder blando

Catherine Carey
17/05/2026

Tel AvivFrente al mar, entre pantallas gigantes, cervezas y grupos de jóvenes envueltos en la bandera, la retransmisión pública del festival de Eurovisión parece, a primera vista, una celebración pop mediterránea. Cuatro grandes pantallas, food trucks, concursos, una zona vip y merchandising se han instalado al aire libre en el espacio bautizado como Tel-Aviv 360. Pero la euforia musical convive con otra realidad: Eurovisión se ha convertido en política exterior, propaganda, orgullo nacional y una batalla simbólica sobre la legitimidad internacional de Israel.

En el paseo marítimo, cientos de personas han seguido este sábado el festival entre gritos, selfies y cánticos. Cuando apareció Noam Bettan, representante israelí este año en Viena, el público estalló. Muchos de los que seguían el concurso sentados se levantaron. “No es solo una canción. Es demostrar que seguimos aquí”, dijo Atam, un joven que llevaba una diadema con corazones con la bandera. “En Europa nos quieren fuera de todo: Eurovisión es uno de los pocos lugares donde todavía podemos estar”, añadió.

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La ubicación del visionado no ha sido casual. La fachada marítima de Tel Aviv es una pieza clave del relato internacional israelí: modernidad, turismo y normalidad mediterránea. Son las mismas aguas que, a menos de 70 kilómetros al sur, miran hacia Gaza, donde la ofensiva militar continúa. Al norte, la frontera con el Líbano continúa activa. Y estos últimos días, Israel se prepara ante una posible reanudación de los ataques a Irán.

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Pero frente al mar, la estrategia es clara: utilizar un evento de 160 millones de espectadores para mostrar una imagen moderna, unida y festiva del país, que intenta competir con las imágenes de destrucción que dominan la conversación internacional y el boicot de cinco países europeos: Irlanda, los Países Bajos, Eslovenia, España e Islandia. “La voz de Israel se tiene que oír en todas partes”, afirmó el presidente israelí, Isaac Herzog, después de reunirse con líderes europeos para abordar la cuestión de los boicots unos meses antes de la celebración del certamen. “Tenemos que participar, levantar bien alto nuestra bandera y llevar a los mejores artistas a Eurovisión”.

Casi una cuestión de estado

En Israel, prácticamente nadie oculta que Eurovisión es una herramienta de poder blando. Según una investigación del New York Times, el gobierno israelí ha destinado más de 900.000 euros a campañas digitales, promoción internacional y movilización del televoto durante las últimas ediciones. Algunos israelíes han admitido que, en los últimos años, el concurso ha pasado casi a ser una cuestión de estado. Ziona Patriot, nombre artístico de la drag queen encargada de presentar el visionado, lo resumía así: “Creo que no se debe mezclar política y música, pero soy sionista y este concurso se ha convertido en una muestra de que continuaremos aquí. Si hay países que no quieren participar, a mí tanto me da. Nosotros continuaremos participando”.

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Durante la emisión, la presunta ausencia de política ha durado poco y en ciertos momentos se ha recordado la situación del país. Por ejemplo cuando el representante danés, Soren Torpegaard Lund ha inaugurado la competición. Entonces, uno de los presentadores de la televisión pública israelí ha comentado que era "amigo suyo", ya que el cantante había compartido en Instagram una fotografía de un ordenador con una pegatina donde se leía “FCK HMS”.

En este contexto, la participación israelí ha vuelto a afrontar la polémica del televoto. A pesar de que no existen pruebas de que Israel haya utilizado bots o manipulación del sistema, algunos eurofans se han apresurado a afirmar que los resultados positivos del país son gracias a la manipulación. “Cuando los diversos países se votan entre ellos es normal. Cuando Israel recibe apoyo, es manipulación –protestaba una joven–. Hay muchas personas pro-Israel en el mundo. ¿Por qué es tan difícil aceptarlo?”.

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Después de la última edición, diversas televisiones públicas europeas exigieron que se pudiera acceder a los datos detallados de la votación, pero no lo consiguieron. En cambio, la Unión Europea de Radiodifusión acabó introduciendo nuevas normas para limitar las campañas promocionales masivas y redujo de 20 a 10 el máximo de votos por usuario y método de pago. Todo ello debía reducir el ruido alrededor del televoto, pero la sensación de disputa no ha desaparecido.

Cuando Bulgaria se impuso como ganadora, el paseo marítimo se quedó unos segundos en silencio. “Ya ganaremos el año que viene”, dijo un grupo de jóvenes mientras se marchaban. En Israel, Eurovisión se ha convertido en una batalla permanente por la narrativa: entre la imagen de un país que quiere proyectar normalidad y un mundo que lo mira, cada vez más, a través del filtro del conflicto.