Carles Puigdemont y Begoña Gómez, vasos comunicantes
Internet es (virtualmente) infinita, pero los confines del papel están dramáticamente acotados: cada centímetro cuadrado que dedicas a un tema es un centímetro cuadrado que no dedicas a otro tema. Esto puede parecer una píldora de conocimiento muy magra, pero Cruyff dijo aquello de que si tú tienes la pelota no la tiene el contrario, y bien que llegó lejos. Este viernes los diarios debían decidir a quién otorgaban sus centímetros cuadrados: al aval europeo, a la amnistía que debería hacer volver (entre otros) a Carles Puigdemont o a la Audiencia señalándole a Begoña Gómez el camino del banquillo de los acusados. Como vaticiné ayer, las cabeceras de la derecha relegaban la resolución del TJUE a módulos menores o, directamente como hacía Abc, a la nada. Y lo hacían para destacar que todos tranquilos, que aquí el Supremo haría uso de su supremitud –no me atrevo a escribir supremacismo– para dejar que el dictamen les entrara por un pabellón de la oreja y les saliera, magníficamente inalterado, por el otro.
En cambio, con Gómez había gran profusión de centímetros cuadrados, claro. En El Mundo hasta le cabían los adjetivos, que en el disputado espacio de una portada es un lujo equivalente a hacerse una sala de cine dentro de un piso: "Cinco jueces llevan a Begoña al banquillo con una resolución sólida". ¿Cómo se mide la solidez de una decisión judicial? No ya con ningún dato objetivo: solo se puede hacer con las papilas gustativas. Fregas el papel con la lengua y, si lo encuentras dulce, es solidísimo. Si no, guardas el adjetivo en el cajón. Los que abren con la amnistía, en cambio, subrayan en las piezas menores sobre Gómez que solo la juzgarán por dos de los cuatro delitos que Peinado buscaba y que, además, lo hará un jurado popular. Son los curiosos vasos comunicantes del periodismo en que los asuntos saltan a menudo a la agenda en el momento oportuno para sumar o restar centímetros cuadrados.