Cataluña vs. Madrid sin 'cuñadismos'
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El Sense ficció de este martes en TV3 era un buen ejercicio comparativo de los modelos económicos de Cataluña y Madrid. No pretendía nada más y el título no engañaba. Un documental valiente porque en prime time se atrevía a adentrarse en un ámbito que puede resultar denso y pesado para la audiencia. En cambio, tenía la virtud de ser claro y ameno a pesar de la atención a la pantalla que requería. En una época en la que la televisión cada vez adiestra más a la audiencia en la infantilización y en unos contenidos basados en mensajes cortos, Cataluña-Madrid: la verdad de los dos modelos económicos subía el listón. Todavía quedan profesionales que confían en los espectadores. Con todo, el título tenía una pátina pretenciosa. Vender la tesis de "la verdad" como el logro definitivo de un hecho absoluto es un poco osado. El Sense ficció también era ambicioso, y la prueba es que al día siguiente los programas informativos recuperaron fragmentos de la emisión. En un sentido metafórico, el documental era una especie de Barça-Madrid trasladado al ámbito económico. Teniendo en cuenta la rivalidad histórica y política de las dos comunidades, los modelos económicos de Cataluña y Madrid planteaban un relato goloso y con tensión narrativa. La participación de los dos presidentes, Salvador Illa e Isabel Díaz Ayuso, lo acentuaba, sobre todo teniendo en cuenta que el cinismo de Ayuso siempre es morboso de escuchar. Más aún si se pone por primera vez ante los micrófonos de TV3. Su condescendencia y superioridad moral en el análisis la mostraron en su esencia. La confrontación Illa-Ayuso también enfatizaba otra dicotomía: la de izquierdas y derechas. El eje PSOE-PP construía el marco mental del bipartidismo que siempre limita la reflexión. Por otra parte, los testimonios estaban bien elegidos y la selección de expertos en economía añadía un argumentario más coral. Los dossieres llenos de datos que compartían sobre la mesa servían para acotar los temas y el rigor.Otro punto fuerte de Sense ficció era la realización, el montaje y la postproducción. Era lo que daba estructura a la narración, y lo hacía, además, con una factura visual exquisita. Una producción audiovisual de referencia gracias al cuidado por el detalle y el tratamiento de la imagen que se notaba en simbiosis con el análisis. La imagen escuchaba el contenido. En un momento en el que la televisión funciona por inercia y con los recursos más convencionales, este Sense ficció demostraba mucha más exigencia. El documental tenía la virtud de desarrollar un discurso sereno, pero que no confundió el buen tono con la equidistancia. Planteaba preguntas concretas y ofrecía argumentos con respuestas muy claras. Eso sí, donde fueron más ambiguos fue a la hora de resolver si el Procés había perjudicado la economía de Cataluña. La comparación entre Madrid y Cataluña siempre ha generado mucho ruido y crispación. Pero, por una vez, los argumentos y las cifras pasaron por delante de la demagogia y el cuñadismo.