La comedia romántica de Rufián y Giró

El martes por la noche, en el Cara al show de La Sexta, Marc Giró entrevistó a Gabriel Rufián. La diferencia de ritmos comunicativos entre ambos provocaba una cierta expectativa. Había que ver cómo encajaba la metralleta Giró contra la parsimonia discursiva del político. Pero enseguida consiguieron una armonía aparentemente espontánea. El presentador bajó revoluciones y Rufián las incrementó. Para variar, los comentarios picantes sirvieron para fomentar el vínculo. El programa recuperó una antigua entrevista en El intermedio donde el diputado de ERC confesaba haber tenido un sueño erótico con Marc Giró. La anécdota sirvió de excusa perfecta para jugar a construir una tensión sexual entre ambos. Hace semanas, Rufián afirmó que prefería llenar tiktoks que bibliotecas. Era una manera de admitir que la política ya no circula desde la intelectualidad sino desde la emocionalidad y el espectáculo. Y, coherente con su tesis, lo dio todo. Explicó que mea sentado y que un fan le hizo una foto en el váter. Confesó que era admirador de David Bisbal y de Marta Sánchez. Reconoció que no duerme nunca en el AVE porque tiene miedo a que le hagan fotos y convertirse en un meme. Explicó que lleva calzoncillos rojos porque le dan suerte y que duerme desnudo. Es experto en cocinar tortillas de patatas en concursos y es metódico en su rutina facial. Por las noches se pone una mascarilla y de día un poco de maquillaje para tener mejor cara. A la hora de flirtear con Giró, le hizo saber que no había tenido nunca ninguna relación homosexual. Aun así, Rufián estimuló la fantasía de la comedia romántica entre ambos. Incluso apareció una violinista para crear una atmósfera más sensual y se despidieron con un beso en los morros, con más ímpetu por parte del político que del presentador. Fue una entrevista eroticofestiva propia de un late night. En este contexto, el político abandona su rol de representante institucional para convertirse en personaje. Rufián tiene la mano rota ahí. Es un espectáculo para potenciar el carisma, exhibiéndose como simpático y cercano en un punto muy determinante de su trayectoria. Es legítimo preguntarse si sería posible hacer la misma entrevista con un político de derechas –o de extrema derecha– y si el público la percibiría de la misma manera. ¿En qué momentos humanizamos a los líderes políticos y en cuáles los blanqueamos? La simpatía, el divertimiento y la anécdota subidita de tono desactivan la mirada crítica del espectador. Rufián tampoco fue inocente. Intentó desactivar su etiqueta de hombre heterobásico para deconstruir su masculinidad y convertirla en contemporánea y sensible. Todo se aprovecha cuando se está reclutando adeptos. En un momento en que la televisión cada vez se piensa más para promocionarse a través de clips virales, el programa fue una fábrica de momentos para llenar tiktoks