La dimisión como acto gesticulativo

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La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, en una reciente imagen
17/10/2026 - 19:41 h
Jefe de Media

Solemos considerar las dimisiones un gesto honorable (y raro) pero a menudo son más cosméticas que resolutivas. En el caso de la portavoz de los socialistas es obvio que se trata de una cuestión estética: queda mal ver que salga alguien haciendo grandes proclamas en favor de los inquilinos mientras su pareja activa desahucios en los juzgados y especula en el casino inmobiliario, donde la banca también siempre gana. Ahora, me jugaría un guisante, o un ático en Madrid si lo tuviera, que no debe ser la única política atrapada en esta contradicción. El caso es que no te pillen. A partir de aquí, la prensa del día hacía evidente que la situación era un lose-lose para Sánchez. Y los diarios de derechas caían en simpáticas contradicciones. Por ejemplo, El Mundo titulaba: “La hipocresía con la vivienda fulmina a la portavoz del PSOE” y decía en un subtítulo que “Sánchez le pidió que se quedara porque era «un gran activo» del partido”. Según esta tesis, es Montse Mínguez quien decide dejarlo, sabiendo que se ha convertido en un lastre. Y el diario, claro, intentaba pegar este peso muerto al líder del PSOE, a ver si hay suerte y le hunde a él de paso. En cambio, el Abc ejecutaba una estrategia diferente (e incompatible). En primera página escribían: “Sánchez sacrifica a la portavoz del PSOE para tapar el fiasco de la vivienda”. Aquí no compraban que el presidente español la haya querido retener y le dibujaban con el hacha de verdugo, inmisericorde, capaz de decapitar a alguien de los suyos para sobrevivir un día más y desviar el foco del enésimo escándalo.

Eso sí, aunque las dos tesis se anulen la una a la otra, una cosa las hermana: la pareja de Mínguez queda en un segundo plano, porque este pobre señor (pobre metafóricamente, se entiende) solo es una palanca, un simple accesorio para erosionar la campaña del PSOE. Las dimisiones tienen a menudo mucho de gestos de cara a la galería, pero el tratamiento mediático también acostumbra a estar empapado de grandes dosis de hipocresía.

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