La guerra sorda que se libra en los televisores inteligentes

Las principales cadenas de televisión del mundo han escrito una carta a la Unión Europea en la que piden que regule a las grandes tecnológicas para que no puedan abusar de su posición de dominio en los televisores inteligentes. Cada vez más son los espectadores que consumen sus contenidos a partir del menú de entrada que ofrecen sistemas impulsados por Google, Amazon, Apple o Samsung, y eso les da una gran capacidad para destacar unos canales –sobre todo los propios– por encima de otros. Un factor interesante es que la queja no solo la secundan televisiones europeas como RTL, Canal+ o Mediaset, sino también operadores americanos como Disney, Warner, Paramount o Universal. La UE, en crisis de identidad y legitimidad, puede capitalizarse aquí como refugio mundial ante la ola desreguladora.

Durante unas cuantas décadas, los opacos audímetros han sido el pulgar del César que decide si un programa sobrevive o muere. En España, son unos 6.000 aparatos que cada vez ofrecen datos más débiles: como el consumo se está desplazando fuera de los canales tradicionales, el sistema ya no es demasiado fiable si segmentas geográficamente o por perfil, te vas a horas intempestivas con poco consumo o bien te fijas en canales especializados. El futuro de la medición de audiencias será digital. Y aquí es donde las grandes tecnológicas tienen la sartén por el mango. De nada sirve fijar cuotas de obra europea, por ejemplo, si nunca aparecen en las recomendaciones presuntamente personalizadas y los títulos se entierran en las entrañas más profundas delscroll infinito. El círculo se cierra cuando, después, se utiliza la baja audiencia obtenida para renegociar las obligaciones a la baja. Esta cuestión puede parecer una batalla menor –decidir qué elegimos, recostados en el sofá–, pero está en juego la imposición de una cultura audiovisual donde quien manda no es el director o el guionista, sino el algoritmo.