La historia oculta de Chiquito de la Calzada
¿Qué hace Mario Conde en un documental sobre Chiquito de la Calzada? El exbanquero aparece, de manera un poco siniestra, en una habitación y explica el día que conoció al humorista que acaparó la televisión de los años noventa. La producción nos transporta a la España de después de la Expo de Sevilla y a la eclosión de las cadenas de televisión privadas. También a las pretensiones de un país que se pensaba que era más moderno de lo que era. Y en este caldo de cultivo, nadie pudo escapar del tsunami del “¡Fistro pecador de la pradera!” y aquellos “¿Cómorrrr?” e “¡No puedooorr!” que tanta gente utilizaba como muletilla en cualquier conversación. Una oleada insoportable con aquel señor regordete que vestía como un cantaor de flamenco caminando arriba y abajo de la pantalla moviendo las piernas y los brazos como si tuviera un mal doliente. Aviso: los espectadores de las generaciones más jóvenes no darán crédito al espectáculo.
El otro chiquito (Movistar+) es un documental entretenido para los que se diviertan con la cultura pop, explorando la arqueología televisiva que te devuelve al pasado. El título ya insinúa el descubrimiento de una historia que, en su momento, no trascendió: la lucha de Chiquito de la Calzada contra su alter ego. La primera parte del documental hace el retrato del humorista para entender cómo aparece esta seta mediática en medio del panorama televisivo de la época. Un éxito delirante. En solo seis meses, aquel individuo arrasó en Antena 3 y se convirtió en un factor determinante en la lucha contra Telecinco. Era la gallina de los huevos de oro de la cadena. A través de la historia, el documental dibuja a grandes rasgos las dinámicas de poder españolas y los engranajes de la influencia mediática. La segunda parte es más interesante porque se centra en el gran conflicto que perturbó el placer del éxito de Chiquito de la Calzada. Telecinco estrenó Esta noche cruzamos el Mississipi, el gran formato de la televisión basura orquestado por Pepe Navarro. En la fauna del programa execrable incorporó a Florentino Fernández, un vigilante nocturno con dotes de imitador, que canibalizó el personaje de Chiquito. Crearon al Lucas Grijander y, después, al Crispín Clander, dando una nueva vida al humorista original sin su consentimiento. Chiquito de la Calzada comenzó una lucha contra aquel doppelgänger malvado que le chafó la guitarra. “Al ataquerrrr!”. El humorista, por la gloria de su madre, recurrió a los tribunales, y el documental plantea un debate interesante sobre la vulneración del derecho a la propiedad intelectual. Hay muchos matices en juego: la identidad propia, la autoría y hasta qué punto el éxito masivo provoca que aquello que has creado te deje de pertenecer. ¿Lucas Grijander era un plagio, una copia, una reapropiación, una versión, un homenaje, una parodia, una influencia, un híbrido o una inspiración? El sobreanálisis que se hace del personaje en El otro Chiquito plantea, a partir de un caso concreto, cómo se construye la cultura popular televisiva, aquella que nos impregna incluso sin quererlo.