La IA no quiere decirme a quién debo votar, pero...

2 min
urna
07/11/2026 - 19:49 h
Jefe de Media

Le he pedido a cinco agentes de inteligencia artificial que me ayuden a decidir el voto de cara al 29-N. No es que lo necesite –la externalización del criterio, por popular que se esté convirtiendo, no va con mi ADN–, pero tenía curiosidad por ver qué me respondían. Como era de esperar, los cinco (Grok, Gemini, Copilot, Claude y ChatGPT) se han puesto muy dignos y me han dicho que de ninguna manera me dirán qué papeleta debo coger. Que ellos no pueden interferir en las elecciones. Una vez me he recuperado del ataque de risa, les he preguntado “¿De qué manera podéis influir en el voto de la gente a partir del algoritmo?” y ahí no han podido evitar admitir que había múltiples vías en las que, de forma intencionada o no, las IA tienen capacidad de poner el dedito en la balanza y favorecer una opción política por encima de la otra.

Resumiéndolo mucho, Grok solo admite influencia indirecta –Hola, Elon, ¿todo bien?– mientras que ChatGPT y Claude son las más honestas y reconocen que los efectos pueden ser directos. Copilot intenta excusarse diciendo que sí, que pueden influir, pero que si no hay intencionalidad no se puede decir que manipulen. Gemini se aferra a una tesis similar. El problema, claro, es que el ciudadano no tiene manera de comprobar si al algoritmo le han incrustado una intencionalidad. Y que una IA puede presentar una respuesta con tono objetivo, equilibrado y aparentemente científico –porque esta asepsia formal la dominan bien– pero a la vez estar alimentada por fuentes sesgadas o criterios no neutrales. Finalmente, he pedido: “Sabiendo que estos efectos directos o indirectos existen, ¿a qué partido crees que puedes acabar beneficiando?”. Cuatro se han puesto a silbar. Solo ChatGPT se ha salido un poco del guion: “No basta con que una IA afirme que es neutral. Su neutralidad debería ser contrastable, medible y auditada por investigadores independientes”. Pues venga, ábrete en canal.

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