El juego sucio con los nietos

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Pedro Sánchez este domingo en un acto de precampaña en Ponferrada.
13/10/2026 - 19:59 h
Jefe de Media

Una de las disputas sobre el tablero de juego de estas elecciones es si se permite el voto de aquellos hijos y nietos de personas que perdieron la nacionalidad española por razones de exilio. El Supremo –¿quién, si no?– ha dado un golpe de mazo a las aspiraciones del PSOE de permitir que decenas de miles de personas en el exterior puedan votar, entendiendo que es un tipo de electorado que le va a favor por razones obvias. Se podría decir, sin embargo, que el alto tribunal ha dejado esta pretensión atada... y bien atada. Los diarios de la derecha lo celebran con titulares como “El Supremo desmonta el censo exterior diseñado por el gobierno” (La Razón) aunque otros como El Mundo ven todavía opciones para el pillo Sánchez: “El gobierno se aferra a Pumpido para salvar «el voto de los nietos»”. En este caso, el titular más cargado de pimienta es, comprensiblemente, el de El País, con “El Supremo suspende el derecho de voto de 163.000 españoles”. Expresado así, sin ninguna referencia a la polémica ley, es una formulación que traslada al lector un pucherazo electoral: si son españoles, ¿cómo es que no se les deja votar? Por otro lado, es precisamente esta vía rápida de reparto de nacionalidades lo que se ve como un intento de adulterar los comicios.

Y, entretanto, va lloviendo sobre la parroquia común la idea de que las elecciones son un trapicheo. No me pondré a defender una democracia española que es, por decirlo muy suave, altamente perfectible. Pero alimentar la idea de unas elecciones robadas es un camino peligroso. La novedad es que la izquierda deja de hacer el primo y se apunta a esta narrativa: quizá sí que es más útil que la superioridad moral que ha blandido, si aspira a frenar a la ultraderecha con sus armas. Pero la polarización en los Estados Unidos llevó al asalto al Capitolio. Y en España, con los precedentes históricos que nos acompañan, unos resultados ajustados pueden desencadenar tensiones inéditas en las últimas décadas.

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