Marc Giró cabalga por La Sexta
A lomos de un majestuoso caballo blanco. Marc Giró aparece así en la cabecera de su nuevo programa de La Sexta. Y así entró también al plató para comenzar el programa. Como un conquistador o un caballero. Un sant Jordi contemporáneo para luchar contra los dragones de nuestra época: el fascismo, el racismo, el machismo, la homofobia y lo que convenga, pero siempre con sentido del espectáculo. Giró recordó que todo el mundo le había pedido con insistencia que no cambiara cuando pasara a trabajar a la cadena privada. Incluso Pedro Sánchez. Por lo tanto, el inicio del programa estaba enfocado a demostrar que no ha suavizado su espíritu combativo y afilado. Tanto que quizá alargó demasiado el monólogo de entrada para que no pareciera que aflojaba. Pero, a veces, menos es más. El discurso desembocó, por suerte, en un número de revista. A ritmo del No cambié de Tamara, Giró cantó, bailó, apareció una orquesta, una coral entera y cuerpo de baile que lo elevó como si fuera una vedette de las de antes. Incluso apareció fugazmente Leonardo Dantés para darle un aire más delirante a la fiesta de apertura. Todo ello, una especie de Berghain de bolsillo con el sello evidente de Santi Villas, codirector del programa.Más allá de cambiar el color de las cortinas, ahora del verde corporativo de la cadena, Cara al show mantiene las características y la esencia del Late show de la televisión pública. La gran diferencia son las crueles pausas de publicidad de la privada, que pisan el contenido abruptamente y nos endosan los anuncios de cinco en cinco. Con un programa que empieza tan tarde, estas pausas son matadoras. Eso sí, cuando nombraron la Thermomix, pixelaron la foto del robot y taparon la palabra con un silbido, no fuera caso que el anuncio no pasara por caja. La censura, a veces, llega de la manera más inaudita. En el programa también se intuía una mejora del presupuesto: entre el caballo, la orquesta de cuerda, los bailarines, la coral y la cantante de ópera, se notaba el dispendio del estreno. Giró convirtió a Estopa en padrinos del programa. Los hermanos Muñoz siempre funcionan por su espontaneidad y simpatía. A continuación, volvimos a sufrir una nueva dosis promocional de las cosas del omnipresente Jordi Évole. Son aquellos intercambios de te entrevisto a ti y tú me entrevistas a mí para retroalimentar el negocio. El periodista fue acompañado del actor Eduardo Casanova para anunciar el documental Sidosa, que combate el estigma del VIH. El intérprete aseguró durante la entrevista que una de cada cien personas en España estaba infectada con el virus. Pero el dato no era correcto. La prevalencia en España es del 0,3% y no del 1%, como afirmó. Nadie lo corrigió. El problema es que es la segunda vez que Eduardo Casanova da información errónea sobre el VIH en un programa de televisión. Con esta capacidad de divulgación, a cada lavada perdemos una sábana.