Berta Prieto: "Como estamos medicadas, no nos atrevemos a proyectar nada mejor"
Dramaturga, directora teatral y actriz
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Un peluche con ansiedad, protegido por una capucha. El muñeco aparece de atrezo en su serie Segunda temporada, cocreada con Miguel Ángel Blanca para Filmin, y Berta Prieto no solo se lo quedó por todo lo que dice de nuestros tiempos sino que lo ha convertido en su imagen en WhatsApp. Tras el éxito de Autodefensa y de obras de teatro como Del fandom al troleig, esta artista polifacética reivindica tiempo para poder seguir desarrollando su voz.
El personaje que has coescrito e interpretas es novelista pero se gana la vida haciendo de escritora fantasma de una niña influencer insoportable que está monetizando haber superado una anorexia. ¿Vivir de la cultura significa asumir trabajos alimenticios?
— Hay cosas que aceptas claramente por dinero. Intento que no sean demasiado visibles e intento no entregar mi alma. Las lógicas neoliberales están entrando a saco en el mundo de los actores y de los libros, y la lógica del influencer, así que tener líneas rojas está pasado de moda.
¿Te rebelas contra esto?
— Me rebelo contra la hipocresía de todo esto. La gente cobra mucho dinero por hacer una serie de Netflix: no hace falta que hagas cuatro de mierda más. ¿Pero las haces y encima sacas el discurso victimista sobre tener que hacer cosas por dinero? Me parece una falta de respeto para quien de verdad trabaja por dinero y no son actores ni escritores. Quien lo hace, suele tener mucho más dinero que yo, que comparto piso.
Diversas obras de teatro escritas y dirigidas, dos series de televisión estrenadas... ¿no dan para tener un techo propio?
— Tal y como están las cosas es imposible vivir sola en Barcelona. Por mucho que haya hecho una serie, no deja de ser en Filmin.
¿Y si viniera Netflix y te ofreciera diez veces más presupuesto?
— Es que yo soy muy leal con la gente con la que hago cosas. Filmin es mi casa. Primero iría con los de casa. Si Netflix me diera libertad absoluta trabajaría con ellos, pero es que la libertad no está ahí. Ninguna otra plataforma te deja hacer los guiones que quieres y el reparto que quieres, sin poner actores famosos para vender la serie.
¿Te consideras una portavoz de tu generación?
— Al principio decía que no, porque la pregunta me parecía un intento de encasillarme. Pero pienso que si alguien se siente representado, es superpositivo. Al final, hay muy pocas ficciones estatales que sienta que hablan de mí. Dicho esto, esta segunda serie para mí es un paso adelante. Quiero dejar atrás a la Berta de Autodefensa, porque me parece muy cringe cómo la gente estira el puto chicle para no renunciar a esta parcela de fama.
La segunda temporada es una serie más exigente con el espectador.
— Los artistas tenemos la responsabilidad de hacer que la gente nos entienda y conectar, pero eso no significa aplanar el discurso o pasar todo por el filtro de TV3. No debemos hacernos los misteriosos y los esnobs para que solo nos aplaudan ciertas élites que han ido a no sé qué escuelas. Debemos hacer un arte popular, que no significa fácil, ni hecho por la IA, ni que trate a la gente de gilipollas.
Tu personaje tiene pánico a convertirse en “una señora de 30 años”. Tú todavía no los tienes. ¿Sientes presión por la edad?
— Tengo mucho miedo a pasar de moda. ¡Que yo solo sé hacer esto! Para el resto, soy una negada. La frase es una ironía, pero recoge un sentimiento generacional. Yo misma siento que cuando cumpla 30 años me moriré: como vivimos todo el rato en un mundo cultural voraz que va lanzando nuevas voces, nuevas voces... no hay tiempo, recorrido o interés para que la gente pueda desarrollarse. Fíjate: siempre son las primeras películas de las directoras.
Hablas de femenino. ¿Esto afecta más a las mujeres?
— Nosotros hacemos más la carrera a partir de nuestra identidad, también los hombres gais, o la gente queer. Ponemos en la parrilla nuestro yo, nuestras disidencias y, a partir de esto, creamos nuestra voz y articulamos el discurso. El problema es que cuando has hecho de tu identidad tu empresa es mucho más fácil que esto caduque. Que digan: bah, esto ya lo hemos visto. Esperamos la peripecia constante.
Paula tiene un novio formalísimo que la motiva menos mil. Y un lío con un trapero que le atrae mucho, pero le da mala vida. En el amor, ¿o mueres de aburrimiento, o de dolor?
— Prefiero morir incendiada que aburrida. El novio convencional y que te han dicho que es lo que tienes que desear puede ser una prisión. Rogelio, en cambio, con todas sus contradicciones, representa la genuinidad. Y la protagonista siente justamente que ha perdido esta autenticidad, que se ha vendido y eso la mata.
“Me quieres tranquila y narcotizada”, le espeta al novio pulcro.
— Sí, porque es la única manera de aguantar estas mierdas.
¿Pero no se vive mejor anestesiado que en tortura permanente?
— La frase de hecho parte de una experiencia personal. Yo tomo antidepresivos, mis amigas toman antidepresivos. No me gustaría normalizarlo, pero esto pasa. Y no sé si se vive mejor así, pero estamos en un momento en el cual casi todo el mundo se medica.
¿Y de dónde sale esta neurosis colectiva?
— Del ambiente. De la falta brutal de recursos materiales: la vivienda, el coste de la vida, los trabajos mal pagados... Todo eso se traduce en problemas de salud mental. Como estamos medicadas no nos atrevemos a proyectar nada mejor. O a soñar nada mejor. La frase quiere decir que no hay otra manera de soportar esta higienización de la vida. Si no vas medicada, lo que quieres es reventar y decir basta.
La serie habla mucho del fracaso, y también de la culpa. Al final, ¿la educación cristiana pesa?
— Estamos en un momento en el que hay un retorno católico muy fuerte y esto no es gratis. Hace unos años hablábamos de feminismo y ahora los referentes mainstream son gente que cree en Dios.
¿Tienes inquietudes espirituales?
— Puedo tener mis inquietudes espirituales, pero no soy una publicista de Dios y menos de la Iglesia. Son una cosa íntima y difícil de poner en palabras. No entiendo eso de hacer de ello la marca de tu proyecto. Todo el mundo que se dedica a alguna cosa artística debe tenerla porque tienes que regar una mínima fe en algo que es muy complicado. Pero más allá de eso... no estoy ni bautizada. No te sabría rezar un padrenuestro.