La mujer de Zapatero, culpable de comer acelgas
Una de las disfunciones del periodismo ocurre cuando se abre la veda contra un personaje y entonces se declara un todo vale que a menudo provoca vergüenza ajena. El diario Abc dedicaba toda una pieza a analizar qué comían en la Moncloa en tiempos de Zapatero. Toman a su mujer, Sonsoles Espinosa, y la describen como una especie de talibana de la comida, con frases como “Una rutina muy concreta e innegociable”, “Una norma que se repetía prácticamente cada día”, “Una disciplina alimentaria especialmente estricta”, “Rutinas que marcaron completamente el funcionamiento habitual de las cocinas presidenciales”. Vas leyendo y, al final, te das cuenta de que este reinado del terror en los fogones era, básicamente, priorizar los alimentos vegetales como base de la alimentación y preferir el pescado como proteína animal, por encima de la carne roja. O sea, lo que recomiendan todos los nutricionistas si quieres comprar cuantos menos números mejor en la lotería del infarto o el cáncer de colon.
El diario lo escribe siempre en términos extremos para dibujarla como una señorita Rottenmeier: “La obsesión por mantener una alimentación saludable no solo afectaba al matrimonio. También llegaba a sus hijas, Laura y Alba, cuya dieta estaba especialmente controlada”. Teniendo en cuenta que tenían 8 y 10 años cuando llegaron a la Moncloa, es razonable que su madre les marcara las pautas: si yo hubiera podido elegir de pequeño, habría comido y cenado cada día un plato combinado de patatas Matutano y Phoskitos. Y iba a escribir que solo les faltaba decir aquello de “¡Y ya sabéis quién era vegetariano: Hitler!”, pero se me ha ocurrido –con gran desprecio por mi integridad mental– mirar los comentarios a la noticia y, efectivamente, hay quien lo recuerda seriamente. La pieza es un despropósito con tufillo machista, y lo mejor que podrían hacer es confitarse-la. Si no fuera por la grasa o el azúcar, claro.