Música a la carta más allá de Spotify
Calidad de sonido, altavoces, precio y remuneración a los artistas: qué ofrece cada servicio y cómo cambiar sin perder las listas
-
CAT -
ENG
BarcelonaLas personas que pagan Spotify, que son 290 millones en todo el mundo, lo pagan a menudo por la misma razón por la cual compramos siempre en la misma pescadería: el hábito. El servicio sueco de música a la carta concentra cerca de un tercio de los abonados mundiales de música. Pero el mercado tiene hoy alternativas equivalentes y, según qué se valore, superiores: la calidad de sonido, los podcasts y los audiolibros, la compatibilidad con altavoces, el precio, la remuneración de los artistas o el país donde está radicada la empresa. Hemos comparado siete servicios (Amazon Music, Apple Music, Deezer, Qobuz, Spotify, Tidal y YouTube Music) para responder a una pregunta: ¿vale la pena cambiar?
El líder por costumbre
Spotify nació en Estocolmo en 2006 y ha convertido en negocio una rutina: no hace falta pensar en ello. Tiene más de 100 millones de canciones, el sistema de recomendaciones más trabajado del sector y una presencia tan extendida en altavoces, coches y televisores que casi nadie se plantea buscar una alternativa. Durante años arrastró un defecto que los entendidos se apresuraban a recordar: sonaba peor que los rivales. Pero en septiembre de 2025 estrenó (para algunos países) el audio sin pérdidas por el mismo precio, y dejó a la competencia sin uno de sus argumentos preferidos.
Según la consultora MIDiA, a finales de 2025 Spotify concentraba el 31,4% de los abonados de música de pago del mundo, por delante de la china Tencent Music (13,8%) y de Apple Music (12,6%), que no se limita a los iPhone y otros aparatos de la marca: también tiene aplicación para Android. Esta popularidad mide sobre todo la comodidad, que es un criterio legítimo pero no siempre coincide con la calidad, el precio o la manera de repartir los ingresos.
Más bits, menos oído
La calidad de sonido es el terreno preferido de los melómanos. Sobre el papel, cuanto más alta es la frecuencia de muestreo y cuantos más bits tiene la cuantificación, más fiel es la copia digital de la grabación original. La referencia son los CD: 16 bits y 44,1 kHz; la alta resolución llega a los 24 bits y los 192 kHz, y la ofrecen Apple Music, Amazon Music, Tidal y Qobuz. Spotify ha llegado a los 24 bits y 44,1 kHz desde septiembre, Deezer se queda en calidad CD, y YouTube Music es el único que todavía comprime (256 kbps como máximo).
En la práctica, la mayoría de usuarios no notarán muchas diferencias. Los auriculares y los altavoces habituales no pueden reproducir estos matices, y si se conectan por Bluetooth todavía menos: los códecs estándar comprimen la señal, y la transmisión sin pérdidas (el aptX Lossless, por ejemplo) es una rareza. Además, la alta resolución auténtica es minoritaria en los catálogos. Qobuz, que hace bandera de ello, declara unos 250.000 álbumes, que vienen a ser un 3% del catálogo, y no todos llegan a los 192 kHz.
Que la calidad de sonido solo interesa a los oyentes de música clásica es un mito. Los aficionados al rock y al jazz, como yo mismo, también la agradecen. Quien disponga de un buen equipo y escuche por cable encontrará sentido a Qobuz, Tidal o Apple Music. Quien se conforme con los auriculares inalámbricos de cada día pagará por una resolución que no disfrutará.
Pódcast, libros y altavoces
Con Spotify, Amazon Music, Deezer y YouTube Music se pueden escuchar podcasts. Apple Music los deriva a una aplicación separada, y Tidal y Qobuz no tienen. La novedad de este otoño son los audiolibros: Spotify los estrenó aquí la semana pasada, con doce horas mensuales incluidas en el Premium (excepto en el de estudiantes), y Amazon Music Unlimited regala un título de Audible al mes. Cabe decir que doce horas dan para escuchar un par de libros.
Los altavoces son el otro criterio práctico. El modelo de referencia es Spotify Connect (desde el 2013): el móvil o el ordenador hacen de mando y el altavoz busca la música directamente en internet, de manera que recibir una llamada no interrumpe la audición. Tidal lo imitó con Tidal Connect (2020) y Qobuz con Qobuz Connect (2025), compatible con unas 60 marcas de equipos. Apple Music, YouTube Music y Deezer no tienen sistema propio y se apoyan en AirPlay 2 o Google Cast. La conectividad puede decidir una suscripción. Yo mismo no me he pasado a Deezer porque, aunque puedo escucharlo en el equipo de música, en el móvil y en el coche, no puedo enviar la música a la media docena de altavoces Amazon Echo que tengo repartidos por casa. Con un equipo de gama alta, hay que comprobar primero qué admite y elegir el servicio después.
Cuánto cuestan
El precio es el criterio más prosaico. Aquí, los planes individuales se han estabilizado alrededor de los 12 euros mensuales: 11,99 en Spotify, Apple Music y Deezer; 12,49 en Qobuz; 12,99 en Amazon Music y Tidal. YouTube Music, que se vende dentro de YouTube Premium (vídeos sin anuncios), sube a 15,99. En los planes familiares la diferencia se ensancha: Apple Music y Deezer cobran 19,99 euros para un máximo de seis cuentas; Spotify, 20,99; Tidal, 21,99; Amazon, 22,99, y YouTube llega a los 29,99. Una familia que elija Apple o Deezer en lugar de Spotify se ahorrará unos 12 euros al año: da para una pizza. Qobuz, además, vende álbumes que el usuario conserva aunque se dé de baja.
Ética y pasaporte
Una parte de los usuarios quiere saber a dónde van a parar sus euros. En materia de remuneración hay que desconfiar de las cifras, porque ningún servicio paga un importe fijo por reproducción y lo que llega al artista depende de sellos y distribuidoras. Con esta cautela, las estimaciones sitúan a Spotify a la cola (entre 0,003 y 0,005 dólares por reproducción), con Apple Music y Tidal por encima. La única cifra auditada es la de Qobuz: 0,01873 dólares de media en el ejercicio 2024. Spotify, en cambio, es quien más reparte en total (más de 11.000 millones de dólares en 2025), pero desde 2024 no paga nada por las canciones que no llegan a 1.000 reproducciones anuales. El modelo de Deezer da más peso a los artistas con oyentes activos y penaliza las reproducciones fraudulentas y la música generada con IA.
En cuanto al pasaporte, Spotify es sueca (sede en Estocolmo, matriz en Luxemburgo), y Deezer y Qobuz son francesas. Tidal es de origen noruego, pero la controla la americana Block; Apple, Amazon y YouTube son norteamericanas de nacimiento. Para quienes preferimos servicios europeos, la lista se reduce a Spotify, Deezer y Qobuz.
Cambiar es (muy) fácil
Uno de los motivos para no cambiar de servicio es el temor a perder años de listas y de canciones preferidas, pero hoy es un anacronismo. Apple Music incorporó en mayo de 2025 una herramienta de importación, basada en SongShift, que copia listas y canciones desde otros servicios. Spotify ofrece una función equivalente desde noviembre de 2025, con tecnología de TuneMyMusic, y YouTube Music Premium también admite importaciones. Deezer y Qobuz, por su parte, incluyen la importación desde Spotify en el mismo proceso de alta. El proceso es mecánico: se contrata el servicio nuevo, se indica el de origen y en pocos minutos el contenido ha pasado de un servicio al otro, sin borrar el original. El único riesgo es que alguna canción no exista en el catálogo nuevo.
Casi todos los servicios ofrecen un periodo de prueba, de manera que el experimento sale gratis o casi, y siempre se puede volver atrás. Spotify seguirá siendo el más popular, pero la popularidad no garantiza el precio más bajo, la fidelidad más alta ni el reparto más justo. Para comprobarlo, basta con jugar con ello durante una tarde.